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Este noble y antiguo linaje tiene su casa solar infanzona en la anteiglesia de Sopelana, del partido de Bilbao, en Vizcaya. Es una de las más ilustres del Señorío, pues disfrutó de una prerrogativa que es la mayor y única en todas las casas solariegas infanzonas de Vizcaya. Esa distinción consiste en poseer Patronato divisero y cobrar diezmos y presentes. Fueron Señores de esta casa los del linaje de Manene, y su sucesión vino a parar en una hembra que casó con Lope Martínez de Ondozarros, que, a su vez, procedía de los Marroquin de Salcedo, de quien los Sopelana tomaron las panelas de sus armas, como veremos después. El citado matrimonio tuvo un hijo que celebró su enlace con una hija de Gonzalo de Butrón, el Viejo. García de Salazar y otros autores afirman que por este casamiento pasó al linaje que nos ocupa el monasterio de Sopelana, que trajo en dote la mencionada señora. Pero esto no es exacto. Anteriormente poseía ya la casa de Sopelana el Patronato de ese monasterio, y también la mitad de la casa de Basaldue, la de Gorosasu, la de Marar, la de Iraolaga, la de Urrujula y una casa vieja de Menchace. Del matrimonio de un Sopelana con la hija de Gonzalo de Butrón, el Viejo, nació Gonzalo de Sopelana, que construyó la Torre de Sopelana y tomó de ella el apellido. Contrajo matrimonio con una señora de la Casa de Martiartu, antes de que ésta se uniera a la de Guecho. De la mencionada unión nació Ortuño de Sopelana, que tuvo por esposa a una hija de Gómez González de Butrón. Descendiente de dicho Ortuño fue Martín González de Sopelana, que murió luchando contra los moros en Aranda de Duero. Su viuda, doña Adra Mari Ochoa, fundó una nueva casa de Sopelana detrás de la iglesia, de la que aun quedan unas paredes, sitio que se denominaba Jaureguizarra. La misma señora trasladó la iglesia parroquial desde Arriendragoitia al lugar en que actualmente ocupa, muy cerca del mar. Del mencionado Martín González de Sopelana y de su mujer doña Adra Mari Ochoa fue hijo Gonzalo Martín de Sopelana, Caballero de la Orden de Santiago, que murió, en unión de su padre, en Aranda de Duero. También tuvieron una hija, que casó con un individuo del solar de Manene y fueron padres de Fortún García de Manene y Sopelana, que heredó la casa de Sopelana y fue Abad y Patrono de la iglesia del monasterio de San Pedro de Sopelana, coma parece de la escritura de concordia o sentencia arbitraria que pasó ante Juan Ochoa de Lupardo, Escribano, en 1400. En la misma casa de Sopelana hay un testamento de Gonzalo Martínez de Sopelana, otorgado ante Martín Pérez de Mauraza en 1515, en el que consta la siguiente cláusula: « Iten mando que mi cuerpo sea sepultado en el túmulo de piedra que está fuera de la iglesia donde está sepultado mi quinto abuelo Fortún Arteach o Asteach de Montehermoso, Señor que fue de Sopelana, y que este túmulo se meta un codo de tierra debajo del coro y en donde me hagan mis obsequios y ánimás conforme a mi calidad.» Padres de este Gonzalo Martínez de Sopelana fueron Ochoa Martínez de Sopelana, muerto en la batalla de Elorrio, y doña Mayor de Butrón, hija legítima de Juan Alonso de Mújica, el Viejo, padre también de Gómez González de Butrón. El antepasado Fortún Asteach de Montehermoso pasó a Sopelana, según se sabe por los Adorios, antes de 1220, y de su nombre andan ribados en Baracaldo. Fortún Sánchez de Susunaga, hijo legítimo de Gonzalo de Sopelana, casó con una señora de la casa de Susunaga de Baracaldo. Era hermano de Ochoa Ortiz de Sopelana, que murió en la batalla de Elorrio. El nombre de Fortún se perpetuó mucho en esta familia de Sopelana. Gonzalo de Sopelana, Señor de Susunaga, fue muerto en Zorroza de Baracaldo por los del linaje de Llano, los cuales fueron desde entonces constantemente perseguidos por Alonso de Manene hasta echarlos de la tierra, no quedando varón de ellos con haber sido gran parentela.  