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En el lugar de Beotegui, del Ayuntamiento de Ayala y partido de Amurrio (Álava), radicó una casa de este apellido, cuyos individuos pasaron después al lugar de Astóriza, del Concejo de Lezma, en el mismo partido de Amurrio. Más tarde fundaron nuevas casas en Vizcaya, una en la anteiglesia de San Miguel de Basauri, del partido de Bilbao, y otra en San Vicente de Basualdo. De la casa de San Miguel de Basauri procedió Domingo de Perea, esposo de doña Francisca de Sugasnavar, y ambos padres de Francisco de Perea y Sugasnavar, bautizado en Basauri el 18 de octubre de 1698, que casó con doña Dominga Uriarte y Moja y procrearon a Miguel Antonio de Perea y Uriarte, bautizado en Basauri el 16 de Junio de 1736, que contrajo matrimonio con doña Magdalena de Zamacona, naciendo de esta unión José Joaquín de Perea y Zamacona. Estos dos hermanos obtuvieron Real provisión de hidalguía en la Chancillería de Valladolid el 14 de Octubre de 1799. De esta misma casa de San Miguel de Basauri descendieron Antonio de Perea y Gallarza, bautizado en la mencionada anteiglesia le 5 de Abril de 1748, que se avecindó en Cantalapiedra (Salamanca) y ganó declaración de vizcainía en la misma Chancillería de Valladolid el 2 de Diciembre de 1774, y Ramón de Perea y Muñoz, que también fue declarado vizcaíno el 16 de Octubre de 1795. De la casa de San Vicente de Basualdo fue Juan de Perea y Castaños, bautizado en el Valle de Somorrostro el 3 de Diciembre de 1753, que ganó Real provisión de hidalguía en Valladolid el 27 de Febrero de 1784. Mosén Jaime Febrer, escribe en sus Trovas que Pedro Perea vino desde el Tirol, en la alta Alemania, para servir a su costa al rey don Jaime I de Aragón en la conquista de Valencia, participando destacadamente en el sitio de Burriana. Y agrega el citado cronista: «Antes de amanecer había dispuesto el rey don Jaime armasen el fonébol y batiesen la muralla. Perea estaba apostado con su gente, a fin de resistir la salida que se presumía harían los moros; por cuyo medio se ganó fácilmente la plaza; y le mandó el rey que al águila que llevaba en su escudo, añadiese cinco peras verdes sobre campo de plata».   

Escudos de Armas del apellido:
De oro, con cinco panelas de sinople, puestas en sotuer. Bordura de gules con siete coronas de cinco puntas, de oro. Divisa: «Per ea que facta sun intellecta conspiciuntur», puesta en letras de gules sobre un volante de oro. Otros ponen en la bordura, ocho coronas de oro, en lugar de siete. Otros, en las Encartaciones de Vizcaya, según Labayru: De oro, con un peral de sinople, frutado del mismo color, y dos lobos de sable, andantes y lampasados de gules, atravesados al tronco.  Otros traen: en campo de oro, un peral de sinople y un perro de plata, manchado de sable, pasante, al pie del tronco. Mosén Jaime Febrer dice que el caballero Pedro Perea que pasó desde el Tirol, en la alta Alemania, a servir a don Jaime I de Aragón en la conquista de Valencia, traía en su escudo un águila de sable y que el citado monarca le premió autorizándole para acrecentarlo con cinco peras de sinople en campo de plata. Y Onofre Esquerdo completa esa descripción, a base del dibujo que figura en las Trovas de Febrer, organizando dichas armas así: Escudo cortado: 1.º, de oro, con un aguila de sable, y 2.º, de plata, con cinco peras de sinople, puestas (según el dibujo de las Trovas) tres y dos.          

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. El esmalte sinople es el verde. Su significado es la esperanza, la abundancia y la libertad; cuantos llevan este esmalte en su escudo quedan obligados a socorrer a los labradores en general y a los huérfanos y pobres que se encuentren oprimidos. Su signo zodiacal corresponde a Mercurio; su elemento es la tierra; el día de la semana, el miércoles; su mes, mayo; su metal, el azogue; como planta, el laurel; la flor, la siempreviva y como ave, el papagayo. En los blasones de los príncipes recibe el nombre de Venus; esmeralda, en el de los títulos y sinople en los de la nobleza en general. El águila se concede en los blasones a los hombres que exceden en valor, generosidad y braveza a los demás hombres. El sotuer o aspa se trae a las armerías españolas por la batalla de Baeza, ganada contra los moros el día de San Andrés del Año de 1227, que es la forma de la Cruz en que estuvo este Santo Apostol en su martirio. La bordura simboliza protección, favor y recompensa; así mismo la cota que vestían los caballeros para la guerra y que al salir de la pelea, ostentándola manchada de sangre enemiga, eran premiados con el añadido de la bordura de escudo, como insignia de valor. La bordura también se usa para combinar armerías, con la particularidad que las armas situadas en la bordura tienen siempre carácter secundario. El caballero simboliza la nobleza. En los comienzos de la Edad Moderna, era "soldado de caballería, que servia a su costa con armas y caballo". Desde el reinado de Felipe III, Caballero es el "Hidalgo de Nobleza reconocida".