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Dicen algunos autores que la primitiva casa de este noble y antiguo linaje radicó en la anteiglesia de Zaldúa (cuyo nombre tomó), del partido de Guernica (Vizcaya). No obstante, existen muy cualificados solares Zaldúa en Durango, Tolosa, Legázpia y Aguinaga. Otra casa hubo en el Duranguesado. Pasó a Guipúzcoa, fundando nuevas casas en las villas de Tolosa y Legazpia, esta última del partido de Vergara. Los individuos de la casa de Tolosa solieron usar unidos los apellidos Zaldúa y Aguinaga. En documentos fidedignos consta la filiación siguiente: I. Martín de Zaldúa-Aguinaga, era vecino de Aguinaga, en el Concejo de Usúrbil, y partido de San Sebastián, en 1465, año en el que, en unión de Juan de Zaldúa y otros convecinos suyos, litigó contra Juan Ibáñez de Echeverría, maniobrero de Santa María de Zumárraga, por la exacción de cinco corderos, que a título de primicia debida a dicha iglesia, les había aprehendido, y que ellos protestaron no deber a su parroquia de Aguinaga. Fue su hijo II. Estíbaliz de Zaldúa-Aguinaga, casado con doña Catalina de Zabaleta, a la que hizo madre de III. Martín de Zaldúa-Aguinaga y Zabaleta, que contrajo matrimonio con doña Catalina de Soraiz, naciendo de esta unión: 1º Sebastián de Zaldúa-Aguinaga y Soraiz, que sigue, y 2º Juan de Zaldúa-Aguinaga y Soraiz, nacido en Zumárraga en el 1524, y casado en 1550 con doña Catalina de Machain, de la que tuvo a Domingo de Zaldúa-Aguinaga y Machain, nacido en 1551 y casado en Villarreal de Urrechu en 1577, con doña María de Echeverría e Irigoyen, en la que procreó a Águeda de Zaldúa y Echeverría, mujer de su primo Sebastián de Iturbe y Zaldúa, que volveremos a citar. IV. Sebastián de Zaldúa-Aguinaga y Soraiz nació en Zumárraga el 20 de Noviembre de 1526, y casó tres veces: la primera, con doña María de Unsain y Arandia, en 1547; la segunda, con doña Catalina de Sasieta y Zabalo, y la tercera, con doña María de Ansola. Del primer enlace tuvo sucesión, pero no consta. Del segundo fueron hijos: 1º Sebastián de Zaldúa-Aguinaga y Sasieta, nacido en 1551, y 2º María de Zaldúa-Aguinaga y Sasieta, nacida en 1559 y casada en 1581 con Juan de Iturbe, del que tuvo a Sebastián de Iturbe y Zaldúa, nacido en 1591, que casó en 1621 con su prima, doña Águeda de Zaldúa y Echeverría, que ya hemos citado. Del tercer matrimonio fue hijo Sebastián de Zaldúa y Ansola, nacido en 1603. También fue vecino de Zumárraga Juan de Zaldúa, que casó con doña María de Elgarreta, y procrearon a Domingo de Zaldúa y Elgarreta, que casó en 1553 con doña Magdalena de Bustiuza y Achibite. Lope Ximénez de Zaldúa era vecino de Tolosa en 1346; Juan de Zaldúa, de Legazpia, en 1407; Pedro de Zaldúa Señor del mismo solar de Zaldúa, también de Legazpia, en 1549, y Amador de Zaldúa, de Zumárraga, en 1478. Mateo y Pedro de Zaldúa probaron su hidalguía ante la Justicia ordinaria de Villabona en 1705; José de Zaldúa y su hermano, ante la de Villarreal de Urrechu, en 1773; Pedro de Zaldúa, ante la de Tolosa, en 1776, y Martín de Zaldúa y otros ante la de Escoriaza, en 1681. Francisco de Zaldúa y Abarizqueta probó también su nobleza en Zumárraga, en 1783. Sebastián y Pascual de Zaldúa residían en Azcóitia en 1561. Don Carlos de Zaldúa fue nombrado Contador de la Real Casa de Contratación de Indias en 1.705 y en lo que se refiere a los que pasaron al continente americano, don Juan Antonio de Zaldúa fue Corregidor de Lampa, en el año 1.766.

