El fundador de esta familia mallorquina, muy antigua, noble y principal, fue Arnaldo Sureda, uno de los capitanes de Cataluña que ofrecieron sus servicios al rey don Jaime I de Aragón cuando se tuvo como inminente la llegada del rey de Túnez a Mallorca con una poderosa flota para invadir la isla en 1231. El monarca aragonés encomendó entonces a dicho Arnaldo la reducción de los moros montañeses y le dio varias heredades en Manacor. Casó el repetido capitán con doña Margarita de Tornamira, de muy distinguido linaje, y juntos crearon la casa de Sureda en Mallorca, de la que andando el tiempo se derivaron diferentes ramas que fundaron nuevas casas conocidas con los nombres de Sureda-Zanglada, Sureda-Valero, Sureda de Sant Martí y Sureda de Artá. Descendientes de todas ellas ilustraron la historia de Mallorca y de España con los grandes servicios que en los ejércitos de mar y tierra prestaron a los reyes de Aragón y de Castilla desde mediados del siglo XII al XIX, así como en otras actividades civiles y del gobierno de la isla. Algunos de sus caballeros desempeñaron el cargo de bayle general de la isla y pertenecieron al grande y general Consejo del Reino. Fueron también conselleres, jurados, gobernadores, maestres de campo e ingresaron en las Ordenes militares de Calatrava, Alcántara, Montesa y San Juan de Jerusalén.
Escudos de Armas del apellido:
En campo de oro, un alcornoque arrancado y de su color natural. Otros sustituyen el alcornoque por una encina.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín.
