Apellido vizcaíno. En la Real Chancillería de Valladolid hay dos pleitos sobre sucesiones de bienes, en los que figuran como litigantes individuos de este linaje. Martín de Inchaurraga fue esposo de doña María Ochoa de Uribe, y ambos padres de Domingo de Inchaurraga y Ochoa, vecino de la anteiglesia de Arratia, que casó con doña María Echavarría, y procrearon a Antonio de Inchaurraga y Echavarría, bautizado en la anteiglesia de Dima el 3 de Mayo de 1645. Contrajo matrimonio con doña María Ramos de Llano, a la que hizo madre de Pedro de Inchaurraga y Ramos, bautizado en Abando el 8 de Mayo de 1694, que celebró su enlace con doña Francisca Antonia Aparicio de Uribe, naciendo de esta unión Pedro Francisco de Inchaurraga y Aparicio, bautizado en Bilbao el 27 de Febrero de 1729. Fue Abogado de la Real Chancillería de Valladolid, y el 20 de Diciembre de 1785 obtuvo declaración de vizcainía en la misma Chancillería.
Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.
