Este apellido proviene de una gran antiguedad, siendo un linaje nobilísimo, ya que parte de aquellos tiempos en que, el valeroso don Pelayo, se refugió en las ásperas montañas del Norte para reorganizar las fuerzas con que contaba y partir de allí a la reconquista de España ocupada por los árabes invasores. Ya en la famosa cueva de Covadonga, el invicto Pelayo recontó los nobles que le habían seguido, tan dispuestos como él a no cejar en el empeño de expulsar del suelo patrio a los intrusos y, entre los esforzados guerreros que se agruparon a su lado, distinguió a varios llamados Gil. Allí estaban junto a otros tan esforzados como ellos y fueron todos los que, de común acuerdo, decidieron que Pelayo fuera su caudillo y rey. Por los documentos del genealogista Salazar de Mendoza, extraídos de su obra "Dignidades de Castilla", sabemos los datos que precisamos para hablar del linaje Gil. Pero también Rades de Andrade, se refiere a este noble linaje en su "Crónica de las Tres Ordenes de Santiago, Calatrava y Alcántara", al igual que Bernardo de Fonseca Pinto, en "Armas de Nobles" y por si esto fuera poco existen documentos en la Academia de la Historia, que pueden ser consultados, en donde asimismo consta el apellido Gil como de gran nobleza y antiguedad. Pero acaso, el que más detalles consigne de este linaje, sea Mosén Jaime Febrer en sus célebres "Trovas". Decíamos que los caballeros del apellido Gil unidos a don Pelayo, ya reconocido como rey, muerto el desdichado don Rodrigo, en su batalla contra los moros que dio con él en derrota, determinaron emprender la Reconquista. En un comienzo y como era lógico, las acciones de Pelayo y los suyos forzosamente tenían que ser muy limitadas, dado que se enfrentaban a un enemigo mucho más numeroso. Pero, poco a poco, fueron avanzando y es bien cierto que, teniendo como refugio natural las montañas, el enemigo no se atrevía a penetrar en ellas, con lo que aquellos a quienes se debe el inicio de la Reconquista disponían siempre de una retaguardia segura. No porque muriera don Pelayo sus huestes cesaron en su empeño. Poco a poco, como impetuoso torrente se fueron derramando por el norte de España, expulsando a los moros que no se atrevían a hacer frente a los valerosos caballeros. Y así, ya en aquellos lejanas fechas, dieron enormes pruebas de valor y heroísmo Miguel Gil y dos hijos suyos. Con el tiempo, fundaron su casa solar en el valle de Mena, cerca de la villa de Espinosa de los Monteros, pues hasta allí, y aun más lejos, habían llegado las armas cristianas en su lucha contra los invasores musulmanes. Es seguro que, partiendo de los caballeros godos que acompañaron a don Pelayo y de quienes se desconocen sus nombres, no así su apellido, el progenitor del linaje Gil, propiamente dicho, fue el noble que antes hemos citado, don Miguel Gil, quien se prolongó a través de sus hijos, y estos por medio de los suyos para ir propagando el linaje al que pertenecían. Ya con la península dotada de monarquías con reyes cristianos, y aun continuando la dura lucha contra los moros, encontramos a Alonso Gil, que fue Alférez en los Ejércitos del rey don Ramiro, al cual prestó relevantes servicios. Posteriormente, uno de sus descendientes acompanó al rey Fernando "el Santo", en la conquista de Baeza, en el año 1.227. Más tarde, Juan Gil sirvió en las guerras contra los sarracenos del reino de Murcia, con un escuadrón de hombres de armas, pagado a costa suya y sin que la Corona tuviera que desembolsar dinero alguno por las pagas y manutención de aquellos soldados. En el año 1.248, en la conquista de Sevilla por el antes citado rey don Fernando "el Santo", resultaron famosos por su bravura en el combate, cinco miembros de