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Los de este apellido son vizcaínos, con casa en la villa de Elorrio, del partido de Durango. Tomás Pérez de Urquizu, natural de Elorrio, casó con doña María Ibáñez de Elgueta, y procrearon a Diego Pérez de Urquizu y Elgueta, que contrajo matrimonio con doña María Andrés de Urquizu, naciendo de esta unión Diego Pérez de Urquizu y Urquizu, que celebró su enlace con doña María López, de la que tuvo a Diego Pérez de Urquizu y López, casado con doña Catalina Barrón, a la que hizo madre de Antonio Pérez de Urquizu y Barrón, que contrajo matrimonio con doña Josefa Martínez, y fueron padres de Juan Manuel Pérez de Urquizu y Martínez, que casó con doña Manuela Cabezón, y procrearon a Juan Antonio, Diego, Juan Basilio y Felipe Pérez de Urquizu y Cabezón, vecinos de Madrid, y el último de San Salvador, en Indias, que el 14 de Diciembre de 1776 obtuvieron declaración de Vizcainía en la Chancillería de Valladolid.

Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.               

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.