Al hablar de los AUZ hemos recogido los nombres de algunos de los GONZÁLEZ DEL VILLAR, dueños de la casa y pazo de Arzúa (véase AUZ, DE UZ y RUBINOS, de San Esteban de Prevezos). Otros con los mismos apellidos, y probablemente emparentados con los de Arzúa, fueron los de la Casa de Villar, en la ciudad de Santiago, en la calle conocida por el nombre de Rúa del Villar. De ellos hemos encontrado en el archivo de la Torre del Monte (Padrón) los datos que damos a continuación: D. MIGUEL RODRÍGUEZ DO VILLAR, dueño y señor de la casa de Villar, en Santiago, tuvo por hijo a D. ARIAS GONZÁLEZ DO VILLAR, hermano del Ilmo. Sr. D. Juan Arias do Villar, obispo de Oviedo; fue señor de la casa do Villar; tuvo por hijo a D. JUAN ARIAS DO VILLAR, que tuvo por hijo a 1. D. Fr. Antonio Suárez do Villar, provincial de la Orden de San Francisco. 2. D. Benito Suárez do Villar, gobernador de los estados de Lemos y Andrade; regidor y capitán de la ciudad de Santiago y su alcalde. 3. Dª. Mayor Álvarez do Villar, que casó con el licenciado D. Alvaro de Romay Reino y Sotomayor, señor de la Torre del Monte, en las afueras de la villa del Padrón (V. ROMAY, de la Torre del Monte).
Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.
