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En la villa de Rigoitia, del partido de Guernica (Vizcaya). De ella fue natural I. Fortuño de Larragán, esposo de doña María Pérez de Larragán, y ambos padres de II. Pedro de Larragán y Larragán, que casó con doña María de Echavarría y Llona, y procrearon a III. Juan de Larragán y Echavarría, bautizado en Munguía, del mismo partido de Guernica, el 5 de Junio de 1609, y casado con doña Antonia de Acillona, a la que hizo madre de IV. Juan de Larragán y Acillona, bautizado en Munguía, el 14 de Mayo de 1652, que contrajo matrimonio con doña Juana de Peruchena, naciendo de esta unión V. Juan de Larragán y Peruchena, bautizado en Munguía el 24 de Mayo de 1671, que celebró su enlace con doña Jacinta de Garay, y fueron padres de VI. José de Larragán y Garay, bautizado en Gática el 19 de Marzo de 1703, que tuvo por esposa a doña María de Amesti, y en ella procreó a VII. Bartolomé de Larragán y Amesti, bautizado en Guerricáiz, villa del partido de Marquina, el 15 de Abril de 1727. Fue abogado de los Reales Consejos y vecino de Miranda de Ebro (Burgos). El 26 de Mayo de 1775, obtuvo declaración de vizcainía en la Real Chancillería de Valladolid.

Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.               

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.