Casas solares en Begoña y en la villa de Arracundiaga, ambas del partido judicial de Bilbao. A la casa de Begoña pertenecieron: Mateo Agustín y Marta Margarita de Gorostizaga y Marusi, que sostuvieron pleito en 1773 sobre sucesión de un mayorazgo fundado por su padre Nicolás Agustín de Gorostizaga y de Vitoria, ganándolo la hija ante el Corregidor de Bilbao, el 9 de Octubre de 1772, y en la Chancillería de Valladolid el 19 de Mayo y 9 de Julio de 1773. De la casa de la villa de Arracundiaga descendió I. Antonio de Gorostizaga, natural de Arracundiaga, Señor de la casa y solar de su apellido, que casó en Abando (Vizcaya), con doña María de Orué, natural de Abando, y fueron padres de II. Prudencio de Gorostizaga y Orué, natural de Abando y casado en Oquendo (Álava), con doña María de Urquizo y Arana, a la que hizo madre de III. Manuel Antonio de Gorostizaga y Urquizo, bautizado en la parroquia de San Román, del Valle de Oquendo, el 14 de Noviembre de 1744. Pasó a Chile y fue Comandante del Regimiento de Dragones de Rancagua en 1779 y Subdelegado del Partido de Illapel, en 1790. Casó en la parroquia del Sagrario, de Santiago de Chile, el 4 de Febrero de 1775, con doña María del Tránsito Ana Martínez de Aragón.
Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.
