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Familia alavesa, que primeramente moró en el lugar de Larrea, del Ayuntamiento de Barrundia, y después pasó al de Mendijur, del Concejo de Gamboa, todo en el partido de Vitoria. Juan Ortiz de Elguea, natural de Larrea, tuvo en su mujer doña Juana Ochoa de Larrea a Juan Ortiz de Elguea y Ochoa, bautizado en Larrea el 9 de Marzo de 1633, que casó con doña María Martínez de Urizar y fueron padres de Francisco Ortiz de Elguea y Martínez de Urizar, bautizado en Mendijur el 10 de Febrero de 1873. Celebró su enlace con doña Ana María Sánchez de Vicuña, y procrearon a Francisco Ortiz de Elguea y Sánchez de Vicuña, bautizado en Mendijur el 16 de Febrero de 1727, que se unió en matrimonio con doña María Cruz González de Ibarra, naciendo de este enlace Tomás Ortiz de Elguea y González, natural de El Burgo, en la hermandad de Iruraiz, del partido de Vitoria, bautizado el 7 de Mayo de 1749. En 1782 inició un expediente de hidalguía en la Real Chancillería de Valladolid, obteniendo sentencia favorable el 19 de Diciembre de 1782.

Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.               

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.