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Una familia así apellidada radicó en el barrio de Cedelica, en la jurisdicción de la ciudad de Orduña, en el partido de Valmáseda (Vizcaya). De ella procedió Pedro Ortiz de Sologuren, que en su esposa doña María Salud de Olamendi tuvo a Pedro Ortiz de Sologuren y Saluz de Olamendi, bautizado en Orduña el 25 de Junio de 1676, que casó con doña Ana María de la Torre, y fueron padres de José Ortiz de Sologuren y de la Torre, bautizado en Orduña el 16 de Marzo de 1709, que celebró su enlace con doña María de Aguirre, naciendo de esta unión Francisco Ortiz de Sologuren y Aguirre, bautizado en Orduña el 5 de Octubre de 1749, que fue vecino de Alcalá de Henares (Madrid) y dueño de la casa solar de Sologuren, en el mencionado barrio de Cedelica. El 4 de Diciembre de 1794 obtuvo declaración de vizcainía en la Chancillería de Valladolid.

Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.