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En la anteiglesia de Amorebieta, del partido judicial de Durango (Vizcaya). I. Martín González Pedroso Dudagoitia, y su mujer doña Marina Dudagoitia, ambos vecinos de Amorebieta, fueron padres de II. Juan González Pedroso Dudagoitia,, bautizado en Amorebieta el 16 de Mayo de 1577, que casó con doña María Ruiz, a la que hizo madre de III. Juan González Pedroso Ruiz, bautizado en Amorebieta el 11 de Febrero de 1606, que celebró su enlace con doña Brígida Sánchez de Larena, y tuvieron a IV. Nicolás González Pedroso y Sánchez de Larena, bautizado en Cerezo el 14 de Diciembre de 1642, que se unió en matrimonio con doña Isabel García Manso, y procrearon a V. Juan González Pedroso y García Manso, bautizado en Pedroso el 6 de Enero de 1667, que tuvo por esposa a doña Francisca Riaño Gamboa, y fueron padres de VI. Francisco González Pedroso y Riaño, bautizado en Cerezo el 17 de Octubre de 1712 y esposo de doña María Santos Bastida, que le hizo padre de 1º Justo González Pedroso y Bastida, bautizado en Cerezo el 16 de Agosto de 1769, y 2º Hipólito González Pedroso y Bastida, bautizado en Pedroso el 16 de Agosto de 1772. Estos hermanos obtuvieron declaración de vizcainía en la Chancillería de Valladolid, el 6 de Mayo de 1817.            

Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.               

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.