(En Colombia) Apellido muy común en Galicia, cuya hidalguía no consta, pero sí su expansión por tierras americanas, especialmente en las de Colombia, en el antiguo departamento del Cauca, unido a otros apellidos muy gallego; e ilustres, como Tenorio, Romay, etc. VICENTE ANTONIO LOURIDO casó con Ignacia Romay; naturales de Galicia; tuvo por hijo a FRANCISCO LOURIDO, natural de La Coruña, falleció en Cali (Colombia), 1763; casó con María Jacinta Caicedo Tenorio, falleció en 1798 (habían casado el 8-IX-1751) ; tuvo por hijo a 1. IGNACIO LOURIDO CAICEDO, que casó con María Ignacia Caicedo y Hurtado. Ignacio falleció en 1798. 2. María Francisca, casó con José Ramos. 3. María Antonia, que testó en 1831. 4. Bárbara, monja carmelita. 5. Vicente de este procedieron Alberto y Jose María Lourido, ambos con sucesión. José María Lourido, casó con María Antonia Cruz Cea. La familia proliferó extraordinariamente, como se puede ver en el Diccionario... de Arboleda, apareciendo numerosos apellidos gallegos enlazados al de Lourido, como Marín, Albán, Escobar, Costa, Cajiao.
Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.
