Casa armera e infanzona tenida y reputada como de primeros pobladores de Guipúzcoa, interesados en las heroicas proezas de Cantabria. También contribuyeron sus hijosdalgo a la restauración de España con don Pelayo y acompañaron a don Fernando III el Santo en la toma de la ciudad de Sevilla y en varias incursiones por tierra de Andalucía. Son de Parientes Mayores de Guipúzcoa y dieron su nombre al lugar de Alzo de Olazábal, en tierras de Aya y partido de Tolosa, de donde son originarios, poseyendo el patronado de la iglesia de San Salvador. El monasterio de San Salvador de Olazábal, fue donado en 1025 por García Aznariz y doña Gaila, su mujer, al monasterio de San Juan de la Peña, apareciendo en 1445 la confirmación de la concesión apostólica del Patronato de San Salvador de Olazábal, a Fernando de Olazábal, Señor de Olazábal. Tiene este apellido de Olazábal numerosos solares, ya en la Universidad y tierra de Aya, donde existen casas de este linaje conocidas con los nombres de Olazábal, Olazábalegui y Olazabalchipi; ya en Azpéitia, Cestona, Rentería, Ezquioga y Tolosa. Descendencia destacada pasó a América, donde adquirió singular importancia la figura del General Félix de Olazábal y Lorente, uno de los libertadores de las Repúblicas sudamericanas. No fueron, sin embargo, los hijos que quedaron en Guipúzcoa menos ilustres que los de la rama americana, y buena prueba de ello es la relevante personalidad que alcanzaron muchos de ellos, como se irá viendo en el curso de esta información. El Maestre Juan de Olazábal fue padre de Martín de Olazábal, Escribano de Zumaya, en Guipúzcoa, Contador de S. M., y Veedor de la gente de guerra de la escuadra de la provincia de Guipúzcoa, que celebró dos matrimonios: el primero, con doña Juana de Mallea, y el segundo, con doña Gracia de Bastida. Del primer matrimonio fueron hijos Juan de Olazábal y Mallea, sacerdote de Cestona, y doña Clara de Olazábal y Mallea, mujer de Antonio Fernández de Iceta. Del segundo enlace nació el insigne Juan de Olazábal y Bastida, Secretario del Rey don Felipe IV, a quien sirvió durante cincuenta años. Contador general del Consejo Supremo de la Inquisición y bienhechor de la villa de Zumaya, en cuyo favor logró la transacción pactada en 1641 en la Colegiata de Roncesvalles, dando fin a múltiples litigios. Construyó en dicha villa la casa palacio que hoy posee el señor Uriarte y fundó una escuela de primera enseñanza, dotándola con la renta anual de 56.100 maravedís. En agradecimiento, el Ayuntamiento puso a la calle en que habitó «Calle del Secretario». Martín Pérez de Olazábal fue General de la Carrera de Indias; Juan A. de Olazábal y Emparán, Ayudante de la Escuadra de don Francisco Messia; Juan José de Olazábal, Brigadier, y Juan Antonio de Olazábal y Beroiz trató, con tenacidad y riesgo de su vida y hacienda, de librar a Fernando VII en Vitoria, Irún y Bayona de la celada que Napoleón le tendiera, viendo frustrados sus intentos por la irresolución del Monarca y la traición de los palaciegos afrancesados. Martín Sánchez de Olazábal vivía en Azpéitia en 1349; Juan de Olazábal era vecino de Legazpia, en 