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En el lugar de Gobeo (cuyo nombre tomó), del Ayuntamiento y partido judicial de Vitoria (Álava). Una de sus ramas moró en la villa de Subijana, del mismo partido de Vitoria, y de ella fueron: Blas Antonio y Juan Miguel Gobeo de Caicedo, Caballeros de la Orden de Santiago desde el 17 de Noviembre de 1679. Ochoa de Gobeo, sin duda ascendiente de los anteriores, y vecino de, Subijana, hizo información de hidalguía en 1525. Pedro de Gobeo, vecino de Fuentidueña, también probó su hidalguía en 1556. Y Francisco Gobeo de Obalos, rindió la misma información en 1774. Fue vecino de Madrid. Otros Gobeo hubo en Vizcaya, originarios del barrio de Gobeo (cuyo nombre tomaron), perteneciente al Ayuntamiento de Zalla y partido judicial de Valmaseda. De éstos fue Francisca de Gobeo Marroquín de Montehermoso, casada con Juan Muñoz, ambos vecinos de Valmaseda, que sacó carta ejecutoria de hidalguía en la Real Chancillería de Valladolid, el 28 de Julio de 1618. Esta señora heredó el mayorazgo de las casas de Montehermoso y Mendieta.      

Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.