Escudos de Armas del apellido:
El solar primitivo de la anteiglesia vizcaína de Zaldúa: De oro, con tres lobos de sable, puestos en triángulo. Bordura de gules con ocho sotueres de oro. La casa del Duranguesado: De gules, con un fresno de su color natural, y dos lobos, también de su color, atravesados al tronco. De las ramás del fresno penden dos calderas de sable, sobre llamás de fuego. Bordura de azur, y en letras de oro esta leyenda: «Las armas de mi nación, lobos y calderas son». Dicen varios autores que sobre la copa del árbol que figura en su escudo, ponían algunos una corona de oro, pero que esto sólo podían hacerlo los parientes mayores de dicha casa. Otros autores cambian el fresno por una encina y suprimen la bordura. Las primitivas armas de la casa de la villa de Legazpia fueron: De oro, con una torre de piedra, y por detrás de la torre del homenaje, un letrero en esta forma: «Zal-(aquí la torre)-dúa». Más tarde añadieron a este cuartel otros dos: El primero, de azur, con un rey sentado en un trono sobre ondas de agua de azur y plata, sujeto con una cadena de oro al cuello, y bordura de gules con cuatro piezas de artillería de oro; en el segundo cuartel, una encina de sinople con un lobo de sable, atravesado al tronco y cebado de un cordero de plata sangrando por la boca. Así constan en una ejecutoria de hidalguía dada por la Real Chancillería de Valladolid a favor de Miguel de Zaldúa, vecino de Arnedo (Rioja), el año 1610; pero en ella no se explica en qué forma quedaron los tres cuarteles, si en escudo terciado o mantelado, etcétera. La misma casa de la anteiglesia de Legazpia usó también: Escudo cortado por una faja de gules; la partición alta, de oro, con un águila de sable, y la partición baja, también de oro, con un árbol de sinople, y dos lobos pasantes, de sable, al pie del tronco. Bordura general de azur, con ocho estrellas de oro en la mitad superior, y seis sotueres del mismo metal en la mitad inferior. Real despacho dado en Madrid, el 27 de Junio de 1636, a favor de Manuel de Zaldúa, Caballero de la Orden de Santiago y bisnieto de Miguel de Zaldúa citado. Los de la casa de Miravalles: De plata, con un árbol de sinople puesto en una terrasa del mismo color, y un jabalí de sable pasante al pie del tronco. Las de la casa de Vitoriano: De oro, con un pino de sinople frutado de oro, y un jabalí de sable empinado a su tronco. Bordura de gules con cuatro flores de lis de oro, una en cada ángulo. 

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. El esmalte azul (azur) simboliza la realeza, la serenidad y la hermosura. Los que los lleven en sus armas, están obligados a socorrer a los fieles servidores de sus príncipes que "se hallan sin remuneración por sus servicios". En las piedras preciosas representa al zafiro y en los signos del Zodiaco a que se encuentra sujeto son Tauro y Libra. Su elemento es el aire; su metal, el acero; el día de la semana, el viernes; los meses, abril y septiembre; su árbol, el álamo; la flor, la violeta; su animal, el camaleón y su ave, el pavo real. El azur se llama Júpiter en las armerías reales, zafiro en las de los títulos y azur en la nobleza. El esmalte sinople es el verde. Su significado es la esperanza, la abundancia y la libertad; cuantos llevan este esmalte en su escudo quedan obligados a socorrer a los labradores en general y a los huérfanos y pobres que se encuentren oprimidos. Su signo zodiacal corresponde a Mercurio; su elemento es la tierra; el día de la semana, el miércoles; su mes, mayo; su metal, el azogue; como planta, el laurel; la flor, la siempreviva y como ave, el papagayo. En los blasones de los príncipes recibe el nombre de Venus; esmeralda, en el de los títulos y sinople en los de la nobleza en general. El agua es símbolo de sabiduría ilustrada, de ánimo virtuoso, pudiendo también simbolizar extensión de dominio, así como el principio de todas las cosas y la regeneración del tiempo. El águila se concede en los blasones a los hombres que exceden en valor, generosidad y braveza a los demás hombres. El sotuer o aspa se trae a las armerías españolas por la batalla de Baeza, ganada contra los moros el día de San Andrés del Año de 1227, que es la forma de la Cruz en que estuvo este Santo Apóstol en su martirio. La bordura simboliza protección, favor y recompensa; así mismo la cota que vestían los caballeros para la guerra y que al salir de la pelea, ostentándola manchada de sangre enemiga, eran premiados con el añadido de la bordura de escudo, como insignia de valor. La bordura también se usa para combinar armerías, con la particularidad que las armas situadas en la bordura tienen siempre carácter secundario. El caballero simboliza la nobleza. En los comienzos de la Edad Moderna, era "soldado de caballería, que servia a su costa con armas y caballo". Desde el reinado de Felipe III, Caballero es el "Hidalgo de Nobleza reconocida". Las familias españolas, que traen cadenas en su blasón, es por la batalla de las Navas, en la que se rompió el palenque de Miramomelín, guarnecido de gruesas estacas y cadenas muy fuertes Las calderas, en armería, eran la señal de "Rico hombre" en España, simbolizando la abundancia. El cordero es el símbolo de la insigne y militar Orden del Toisón de oro, instituida por Felipe II en 1429, y lo llevaron en sus escudos sus caballeros y descendientes. La casa solariega, también llamada solar, casa fuerte, casa palacio, casa torre, casona, casal, etc., es el símbolo de las antiguas libertades de los nobles, caballeros e hidalgos, notoriedad y nobleza.