RAMA PRIMERA I. Ochoa Martínez de Sopelana, dueño y Señor de la casa Torre de Sopelana, casó en Portugalete con doña Juana de la Pedriza, y, viudo de esta señora, contrajo nuevas nupcias con doña María de Berdusco, de la casa Torre de Berdusco. Del primer enlace nacieron: 1º Juana Elvira de Sopelana y de la Pedriza, que casó con el Secretario Juan López de Angulo, a los que volveremos a citar por ser tronco de la rama segunda. 2º Juana de Sopelana y de la Pedriza, mujer de Ordoño de Ochandátegui, hidalgo de la casa solar y Torre de Ochandátegui. 3º Catalina de Sopelana y de la Pedriza, casada en el solar de Bareño de enmedio, y 4º María López de Sopelana y de la Pedriza, que casó en el solar de Manene de enmedio. Del segundo matrimonio de Ochoa Martínez de Sopelana con doña María de Berdusco, fueron hijos: 5º El Capitán Juan González de Sopelana y Berdusco, que sigue. 6º Mari Ochoa de Sopelana y Berdusco, esposa de un hidalgo de la casa de Aresti, en la anteiglesia de Sopelana. 7º Ochoa López de Sopelana y Berdusco, Alférez, muerto en un combate naval, y 8º Francisco López de Sopelana y Berdusco, también Alférez, muerto en Flandes. II. El Capitán Juan González de Sopelana y Berdusco fue de gran esfuerzo y valor y sirvió al Rey don Felipe II cuarenta y cinco años continuos en los Estados de Flandes, Real Armada y Conquista de Portugal. El citado Monarca, por sus muchos y señalados servicios, le honró con la Comandancia general de las Costas de Vizcaya cuando tenía en ellas la Armada de Inglaterra, Comandada por el Draque. Para la defensa de estas costas formó diferentes cuerpos de tropas y compañías, manteniendo a sus espensas algunas de ellas. Contrajo matrimonio con doña María Ortiz de Basagoiti, señora muy principal y dueña de la casa solar y Torre de Basagoiti, mayorazga notoria en la anteiglesia de Berango, cobrando diezmos de dicha iglesia, con posesión inmemorial en la preeminencia de asiento en el mencionado templo y con privilegio de tomar la paz y entrar y salir la primera en las procesiones. Tuvieron este hijo III. Ochoa Ortiz de Sopelana Basagoiti Guecho y Martiartu, Señor de la Torre y solar de Basagoiti y Señor de Berango, que casó con doña Antonia de Lezamiz y Santurce, mayorazga de Lezamiz y Landaverde. Procrearon a IV. Teresa de Sopelana Basagoiti Lezamiz Guecho y Martiartu, que celebró su enlace con Agustín de Montiano y del Barco, mayorazgo de Montiano, Jurisconsulto y Diputado General. De esa unión nació V. Manuel Joaquín de Montiano Sopelana, que reunió los mayorazgos de Montiano, Basagoiti, Lezamiz y Landaverde. También debieron ser suyos Guecho, Martiartu y Sopelana. Se unió en matrimonio con doña Josefa de Aguiar y Aguiar, de la que tuvo a VI. Manuel José Joaquín de Montiano Aguiar, mayorazgo y esposo de doña Rita Gacitúa Gómez de la Torre Arana y Jarabeitia, y ambos padres de VII. Manuel José de Montiano y Gacitúa, que heredó los mayorazgos de su padre y casó con doña Luisa de Echazarreta Power Echávarri y Zubia-Zumaya, y procrearon a VIII. Mariano de Montiano Echazarreta, que contrajo matrimonio con doña Gertrudis de la Cuadra Vicuña, naciendo de este enlace IX. Manuel de Montiano y de la Cuadra, que tuvo por esposa a doña Juliana de Uriarte González de Gorocica y Goyechea, y fueron padres de 1º Manuel de Montiano y Uriarte, que no dejó sucesión. 2º Mariano de Montiano y Uriarte, que casó con doña Águeda Gede Recalde, a la que hizo madre de José Antonio, Begoña, Mariana, Jesús, Josefa, Águeda y Teresa de Montiano y Gede Recalde. 