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En el Valle de Gordejuela, del partido de Valmáseda (Vizcaya). Tomás Ortiz de Lanzagorta y su mujer doña Catalina de Clavijo, fueron padres de Blas Ortiz de Lanzagorta y Clavijo, natural del Valle de Gordejuela y casado con doña María Sagasti, a la que hizo madre de Marcial Ortiz de Lanzagorta y Sagasti, bautizado en Logroño el 3 de Julio de 1729 y residente en Pinto (Madrid), que contrajo matrimonio con doña María Antonia Salvador y Alcaraez, naciendo de esta unión Tomás, Narciso, Natalio y Ezequiel Ortiz de Lanzagorta y Salvador, naturales de Burgos. Blas Ortiz de Lanzagorta y Clavijo obtuvo Real carta ejecutoria en la Chancillería de Valladolid el 18 de Noviembre de 1742, y sus descendientes, los hermanos últimamente citados, el 23 de Mayo de 1789.

Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.