la familia Gil, que se llamaron, a saber: Juan Gil, Martín Gil, Rui Gil, Blasco Gil y Manrique Gil. Tales hazañas protagonizaron y con tantísimo valor se enfrentaron a los moros, que el Rey Santo, llegó en su reconocimiento y gratitud por los servicios que le habían prestado tan valerosos caballeros a que, en su lecho de muerte, recomendó a su hijo y sucesor don Alfonso "el Sabio", que remunerase con mano generosa a los cinco caballeros del linaje Gil, por sus altos merecimientos. Lo que hizo don Alfonso, colmando de dignidades a los cinco, otorgándoles ricas heredades en Sevilla y sus alrededores, como así consta en el repartimiento que se halla consignado en la segunda parte de la Historia de Sevilla, escrita por el licenciado don Pablo de Espinosa. De la misma época fue don Gonzalo Gil, quien siguió las huellas de sus esclarecidos parientes, emulándolos en sus hazañas, hasta el punto que el rey don Alfonso lo premió, nombrándole Adelantado Mayor del reino de León. Y es que fueron tantos los miembros del linaje Gil que, en tiempos del rey Alfonso florecieron y tantas sus hazañas y merecimientos que basta con consignar el dato de que en los últimos tiempos del Rey antes mencionado, se contaban trece caballeros llamados Gil en la Orden Militar de Santiago, siendo Comendador de la misma otro de tan ilustre linaje, don Rui Gil. Con posterioridad a este reinado, el rey don Pedro I de Castilla, (llamado por unos, "el Cruel" y por otros, "el Justiciero" nombró Adelantado Mayor del Reino de Murcia a don Martín Gil, como prueba del afecto y agradecimiento que el citado caballero le mostró siempre con su lealtad aun en los más difíciles trances por los que el expresado monarca tuvo que pasar a causa de la guerra fratricida que le hacía su hermanastro, el bastardo de Trastamara, más tarde rey por el asesinato de don Pedro, con el nombre de Enrique II y que alcanzó la Corona gracias a las tropas mercenarias que el rey de Francia puso a su disposición. Hubo otros ilustres solares de este apellido, Gil, en las montañas de Burgos, en la Merindad de Trasmiera y en el Valle de Tuesga, en el lugar de Ogorrio, difundiéndose paulatinamente por ambas Castillas, Galicia y Aragón. Una línea del linaje Gil se estableció en Extremadura, particularmente en Cáceres, dando origen a la prolongación de este apellido no sólo por la región extremeña, sino por las provincias limítrofes. En Vizcaya hubo casas en la villa de Bilbao y en el barrio de Molinar, cercano a la villa de Carranza, del partido judicial de Valmaseda. De la casa de Bilbao fue Fermín Gil y Alipazaga, Caballero de la Orden de Santiago, desde el 11 de Noviembre de 1774. De la del barrio de Molinar procedió Juan Gil Campillos, Maestre de Campo, Castellano del Castillo de Torato y Caballero de la Orden de Santiago, con fecha 17 de Junio de 1652. Los de Galicia semejan proceder de la tierra de Deza, en la que poseyeron distintas casas blasonadas, de las que salieron notables figuras para ocupar puestos distinguidos, particularmente los que conocemos por los GIL TABOADA. Acaso se deba a ello la semejanza de blasones de algunos Gil (GIL-3) con los SUÁREZ DE DEZA, asentados a orillas del mismo río. Los genealogistas y antiguos señalan como casa solar de los de Galicia la Torre de Muimenta, «como a media legua de la villa de. Lalín», dice el manuscrito de OCEA-CADAVAL, sin puntualizar más el lugar exacto de dicha torre, aunque suponemos se trate de alguna de las casas que poseyeron en los alrededores de dicha villa pontevedresa, bien a la casa de Bergazos, bien a la de Des, pues la de Barcia queda a mayor distancia que estas dos mencionadas primeramente. Los blasones de los Gil se divisan en la iglesia parroquial