1407; otro Juan de Olazábal, de Ezquioga, en 1411; Lope Ochoa de Olazábal, de Tolosa, en 1456; Martín de Olazábal, de Gaviria, en 1462, y Amador Ochoa de Olazábal fue árbitro para decidir en un pleito entre los Ayuntamientos de San Sebastián y de Tolosa. Pedro de Olazábal, descendiente de la casa de su apellido en Ezquioga, casó con doña Gracia de Elzicorta, y fueron padres de Martín de Olazábal Duruaran y Elzicorta, que contrajo matrimonio con doña María de Ozaeta, a la que hizo madre de Pedro y Martín de Olazábal Duruaran y Ozaeta, que probaron su hidalguía ante la Justicia ordinaria, de Oñate, en 1578. Merece especial mención la casa solar de Olazábal, sita en la antigua Universidad de Irún Uranzu, jurisdicción de la ciudad de Fuenterrabía, también en Guipúzcoa. Es de inmemorial antigüedad y según Lizaso procede de los primeros pobladores de España. Sus individuos tomaron parte en las heroicas proezas de Cantabria. Andrés de Olazábal, hijo de esa casa, tomó parte en la batalla de Beotivar, tan celebrada, contra los navarros y franceses. De esta casa procedieron también Juan de Olazábal, Caballero de la Orden de Alcántara, y José Joaquín de Olazábal Murguía y Arbelaiz, Teniente de Fragata de la Real Armada y Caballero de la Orden de Santiago, el cual, en unión de su hermano Manuel, también Caballero Santiagista, probó su hidalguía en Irún, en 1772. Juanes y Jacue de Olazábal fueron hijos igualmente de la casa de su apellido en Irún, y en 1566 eran vecinos de San Sebastián. Francis de Olazábal probó su hidalguía ante la Justicia ordinaria de Azcoitia en 1631; Dionisio de Olazábal lo hizo ante la de Fuenterrabía, en 1773; Martín y Antonio de Olazábal, ante la de Irún, en 1722, y Juan Gregorio de Olazábal ante la de Tolosa, en 1818. Domingo de Olazábal y Olaso fue también Caballero de la Orden de Santiago y probó asimismo su hidalguía ante la Justicia ordinaria de Irún, en 1839. Gaspar de Olazábal y Mendiguibel y Pedro de Olazábal y Mendiguibel, y los hijos de éste, probaron su nobleza en Tolosa, en 1676. En la anteiglesia de Axpé, del Concejo de Busturia, y partido de Marquina, en Vizcaya, hubo otra casa de Olazábal, de la que fue Juan de Olazábal, esposo de doña Magdalena de Arespacochaga, y ambos padres de Juan Bautista de Olazábal y Arespacochaga, que casó con doña María de Iturrioz, naciendo de este enlace Gabriel de Olazábal e Iturrioz, bautizado en Abadiano (Vizcaya), el 25 de Marzo de 1732, que contrajo matrimonio en Santo Domingo de la Calzada (Rioja), en 1762, con doña Isabel de Ochare, a la que hizo madre de José María de Olazábal y Ochare, bautizado en Santo Domingo de la Calzada el 22 de Marzo de 1779, que el 17 de Septiembre de 1814 obtuvo Real provisión de hidalguía en la Chancillería de Valladolid. Entroncó el linaje de Olazábal con ilustres apellidos de las Vascongadas, tales como Arteaga, Gaytán de Ayala, Lardizábal, Arbelaiz, Recalde, Emparán, Zubiaur, etc., y con la casa de Idiáquez por el matrimonio de doña Gracia de Olazábal con Alonso de Idiázquez, progenitores de los Duques de Ciudad Real, Condes de Aramayona, etc. De tierra de Aya (Guipúzcoa).
