El tratadista Vidal, en sus "Apuntes Genealógicos", manuscrito, tomo III, folio 385, dice que este apellido tuvo casa solar en el lugar de Eleta (Navarra) y refiere la siguiente genealogía: Catalina de Irigoyenzar, Señora de esta casa en Eleta, casó con Manuel Dulzurrun, y fueron padres de Sebastián de Irigoyenzar y Dulzurrun, esposo de doña María Eguiaberne, a la que hizo madre de Juan de Irigoyenzar y Eguiaberne, que contrajo matrimonio con doña Juana de Aurizteguieta, y procrearon a Pedro de Irigoyenzar y Aurizteguieta, marido de doña Dominica Gárate, y ambos padres de Beltrán de Irigoyenzar y Gárate, que celebró su enlace con doña María de Usurdiaga, y tuvieron por hijo a Juan de Irigoyenzar y Usurdiaga, que casó con doña Catalina de Gaztelu, naciendo de esta unión Joaquín de Irigoyenzar y Gaztelu, que se unió en matrimonio con doña Graciosa de Aura, y en ella tuvo a Manuela de Irigoyenzar y Aura, esposa de Martín de Beramendi, y ambos padres de Javiera de Beramendi e Irigoyenzar, mujer de Ángel Francisco Yoldi. Con sucesión.
Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.