de Valeixe (La Cañiza), en Santiago de Ribarteme (Nieves), en la Casa Grande de Sela (Arbo) y en La Casa de Miraelfe (entre Chantada y Villar). Húbolos también en Monterrey, de donde salieron los que pasaron al Nuevo Reino de Granada, etc. Los GIL ABALLE figuran en Vilavella (Redondela). Los GIL ARAUXO poseyeron casa solar en San Cipriano de Ribarteme, que es la llamada Casa de Barro. Sus señores fundaron la Capilla de los Remedio,, en la parroquial de la feligresía de Santiago de Ribarteme. Parientes de estos debieron ser los del Pazo del Barreiro, que fundaron el vínculo del Barreiro en 1615 y cuya genealogía damos en primer lugar en este apartado de nuestro estudio. Los GIL DE LEMOS procedieron del enlace de D. Felipe Gil Villamarín y de Dª María Josefa de Lemos y Taboada; y emparentaron con los Gil Taboada del Pazo de Des. Don Benito Gil de Lemos, conde de Taboada, en 25-VIII-1797, fecha una concordia con el Excmo. Sr. Don Domingo Francisco Gómez de los Cobos, marqués de Camarasa, sobre derecho que éste alegaba a parte de la hacienda de Torés. El Marqués de Camarasa entregó 4.000 ducados a la Casa de Taboada, siendo condición que nunca pudiera esta reclamar nada contra la de Torés: en la ciudad de Santiago ante el escribano Mateo González Mourentán, en la fecha dicha. LOS GIL DE NOGUEROL, fueron dueños de la llamada Casa de Filgueiroa. LOS GIL TABOADA, aparecen empadronados como hidalgos en Lalín, en los años de 1618, 1635, etc. Eran dueños y señores de las casas de Bergazos (feligresía de Sta, Eulalia de Donsión, cerca de la villa de Lalín), de la de Barcia (feligresía de San Esteban de Barcia, cerca de la anterior), y andando el tiempo de la de Des (en la feligresía de Sta. María de Soutolongo, lindante con la parroquia de Lalín). Fueron también de esta familia los pazos de Visantoña (ayuntamiento de Mesía, en el partido judicial de Ordenes) y de la casa de Carballedo, en tierras de Chantada. La casa de Bergazos (papeles antiguos también la llaman de Vergazos) se halla situada al pie de la colina sobre la cual fue construida la Iglesia parroquial de Donsión, y no presenta otro motivo de atracción que una solaina, muy baja de techo, con un escudo de piedra más reciente que el resto de la vetusta fábrica de canteria, ostentando en sus cuarteles los blasones de los GIL en el cuartel 1º, una torre en el 2º (quizá por los SALGADO, unidos a los GUNTÍN, que narraremos en las genealogías de estos señores), de los TABOADA en el 3º y de los GUNTÍN en el 4º. En la iglesia de Sta. Eulalia de Donsión (engida a expensas de los dos arzobispos Gil de Taboada, de Santiago y de SEVILLA), nos salen al paso varias piedras armeras: en una sepultura a ras del suelo, en el lado de la Epístola, en la Capilla Mayor, se divisa la lápida sepulcral de D. Gómez Gil Tabo, fallecido en 1693; y sus cuarteles son de los GIL el 1º, de los TABOADA el 2º, de los VARELA el 3º completándose las Armas de éstos con las tres lises del 4º. Frontera a esta sepultura existe otra, en el lado del Evangelio, de Dª Beatriz Fernández de Guntín, con los blasones de los de este linaje, con orla de cadena y candado, y el emblema heráldico de los SALGADO en el 2º castillo de los FERNÁNDEZ en el 3º y los 13 roeles de los LEMOS en el 4º (lo mismo que en otra lápida ante la fachada de la iglesia de Donramiro, que fue la parroquia de Lalín hasta hace poco, con cuarteles de los GUNTÍN, SALGADO, ULLOA, y LEMOS). Al lado de lápidas referidas, empotrados en las paredes, se alzan dos sepulcros, sin inscripción alguna, con escudos partidos de los GIL y los TABOADA, acaso esperando enterramientos que no llegaron a verificarse, y que nos hacen pensar en los dos arzobispos constructores del templo, que