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En la villa de Bernedo, del partido judicial de Laguardia (Álava). I. Francisco González, natural de Bernedo, casó con doña Magdalena Vallejo, de igual naturaleza. Sus hijos y demás descendientes usaron siempre unidos los apellidos González y Vallejo. Procrearon a II. Juan González Vallejo, natural de Bernedo, esposo de doña María Piérola, y ambos padres de III. Gregorio González Vallejo y Piérola, bautizado en Bernedo el 26 de Septiembre de 1650 y casado con doña Isabel González San Román,.a la que hizo madre de IV. Gregorio González Vallejo y González San Román, bautizado en Bernedo el 11 de Noviembre de 1674, que se unió en matrimonio con doña Lorenza de Laño, naciendo de este enlace V. Mateo González Vallejo y Lano, bautizado en Bernedo el 26 de Septiembre de 1706, que en su mujer doña Bernarda de Foronda tuvo a Manuel, Antonio, Francisco, Diego e Isabel González Vallejo Foronda. Estos cinco hermanos, vecinos de San Julián de Campezo, obtuvieron Real provisión de hidalguía en la Chancillería de Valladolid el 6 de Diciembre de 1792.

Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.