Hay encontradas opiniones sobre el origen, procedencia y formación de este linaje. Una afirma que su primitivo y verdadero nombre fue el de Lansagarreta, apellido este oriundo de las proximidades de Marquina, que llegó a Bilbao en el siglo XV noble y limpio, pasando más tarde a la Encartación, donde se convirtió en Lanzagorta, y dejando respetable representación en el pueblo de Zalla, del partido judicial de Valmaseda. Y otra de esas opiniones asegura que el apellido que nos ocupa es Lazakorta y que viene del nombre del lugar de Arantzagoria, del valle de Gordejuela, en Irazagorria, también en la antigua Encartación, y hoy perteneciente al partido judicial del Valmaseda. Dejando a un lado la exactitud y fundamento que puedan tener esas opiniones, es lo cierto y comprobado que la familia apellidada Lanzagorta radicó en el barrio de Lanzagorta de Abajo (cuyo nombre, sin duda, tomó), del citado valle de Gordejuela, y que de ella fue I. Santiago Lanzagorta, natural de Lanzagorta de Abajo, esposo de doña Antonia de Rivas, natural del barrio del Pontón, en el mismo valle de Gordejuela, y ambos padres de II. Antonio Lanzagorta y Rivas, natural del barrio del Pontón, que casó con doña Juana de Urtusaustegui y la Puente, de igual naturaleza, y procrearon a III. Antonio Lanzagorta y Urtusaustegui, natural del barrio del Pontón, Capitán y Caballero de la Orden de Calatrava, en la que ingresó el 2 de Junio de 1750. Se unió en matrimonio con dona Rosa Francisca de Landeta y Urtusaustegui, natural de San Miguel el Cirande, y de esta unión nació IV. Francisco Antonio Lanzagorta y Landeta, natural de San Miguel el Grande, en el Reino de Nueva España, y Caballero de la Orden de Calatrava, desde el 2 de Junio de 1749. También procedio de la misma casa I. Pedro Lanzagorta, natural de Gordejuela, que contrajo matrimonio con doña María de Palacio, natural de Mendieta, en el Concejo de Zalla y partido judicial de Valmaseda, y tuvieron este hijo II. Ventura Lanzagorta de Palacio, natural de Mendieta, que celebró su enlace con doña María de Velasco, natural de Arciniega en Álava, y fueron padres de III. José Lanzagorta y Velasco, natural de Mendieta, del Consejo de S. M., Secretario y Oficial de la Contaduría General de Distribución de la Hacienda y Caballero de la Orden de Santiago, con fecha 10 de Septiembre de 1738. Su solar radicó en San Andrés de Echevarría del partido de Marquina (Vizcaya). Otra casa hubo en la villa de Anzuola, del partido de Vergara, en Guipúzcoa, y de ella procedio Juan Martínez de Lausagarreta, dueño de la casa solar de Garitano de Pedro García, en Vergara, y padre de Juan Martínez de Lausagarreta, que probó su hidalguía en Vergara, en 1635. Otro Juan Martínez de Lausagarreta era vecino de Azcóitia, también en Guipúzcoa, y Alcalde de la Hermandad en 1462. Diego y Garpar de Lausagarreta probaron su hidalguía en Elgóibar, en 1722. Joan Bautista de Lausagarreta lo hizo en Zumárraga, en 1775.
Escudos de Armas del apellido:
De oro, con un roble (manzano, según Juan Carlos de Guerra), de sinople, y dos lobos, de su color, pasantes al pie del tronco. Bordura de gules con ocho sotueres de oro.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. El esmalte sinople es el verde. Su significado es la esperanza, la abundancia y la libertad; cuantos llevan este esmalte en su escudo quedan obligados a socorrer a los labradores en general y a los huérfanos y pobres que se encuentren oprimidos. Su signo zodiacal corresponde a Mercurio; su elemento es la tierra; el día de la semana, el miércoles; su mes, mayo; su metal, el azogue; como planta, el laurel; la flor, la siempreviva y como ave, el papagayo. En los blasones de los príncipes recibe el nombre de Venus; esmeralda, en el de los títulos y sinople en los de la nobleza en general. El sotuer o aspa se trae a las armerías españolas por la batalla de Baeza, ganada contra los moros el día de San Andrés del Año de 1227, que es la forma de la Cruz en que estuvo este Santo Apóstol en su martirio. La bordura simboliza protección, favor y recompensa; así mismo la cota que vestían los caballeros para la guerra y que al salir de la pelea, ostentándola manchada de sangre enemiga, eran premiados con el añadido de la bordura de escudo, como insignia de valor. La bordura también se usa para combinar armerías, con la particularidad que las armas situadas en la bordura tienen siempre carácter secundario.
