Apellido navarro. Sus casas radicaron en los lugares de Azpilcueta y Urrasun, del valle del Baztán y partido judicial de Pamplona; en el de Uriz, del Ayuntamiento de Arce y partido judicial de Aoiz; en el valle de Salazar y en las villas de Unciti y Echalaz, del mismo partido judicial de Aoiz. En Guipúzcoa hubo otras casas de Iribarren en las villas de Lazcano y de Oreja, del partido de Tolosa. En 1770, Francisco de Iribarren, natural de Pamplona, fue declarado noble por la Real Audiencia de dicha capital en unión de sus hijos Pedro, Maria, Josefa y Vicenta de Iribarren, como descendientes de la casa de este apellido en el valle de Salazar. De la casa del lugar de Azpilcueta procedio Miguel de Iribarren, natural de Pamplona y vecino de Cádiz, que en 1779 fue reconocido en su nobleza por los Tribunales de Navarra. A la casa de Iribarren del lugar de Uriz, pertenecieron Francisco y Manuel Esteban de Iribarren, hermanos, declarados asimismo nobles en 1776. Del lugar de Unciti procedio León de Iribarren y Zunzagarren, vecino de Pamplona, también reconocido en su nobleza en 1560. De la casa de la villa de Echalaz fue Juan de Iribarren, natural de Echalaz, que contrajo matrimonio con doña María Jacinta de Aristegui, de igual naturaleza, y fueron padres de Juan de Iribarren y Arístegui, natural de Echalaz, que casó con doña María Rosa de Lanz, natural de Vera de Bidasoa (hija de Pedro Machinena de Lanz y de doña Graciana de Garmendia, ambos de Vera de Bidasoa), naciendo de esa unión Martín de Iribarren y Machinena de Lanz, natural de Vera de Bidasoa, que celebró su enlace con doña María Josefa Polo e Iriarte, natural de Pamplona (hija de Diego Polo, natural de Tudela, y de doña María Juana de Iriarte, natural de Turrillas), y procrearon a Miguel de Iribarren y Polo, natural de Pamplona y Caballero de la Orden de Carlos III, en la que ingresó el 23 de Julio de 1801. Los Iribarren pasaron también a Chile. Martín de Iribarren, vecino de la Serena (Chile), fue Regidor, Alcalde en 1697, Procurador en 1698 y Teniente de los Oficiales Reales de Santiago de Chile. Casó en dicha ciudad con doña Damiana de Rojas y Ortiz de Caravantes (hija del conquistador Diego de Rojas Caravantes y de doña Mariana Niño de Cepeda y Mendoza), y tuvieron varios hijos que dejaron sucesión en aquella República, especialmente en la Serena.
Escudos de Armas del apellido:
La casa del valle de Salazar: De gules, con un lobo andante de sable, armado de oro y cebado de un carnero de plata, con los cuernos de oro. La casa del lugar de Azpilcueta usó, según la Nobleza Executoriada de Navarra, las armas del valle del Baztán (escudo jaquelado de plata y sable); pero según Hita, ostentó: De azur, con un ciervo de oro, andante. Estas mismas armas trajeron los Iribarren de las casas de Arberoa, Mixa y Lazcano. La casa de la villa de Oreja, en Guipúzcoa: De sinople, con un castillo de plata, y saliendo de la puerta del castillo, una cadena. Iguales armas usaron los Iribarren de Santiago de Chile, según se ven en un retrato auténtico de Antonio de Iribarren y Niño de Cepeda, que hoy pertenece a Miguel Munizaga e Iribarren. Los de Guipúzcoa y Chile traen: en campo de sinople, un castillo de plata y una cadena saliendo por su puerta. Los de Navarra traen: escudo jaquelado de plata y sable.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. El esmalte azul (azur) simboliza la realeza, la serenidad y la hermosura. Los que los lleven en sus armas, están obligados a socorrer a los fieles servidores de sus príncipes que "se hallan sin remuneración por sus servicios". En las piedras preciosas representa al zafiro y en los signos del Zodiaco a que se encuentra sujeto son Tauro y Libra. Su elemento es el aire; su metal, el acero; el día de la semana, el viernes; los meses, abril y septiembre; su árbol, el álamo; la flor, la violeta; su animal, el camaleón y su ave, el pavo real. El azur se llama Júpiter en las armerías reales, zafiro en las de los títulos y azur en la nobleza. El esmalte sinople es el verde. Su significado es la esperanza, la abundancia y la libertad; cuantos llevan este esmalte en su escudo quedan obligados a socorrer a los labradores en general y a los huérfanos y pobres que se encuentren oprimidos. Su signo zodiacal corresponde a Mercurio; su elemento es la tierra; el día de la semana, el miércoles; su mes, mayo; su metal, el azogue; como planta, el laurel; la flor, la siempreviva y como ave, el papagayo. En los blasones de los príncipes recibe el nombre de Venus; esmeralda, en el de los títulos y sinople en los de la nobleza en general. Las familias españolas, que traen cadenas en su blasón, es por la batalla de las Navas, en la que se rompió el palenque de Miramomelín, guarnecido de gruesas estacas y cadenas muy fuertes Del carnero se servían los antiguos para declarar la guerra a sus enemigos, y enviandole por un Heraldo, le arrojaban en sus fronteras; y así es símbolo de guerra y de atrevimiento. Los castillos son geroglífico de grandeza, y de elevación, porque ellos exceden en hermosura, en fortaleza, y en magnitud a todos los demás edificios: denota también el asilo, y la salvaguardia. La casa solariega, también llamada solar, casa fuerte, casa palacio, casa torre, casona, casal, etc., es el símbolo de las antiguas libertades de los nobles, caballeros e hidalgos, notoriedad y nobleza. El ciervo simboliza ánimo esforzado, que saca y recobra energías aun en las ocasiones más adversas. Representa al soldado experimentado y prudente que aguarda cautamente la llegada de sus adversarios.