llevaban dichas Armas. Las tres estrellas de los GIL aparecen en faja; los TABOADA ostentan sus tres tablas verticales orladas de ocho calderos, como casi siempre en esta familia; por más que en los dos escudos del altar mayor aparezcan solamente dos tablas y nueve calderos. Esta familia de los GIL TABOADA produjo notables individuos, como D. Jacobo Gil Taboada, abogado y tesorero de la Universidad de Santiago; el obispo de Lugo y arzobispo de Santiago, D. Cayetano Gil Taboada; el obispo de Osma, arzobispo de Sevilla, ministro y presidente del Consejo de Castilla, D. Felipe Gil Taboada; el insigne virrey de España en el Perú, y una de los mejores virreyes españoles en América de todos los tiempos de su imperio. Fray D. Francisco Gil Taboada; a todos los cuales hallaremos en las genealogías, donde los estudiaremos someramente, porque cada uno está reclamando una monografía. Los GIL DE SOBEROSO, hacen remontar su origen nada menos que a la Casa Real de España. Y, en efecto, según D. Francisco de Hita. D. Alfonso Vázquez Martínez, doña Teresa Gil de Soberoso (hija de D. Gil Vázquez de Soberoso y de su esposa Dª María Arias de Fomelos) tuvo, de D. Alfonso IX de León, a D. Martín Alonso Gil (al que hallaremos al estudiar el blasón de esta familia). Este señor casó con la noble dama portuguesa Dª María Mendez y tuvo por hijos a D. Martín Alonso Gil Méndez, D. Basco, D. Enrique y Dª Teresa Gil Méndez. Lo que no parece claro es si el enterrado en el monasterio de las monjas de Sancti Spiritus de Salamanca es D. Martín Alonso Gil (hijo de doña Teresa), o el D. Martín Alonso Gil Méndez (su nieto). Nos inclinamos por lo primero. Los GIL DE VERGARA, los estudiaremos la llegar al apellido VERGARA. En un hermoso dibujo en colores, sobre pergamino, que va al frente del expediente citado de San Juan (número 23.428), aparecen las Armas de los GIL, las de los LEMOS, las de los VILLAMARÍN y las de los ROIS, como propias de don Francisco Antonio Gil Taboada Lemos Villamarín y Rois, el famoso virrey del Perú, al que ya hemos aludido anteriormente. Los GIL del Pazo do Barreiro D. MAURICIO GIL, señor del Pazo do Barreiro, Instituyó el vínculo de Barreiro en 10-V-1615; casó con Dª María Gil y tuvo por hijos a 1. Dª Marta Gil que sigue la línea. 2. Dª María Gil que casó con D. Gaspar Méndez de Gondar y tuvo por hija a a. Dª Serafina Méndez y Gil, que casó con D. Antonio Sarmiento; fueron padres de D. Diego Sarmiento, el cual, de su unión con Dª María de la Calle Troncoso, tuvo por hijo a D. Manuel Sarmiento Troncoso, que contrajo matrimonio con Dª Leonor Toubes. Dª MARTA GIL, casó con D. Francisco Troncoso; tuvo por hijo a D. LUIS TRONCOSO, que casó con Dª Beatriz de Castro y tuvo por hijo a otro D. LUIS TRONCOSO, que casó con Dª Leonor de Saco y Quiroga; tuvo por hijo, entre otros, a D. JUAN LUIS TRONCOSO DE LIRA Y SOTOMAYOR, que casó con Dª Juana Barbeito Padrón Correa y Oya; y tuvo por hijo a 1. D. Mauricio Troncoso de Lira Sotomayor, abad del Couto y de Villar de Crecente. 2. D. JUAN FRANCISCO TRONCOSO, que casó con Dª María Josefa Sarmiento (de la casa de Pombeiro) y tuvo por hijo a D. MAURICIO TRONCOSO Y SARMIENTO, con sucesión. Los GIL de Ababides D. DOMINGO GIL, casó con Dª Catalina Lorenzo, y tuvo por hijo a D. ANTONIO GIL, empadronado como noble en padrones de Tuy de, 1702; casó con Dª Catalina Estua y tuvo por hijo a D. FRANCISCO y a D. Domingo, hermanos vecinos, de Ababides, en la antigua jurisdicción de Xinzo de Limia; Francisco, bautizado el 29-X-1691, Instruyó Juramento en la Real Chancillería de Valladolid, 28-III-1727; Real Provincia de 5-IV-1725. Otra Real Provincia mandando cumplir la anterior, del 20-V-1729. Los GIL, de Piñeira Seca D. ALVARO GIL, casó con Dª María Carreiro, tuvo por hijo a 1. D. José Gil, que sigue la línea. 