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De Guipúzcoa. Domingo Lengarán probó su hidalguía ante la Justicia ordinaria de Oñate, en 1616; Juan Lengarán lo hizo en la misma villa en 1650, y José y Cristóbal Lengarán, en 1722. Cristóbal Lengarán, vecino también de Oñate en 1580, casó con doña Magdalena de Resusta, y fueron padres de Pedro Lengarán y Resusta, que en 1614 contrajo matrimonio con doña María de Ansularas, a la que hizo madre de Cristóbal Lengarán y Ansularas, que en 1655 celebró su enlace con doña María de Olarán, en la que tuvo a Francisco Lengarán y Olarán, casado con doña Francisca de Amiama, en la que procreó a José Lengarán y Amiama, que se unió en matrimonio con doña Josefa de Elcorobarrutia, naciendo de este enlace Antonio Lengarán y Elcorobarrutia, padre de doña Josefa de Arabaolaza, y de José Lengarán y Arabaolaza, marido de doña María Antonia de Ugartondo, con sucesión.

Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.               

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.