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En los albores de la historia, cuando los valles aún susurraban nombres de linajes y las piedras guardaban memoria de escudos, surgió el nombre de Liaño, solar de escuderos valientes, según lo atestiguó el sabio Lope García de Salazar. Aunque de renta escasa, su estirpe brillaba como acero al sol.

Desde el corazón de Villaescusa, en la verde Cantabria, se alzó el primer bastión de los Liaño, tomando su nombre del lugar que lo vio nacer. Allí, Lope de Liaño, patriarca de la casa, engendró a dos vástagos: Pedro Díaz de Liaño y Juan de Liaño, cuyas hazañas se esparcieron como viento por la península.

En Laredo, otro solar se erigió, bajo el mando de Hernando de Liaño, Hidalgo de noble temple, registrado en el Padrón de 1584. La sangre Liaño cruzó montes y ríos, y en tierras de Extremadura fundó nuevos dominios: Fuentes de León, Burguillos del Cerro, y la ciudad de Zafra, donde el apellido se convirtió en estandarte.

En Aragón, en la villa de Munébrega, se alzó otro bastión, regido por Joan de Lianyo, cuya existencia quedó grabada en la Fogueración de 1495. Y en Castilla, la ciudad de Valladolid acogió a la casa Liaño en el siglo XVI, donde Francisco Liaño y Arjona, nacido en Fuentes de León, se alzó como Capitán de Navío y Jefe de Escuadra de Su Majestad, siendo investido Caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén en el glorioso año de 1703.

Religiosos de férrea fe como Pedro de Liaño, Prior de Poyos, y Ignacio Joaquín de Liaño y Méndez, que probó su limpieza de sangre para ingresar en la Orden de Alcántara, elevaron el nombre de su casa a los altares de la virtud.

Ante los tribunales de la nobleza, los Liaño se presentaron con honor y linaje incontestable. En Valladolid, Alonso, Gonzalo y Lope Liaño en 1530, y otros tantos en siglos posteriores, defendieron su hidalguía como caballeros de ley. En Granada, nombres como Cristóbal, Diego, Hernando, Fernán, Juan, Álvaro y Luis Liaño, entre otros, se alzaron como testimonio de sangre limpia y nobleza antigua.

Incluso ante el Santo Oficio, Juan Liaño Venegas y Fray Lucas de Liaño, descendientes de estirpe ilustre, probaron su pureza para ejercer cargos de gran responsabilidad, extendiendo el legado hasta las tierras de México, donde la llama del apellido ardía con fuerza.

Expedientes de hidalguía, ingresos en seminarios reales, y cargos en ayuntamientos fueron conquistados por Juan Liaño y Arjona, Antonio de Liaño y Guevara, José Manuel de Liaño y Granados, y Bernabé Liaño Sánchez Arjona, quien en 1786 ingresó en el Real Seminario de Nobles de Madrid, como si el destino mismo le abriera las puertas de la historia.