Radicó este linaje en el caserío de Olavezar, del Ayuntamiento de Ayala y partido de Amurrio (Álava), y de él procedió Iñigo de Urrichi, esposo de doña María de Isasi y ambos padres de Pedro García de Urrichi e Isasi, bautizado en Olavezar el 19 de Mayo de 1579, que contrajo matrimonio con doña Magdalena de Aguirre, naciendo de esta unión Juan de Urrichi y Aguirre, bautizado en Olavezar el 1 de Mayo de 1631, que celebró su enlace con doña María Cruz de Otaola, y procrearon a Lorenzo de Urrichi y Otaola, bautizado en Olavezar el 30 de Abril de 1676, que tuvo por esposa a doña Catalina de Echaurren, a la que hizo madre de Domingo Antonio de Urrichi y Echaurren, bautizado en Quejana (Álava), el 6 de Febrero de 1706, que fue vecino de Sevilla, y el 17 de Junio de 1761 ganó Real provisión de Vizcainía en la Chancillería de Valladolid.
Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.