2. D. Nicolás Gil, que casó con Dª Lucía Carreiro; tuvo por hijo a a. D Francisco Gil, que casó con Dª Ana Fernández y tuvo por hijo a A. D. Miguel Gil, casó con Dª Ángel López; fue vecina de Piñeira Seca, en la jurisdicción de Xinzo de Lirreiro instituyó el vínculo do Barreiro. 1. Dª María Gil, que sigue la línea mía; Instruyó Juramento en la Real Chancillería de Valladolid por sí y por sus hijos Manuel, Benito y Bonifacio, en 2-VII-1833, sin que conste la Real Provincia. D. JOSÉ GIL, casó con Dª Magdalena Parada, tuvo por hijo a D. POLICARPO GIL, que casó con Dª María Rodríguez y tuvo por hijo D. JOSÉ GIL, casó con Dª Rosa López, vecinos de Piñeira Seca, en la antigua jurisdicción de Xinzo de Limia; Instruyó Juramento en la Real Chancillería de Valladolid por si y como padre de sus hijos en la misma fecha que su segundo primo, sin que se conozca del expediente si llegaron a obtener la Real Provincia. Los de Santa María de Rebordechao ÁLVARO FERNÁNDEZ GIL, casó con Margarita Gil; tuvo por hijo a GIL FERNÁNDEZ, el cual contrajo matrimonio con Teresa Gil habiendo tenido por hijo a SEBASTIAN GIL, vecino de Rebordecho (feligresía de Sta. María de Rebordechao, Ayuntamiento de Villar de Barrio, partido judicial de Allariz, en la antigua jurisdicción de Xinzo de Limia), el cual Instruyó Juramento en la Real Chancillería de Valladolid por el reconocimiento de su hidalguía, 16-III-1559, habiendo recaído sentencia de Alcaldes a su favor, con fecha de 6-VI-1562. Los de San Pedro de Boado D. ALONSO GIL, casó con D.ª Antonia González; tuvo por hijo a Clemente, que sigue la línea, y a Domingo, al que hallaremos en la siguiente genealogía, vecinos del lugar de Pidre (feligresía de San Pedro Fiz de Limia, en el Ayuntamiento de Xinzo de Limia); empadronado como noble en padrones de la jurisdicción de Xinzo de Limia en 1722; tuvo por hijo a D. CLEMENTE GIL, vecino de San Pedro de Boado (en el mismo Ayuntamiento de Xinzo de Limia); casó con D.ª María Rodríguez (hija de D. Francisco Rodríguez y de D.ª Catalina García), en San Pedro de Boado, 20-IV-1733; empadronado como noble en padrones de Xinzo de Limia desde 1737 a 1776; tuvo por hijos a D. José y D. Francisco. D. JOSÉ GIL, bautizado en San Pedro de Boado 7-VIII-1735: casó con D.ª Juana Camino (hija de don Miguel Camino y de D.ª Ana Seoane) en la feligresía de su nacimiento, 28-XI- 1775; empadronado como noble en padrones de la jurisdicción de Xinzo de Limia desde 1737 a 1776; su nombre completo era José Cayetano; tuvo por hijo a D. BENITO GIL, vecino de San Pedro de Boado, 7-VIII-1735; casó con D.ª Juana Camino (hija de D. Francisco Camino y de D.ª Isabel Parada) en la feligresía de su nacimiento, 17-II-1800; Instruyó Juramento en la Real Chancillería de Valladolid el 28-V-1816, pero sus pretensiones se estrellaron contra un rotundo «no ha lugar», del 11-III-1817; tuvo por hijo a D. JULIÁN GIL, bautizado en Boado, 14-VII-1805 Los de San Pedro Fiz de Solveira de Limia De la genealogía anterior hemos sabido que: D. ALONSO GIL, casó con D.ª Antonia González, recién mencionados, tuvo por hijo, además de D. Clemente, a D. DOMINGO GIL, casó con D.ª Antonia Solveira, y tuvo por hijo a D. FRANCISCO GIL, vecino del lugar de Pedre, en la feligresía de San Pedro Fiz de Solveira de Limia (Ayuntamiento de Xinzo de Limia). Lo mismo que su pariente D. Benito Gil (genealogía anterior), Instruyó Juramento en la misma Real Chancillería, con el mismo resultado negativo. Tuvo un hijo legítimo llamado D. JOSÉ GIL, el nombre de cuya madre ignoramos, sabiendo solamente que cuando su padre Instruyó Juramento se hallaba sirviendo a S. M.
Escudos de Armas del apellido:
