Hemos tratado de algunos de sus antecesores en ACUÑA, La Genealogía de la Rama Troncal, y daremos más extensas referencias en SARMIENTO DE ACUNA sobre esta célebre familia. El primero que, por gracia de D. Felipe III, ostentó este Título fue el celebre diplomático don Diego Sarmiento de Acuña, señor de Vincios, gobernador perpetuo de Bayona, alcaide del palacio de San Jerónimo de Madrid, alcalde de Valladolid en su período de corte de España; comendador de Almagro, Guadalenza y Monroyo, en la Orden de Calatrava, y su visitador general; mayordomo del Rey, su embajador en Inglaterra, Francia y Alemania, etc., etc. Su nombramiento como Conde de Gondomar es del 12-VI-1617. Don Diego contrajo matrimonio con la Marquesa de Montalvo, como se deduce de un documento del archivo general de Simancas, en que D. Diego solicita se le exima del pago de lanzas, por estar sus tierras embarazadas con motivo de las guerras con Portugal, ofrece, en cambio, un juro de 300.000 mrs. en alcabalas de Sevilla, situado en cabeza del general Francisco de Nóboa, que pertenecían a su esposa, la Marquesa de Montalvo. El Rey accede a ello, en 13-IV-1654. En otro documento del mismo archivo (folio 166 del mismo legajo citado anteriormente), don Diego da una carta de obligación, consignación y poder en causa propia, para la paga del sueldo de lanzas, por espacio de seis años. Allí el Conde de Gondomar se llama D. Diego Méndez de Sotomayor Sarmiento de Acuña, a 24-IV-1634. Y en 27-?-1668, S. M. le exime de pagar mayor consignación por razón de lanzas, pues D. Antonio de Vidamia a cuyo cargo estaba la cobranza del servicio de lanzas, quería obligarle a mayor paga, dando por razón que los cambios de los tiempos hacían pequeño aquel juro sobre las alcabalas de Sevilla. Según el Berní, D. Francisco Sarmiento escribió acerca de esta ilustrísima familia, pero recientemente escribió sobre esta gran figura de Galicia, el I Conde de Gondomar, un meritísimo estudio el Excmo. Sr. D. Francisco Javier Sánchez Cantón.
Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.
