Familia muy antigua, residente en Salinas de Léniz y originaria del solar de Bedobañe, o Bedoyabe, en Mondragón. Sus individuos militaron en el bando gamboíno. Juan Ortiz de Bedoya, nació en Mondragón en 1392, casó en 1420 con doña María Ochoa de Berraondo y falleció en la misma villa en 1459, dejando este hijo: Ascensio Ortiz de Bedoya y Berraondo, nacido en Mondragón en 1422, y casado en Salinas de Léniz en 1453 con doña María Pérez de Elexalde. Fueron padres del Contador Juan Ortiz de Bedoya y Elexalde, nacido en Salinas de Léniz en 1456 y casado en 1485 con doña María Beltrán de Galarza. Asistió, a las Orden es del Duque del Infantado, a la guerra de Granada y toma de Loja. Desempeñó el cargo de Contador del Conde de Oñate. Procreó a Juan Ortiz de Bedoya y Galarza, nacido en Salinas de Léniz en 1487 y casado en 1513 con doña Teresa de Leyba. Fue Escribano del Rey y muchas veces Alcalde y Regidor de Salinas. Le sucedió su hijo Miguel Qrtiz de Bedoya y Leyba, nacido en Salinas de Léniz en 1516, que pasó a Italia y Flandes. En 1545 casó con doña Marina de Landacaranda, de la que tuvo a Miguel, Marina y María Ortiz de Bedoya y Landacaranda.
Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.