3º María de Montiano y Uriarte, que casó con Luis Hernando de Larramendi, ex Secretario político en España de don Jaime de Borbón. Tuvieron estos hijos: Luisa María, Maria del Rosario, Ignacio, Antonio, Luis Manuel, Alfonso Carlos, Teresita, José Francisco y Miguel de Montserrat Hernando de Larramendi y Montiano, y 4º Jesús de Montiano y Uriarte, esposo de doña Benita Urcelay, de la que tuvo a Begoña, Jesús y Asunción de Montiano y Urcelay.  RAMA SEGUNDA I. Juana Elvira de Sopelana y de la Pedriza (hija primera del primer matrimonio de Ochoa Martínez de Sopelana con doña Juana de la Pedriza, citados en el párrafo I de la rama primera), casó, como ya hemos indicado, con el Secretario Juan López de Angulo, caballero principal, natural de Valmaseda. Dicha señora heredó el solar de Sopelana sin que le correspondiese, y tuvo los siguientes hijos: 1º Pedro López de Sopelana y Angulo, que murió en Flandes, sin dejar sucesión, y 2º María de Sopelana y Angulo, que sigue. II. Esta María de Sopelana y Angulo heredó la casa de Sopelana y contrajo matrimonio con Luis de Butrón, Caballero de la. Orden de Santiago, que murió en Mesina (hijo mayor de Gómez González de Butrón y Mújica y de doña Luisa Manrique de Lara). De esa unión nació III. María de Butrón y Sopelana, Señora de la Casa de Sopelana, que celebró su enlace con Juan de Luyando, Secretario del Consejo de Indias, y procrearon a 1º Juan de Luyando y Sopelana, Caballero de la Orden de Alcántara, Menino de la Reina y Gentilhombre, que murió sin sucesión. 2º Diego de Luyando y Sopelana, que desempeñó los mismos cargos que su hermano. 3º José de Luyando y Sopelana, Caballero de la Orden de Santiago. 4º Antonia María de Luyando y Sopelana, que heredó la casa de Sopelana y casó con Antonio de Guzmán y Robles, primer Vizconde de Santa Marta y Mayordomo de la Reina. 5º Casilda de Luyando y Sopelana, casada con su tío Juan Ortiz de Luyando, Señor de Luyando. Viuda, fue Dueña de honor y Guarda mayor de las Damás de la Reina. 6º Isabel de Luyando y Sopelana, monja Comendadora de Santiago en el convento de Santa Cruz, de Valladolid, y 7º Luisa de Luyando y Sopelana, mujer de Rodrigo Quijada de Amaraz, caballero de Plasencia. 

Escudos de Armas del apellido:
De gules, con dos llaves de oro, puestas en sotuer, y acompañadas en los huecos de cuatro panelas de oro. Ponen las llaves por haber sido Patronos de la iglesia del monasterio de San Pedro de Sopelana. Las panelas son de los Salcedos, progenitores de los Marroquin, de los que dimanaron los Sopelana. Otros: En campo de oro, dos llaves de azur, puestas en aspa, y acompañadas de cuatro panelas de gules, una en cada hueco.              

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. El esmalte azul (azur) simboliza la realeza, la serenidad y la hermosura. Los que los lleven en sus armas, están obligados a socorrer a los fieles servidores de sus príncipes que "se hallan sin remuneración por sus servicios". En las piedras preciosas representa al zafiro y en los signos del Zodiaco a que se encuentra sujeto son Tauro y Libra. Su elemento es el aire; su metal, el acero; el día de la semana, el viernes; los meses, abril y septiembre; su árbol, el álamo; la flor, la violeta; su animal, el camaleón y su ave, el pavo real. El azur se llama Júpiter en las armerías reales, zafiro en las de los títulos y azur en la nobleza. El sotuer o aspa se trae a las armerías españolas por la batalla de Baeza, ganada contra los moros el día de San Andrés del Año de 1227, que es la forma de la Cruz en que estuvo este Santo Apóstol en su martirio. El sotuer o aspa se trae a las armerías españolas por la batalla de Baeza, ganada contra los moros el día de San Andrés del Año de 1227, que es la forma de la Cruz en que estuvo este Santo Apóstol en su martirio.