De Vizcaya, con casa solar en la anteiglesia de Ceánuri, del partido de Durango. De ella fue Juan de Solaeta y Zuruzueta, casado con doña María Ortiz de Solaeta, a la que hizo madre de Juan de Solaeta y Ortiz de Solaeta, que contrajo matrimonio con doña Juana de Ibarra y fueron padres de Juan de Solaeta e Ibarra, bautizado en Ceánuri el 31 de Julio de 1650, que celebró su enlace con doña María García de Zuloaga y Ocerin, naciendo de esta unión Antonio de Solaeta y Zuluaga, bautizado en Ceánuri el 2 de Enero de 1682, que tuvo por esposa a doña Antonia de Gorostiaga y procreó en ella a Francisco Antonio de Solaeta y Gorostiaga, bautizado en Ceánuri el 6 de Abril de 1709, que casó con doña Águeda Solachi y fueron padres de Francisco de Solaeta y Solachi, Señor de la casa infanzona de Solaeta, y de Ignacio de Solaeta y Solachi, bautizado en Ceánuri el 17 de Marzo de 1757 y vecino de Cádiz, que el 23 de Junio de 1790 ganó Real provisión de hidalguía en la Chancillería de Valladolid.
Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.
