D. CLEMENTE GONZÁLEZ, casó con Dª Manuela de Cáceres, y tuvo por hijo a D. EUGENIO GONZÁLEZ DE CÁCERES; éste casó con Dª María González Maldonado (hija de D. Francisco González y de Dª Ana de Almeida Maldonado, naturales de la ciudad de Salamanca); tuvo por hijo a D. SALVADOR GONZÁLEZ MALDONADO, natural de la ciudad de Santiago, feligresía de San Fructuoso; casó con Dª María Josefa Martínez Bermúdez, natural de la ciudad de La Coruña (hija de D. Tomás Francisco Martínez Bermúdez Barba y Figueroa y de Dª María Rosa Gómez de Fontenla, oriundos de La Coruña; nieta de D. Andrés Martínez, natural de San Salvador de Fene, y de Dª Magdalena Bermúdez Barba y Figueroa); tuvo por hijo a D. JOSÉ GONZÁLEZ MALDONADO, natural de la ciudad de La Coruña, del Consejo de Su Majestad y su secretario con ejercicio de Decretos, oficial 1º de la Secretaría de Estado, caballero de Carlos III, etc., etc. Hizo información de filiación y nobleza en 1824, de la que se han tomado los presentes datos.
Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.