Escudos de Armas del apellido:
Las armas primitivas del linaje fueron, según certificación dada por Diego Barreiro el 9 de Julio de 1650, las siguientes: De azur, con una cadena de oro puesta en situación de banda y acompañada de dos veneras del mismo metal una a cada lado. La cadena fue ganada por Sebastián de Olazábal, que figuró entre los que rompieron el palenque de las cadenas en la batalla de las Navas de Tolosa. Era descendiente de Pedro y Juan de Olazábal, que ayudaron a don Pelayo en la restauración de España. La casa de la anteiglesia de Aya: De oro, con una encina de sinople, y un jabalí de sable, pasante al pie del tronco. Bordura de gules con ocho bezantes de plata. La casa del lugar de Alzo: De oro, con un roble de sinople, frutado de oro, y terrasado de sinople, y a su lado un jabalí de sable, corriendo, y al otro un cazador, con una horquilla de caza en las manos, en actitud de esperar al jabalí que le acomete. En el jefe, dos panelas de gules. Otros: De plata, con un árbol de sinople, y un jabalí, de sable, empinado al tronco. Bordura de gules con ocho panelas de oro. La casa de Olazábal de la Universidad de Irún Uranzu: De oro, con una encina de sinople, y un jabalí de sable, atravesado al pie del tronco, y tres panelas de gules alrededor de la copa del árbol, una en el jefe y las otras dos a los lados. Así las refiere Juan de Mendoza, Rey de Armas de Felipe IV y Carlos II en certificación dada en Madrid el 20 de Julio de 1671. Pero las verdaderas armas de la casa de Irún son las que constan en una certificación de Jerónimo de Villa, expedida en Madrid en 1642. Son iguales a las ya descritas y pintadas del lugar de Alzo, aunque con las diferencias y aumentos que figuran en su descripción, que es como sigue: En campo de oro, una encina de sinople frutada de oro, y atravesado a su tronco un jabalí de sable, andante, con los colmillos y los ojos de plata. Frente al jabalí, un hombre con corazas y capacete azul y zapatos de sable, dando una lanzada a la fiera con un venablo de gules. A cada lado de la copa de la encina, una panela de gules, y otra del mismo color encima de la copa. Salazar asegura que el hombre que figura en ese escudo está vestido con montera y sotana azules y calzones de gules. En campo de oro, un pino arrancado, de sinople, frutado de oro y atravesado a su tronco, con un jabalí de sable, andante, con los colmillos y los ojos de plata; frente al jabalí, un hombre con coraza, capacete azur y zapatos de sable, dando una lanzada a la pieza con un venable de gules. A cada lado del pino, una panela de gules, y otra del mismo color encima de la copa. Y como pariente mayor y cabo de armería, lleva por divisa un jabalí de sable sobre unas retamás de sinople. Otros traen: en campo de oro, una encina de sinople y un jabalí de sable, andante, al pie del tronco; bordura de gules, con ocho roeles de plata.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. El esmalte azul (azur) simboliza la realeza, la serenidad y la hermosura. Los que los lleven en sus armas, están obligados a socorrer a los fieles servidores de sus príncipes que "se hallan sin remuneración por sus servicios". En las piedras preciosas representa al zafiro y en los signos del Zodiaco a que se encuentra sujeto son Tauro y Libra. Su elemento es el aire; su metal, el acero; el día de la semana, el viernes; los meses, abril y septiembre; su árbol, el álamo; la flor, la violeta; su animal, el camaleón y su ave, el pavo real. El azur se llama Júpiter en las armerías reales, zafiro en las de los títulos y azur en la nobleza. El esmalte sinople es el verde. Su significado es la esperanza, la abundancia y la libertad; cuantos llevan este esmalte en su escudo quedan obligados a socorrer a los labradores en general y a los huérfanos y pobres que se encuentren oprimidos. Su signo zodiacal corresponde a Mercurio; su elemento es la tierra; el día de la semana, el miércoles; su mes, mayo; su metal, el azogue; como planta, el laurel; la flor, la siempreviva y como ave, el papagayo. En los blasones de los príncipes recibe el nombre de Venus; esmeralda, en el de los títulos y sinople en los de la nobleza en general. La banda significa el tahalí del caballero, y la banda que traían atravesada del hombro diestro al flanco siniestro, y por eso se expresa en esta situación en el escudo, habiéndola puesto por armas muchos de los que fueron a las cruzadas, según el color con que se distinguian las naciones. "Los bezantes son figuras redondas, llanas y macizas, siempre de metal porque son una especie de moneda griega, llamada en latin Bizantius, que hoy es la ciudad de Constantinopla, de donde la tomaron por armas los que fueron a la conquista de la Tierra Santa." La bordura simboliza protección, favor y recompensa; así mismo la cota que vestían los caballeros para la guerra y que al salir de la pelea, ostentándola manchada de sangre enemiga, eran premiados con el añadido de la bordura de escudo, como insignia de valor. La bordura también se usa para combinar armerías, con la particularidad que las armas situadas en la bordura tienen siempre carácter secundario. Las familias españolas, que traen cadenas en su blasón, es por la batalla de las Navas, en la que se rompió el palenque de Miramomelín, guarnecido de gruesas estacas y cadenas muy fuertes La casa solariega, también llamada solar, casa fuerte, casa palacio, casa torre, casona, casal, etc., es el símbolo de las antiguas libertades de los nobles, caballeros e hidalgos, notoriedad y nobleza.
