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Una casa de este apellido hubo en la anteiglesia de Arrieta, del partido judicial de Guernica (Vizcaya). Juan de Lejárraga, vecino de la mencionada anteiglesia, se unió en matrimonio con doña María Juanes de Lorriaga, y de este enlace nació Francisco de Lejárraga y Lorriaga, esposo de doña María San Juan Otazúa, en la que tuvo a Juan de Lejárraga y Otazúa, que celebró su enlace con doña María de Oleaga, y fueron padres de Francisco de Lejárraga y Oleaga, vecino de Miranda de Ebro (Burgos) y casado con doña Manuela Herrán. Tuvieron a Baltasar y José de Lejárraga y Herrán. Estos dos hermanos, vecinos de San Millán de la Cogolla (Rioja), obtuvieron declaración de vizcainía en la Real Chancillería de Valladolid, el 20 de Diciembre de 1735. El primero, Baltasar de Lejárraga y Herrán, casó con doña María Antonia de Artiaga, y fue su hijo Juan Antonio de Lejárraga y Artiaga, marido de doña María de Llanos, y ambos padres de Ángel de Lejárraga y Llanos, bautizado el 3 de Marzo de 1753 y vecino de Santo Domingo de la Calzada (Rioja), que el 2 de Octubre de 1806 obtuvo también declaración de su vizcainía en Valladolid.         

Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.