Procede este apellido de la anteiglesia de Amorebieta, del partido de Durango (Vizcaya). Martín de Urrengoechea se unió en matrimonio con doña Francisca de Barzo, descendiente de la casa infanzona de Barzo en Aréchaga, y procrearon a Pedro de Urrengoechea y Barzo, bautizado en Amorebieta el 23 de Enero de 1677, que casó con doña Francisca de Echarriza o Inchaurriza, y fueron padres de Domingo de Urrengoechea y Echarriza, bautizado en Amorebieta el 19 de Abril de 1699, que celebró su enlace con doña Clara de Arrinda, y procrearon a José de Urrengoechea y Arrinda, bautizado en Echano, barrio del mismo partido de Durango, el 21 de Mayo de 1735, que en su mujer, doña Josefa Antonia de Oyarzun, tuvo a Félix José de Urrengoechea y Oyarzun, natural de Amorebieta donde fue bautizado el 19 de Mayo de 1785, y vecino de Palencia, que ganó Real provisión de Vizcainía en Valladolid el 2 de Mayo de 1816, y a José Antonio de Urrengoechea y Oyarzun, bautizado en Amorebieta el 16 de Junio de 1791, y vecino de Zamora, que obtuvo igual provisión en la misma Chancillería el 28 de Octubre de 1816.
Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.
