Familia vizcaína radicada en el Concejo de Zalla, del partido de Valmáseda, a la que perteneció Antonio Ortiz de Aedo, marido de doña María de Hurtado de Palacio, y ambos padres de Juan Ortiz de Aedo y Hurtado, bautizado en Zalla el 8 de Diciembre de 1649, que casó con doña María de Acasuso, a la que hizo madre de Antonio Ortiz de Aedo y Acasuso, bautizado en Zalla el 23 de Octubre de 1673, que contrajo matrimonio con doña Josefa de la Mella y Terreros, naciendo de esta unión: Emeterio Ortiz de Aedo y de la Mella, bautizado en Zalla el 5 de Marzo de 1696, que celebró su enlace con doña Casilda de Saráchaga, y procrearon a Antonio Ortiz de Aedo y Saráchaga, bautizado en Zalla el 4 de Abril de 1718, que tuvo por esposa a doña Angela de Ibarra, que le hizo padre de Juan Antonio Ortiz de Aedo e Ibarra, bautizado en Zalla el 9 de Noviembre de 1745, que se avecindó en la villa de Móstoles (Madrid), y para ello probó su nobleza, obteniendo Real provisión en la Chancillería de Valladolid, el 9 de Marzo de 1799.
Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.