Los Gil de Molinar, barrio de la villa de Carranza, y los de esta villa, en Vizcaya: De sinople, con tres escudetes bandados de oro y azur (o mejor, de oro, con tres bandas de azur), puestos en faja y surmontados de tres cruces llanas de oro, puestas también en situación de faja. Algunos añaden una bordura cosida de azur, con ocho sotueres de oro. Este escudo es el mismo que usaron los Gil del Valle de Ruesga, de la Merindad de Trasmiera y de la villa de Colindres, en la provincia de Santander, con alguna variante en la situación de sus piezas y acrecentado con la bordura. Según Hita, también usaron los Gil de la villa de Carranza, el mismo escudo que esos Gil santanderinos, sin variante alguna. Otro Gil, en las Encartaciones de Vizcaya: De gules, con un castillo de oro, puesto sobre ondas de agua de azur y plata. Otros, en las mismas Encartaciones, y también en el Valle de Mena (Burgos): En campo de azur, un grifo de oro, surmontado de un lucero del mismo metal. Así las describe el Doctor Labayru y añade que la casa a que pertenecían esos Gil, era la rival de la de los Negretes y que ambas estuvieron en perpetua enemistad y contienda en las Encartaciones y en la Montaña de Santander, como en el resto del país vasco lo estuvieron los Oñas y los Gamboas. Sin embargo, esas enemistades y contiendas de los Gil con los Negretes, fueron en fines de la Edad Media. Ya avanzada la Edad Moderna, al terminar el siglo XVI, entroncaron los Gil y los Negretes del lugar de Ogarrio, que pertenece al Ayuntamiento del Valle de Ruesga, en la provincia de Santander, y formaron la familia que durante bastantes generaciones usó el apellido compuesto de Gil Negrete. Juan Carlos de Guerra dice que otra casa de Gil en las Vascongadas, ostentó: De oro, con una banda de gules engolada en cabezas de dragones de sinople y acompañada de dos armiños de sable, uno a cada lado. El jefe de sinople, con tres escudetes de oro, cargado cada uno de ellos de tres palos de gules y sumados de una cruz potenzada de oro. Otros: En campo de azur, una torre de oro, surmontada de tres lises de oro, la del centro surmontada a su vez, por una cruz de oro. Variantes: En campo de oro, dos leones de azur, rampantes y afrontados; en jefe, tres menguantes, de gules. Escudo cuartelado; 1º, una calavera, en campo de gules; 2º, una vieira, en campo de sable; 3º una torre, en campo de azur; y 4º, un árbol, de sinople en campo de plata. Escudo partido; 1º partición, de oro, con cuatro bastones, de gules; y 2º, en campo de azur, un fresno de oro. Escudo cuartelado; 1º y 4º en campo de sinople una casa, con su torre almenada, de plata, con cinco escalones de subida hasta la puerta, y tres ventanas, dos en la casa y una en la torre, 2º y 3º de oro, con una banda de gules; bordura de ocho aspas de azur, en campo de plata. En campo de gules, una torre con su homenaje, sobre ondas de azur y plata; y tres estrellas de oro, una y dos, en el cantón siniestro del jefe. En campo de gules (en el expediente número 23.428 de San Juan se dice en campo de sinople), un león, de oro, empinante a una torre, con su homenaje, sobre la cual se ven tres estrellas, de ocho puntas, de oro; sobre ondas de azur y plata Los GIL TABOADA usaron las Armas de los GIL-7 en la primera partición; y las de los TABOADA-6 en la 2ª partición; pero conservando las tres estrellas en el cantón siniestro del jefe. Los de la provincia de Santander traen: en campo de plata, una encina de sinople, frutada de oro y surmontada de un lucero del mismo metal. Los de León traen: en campo de plata, dos leones rampantes al natural, puestos en palo; bordura de azur, con ocho crecientes de plata. Los de Aragón y Valencia traen: en campo de azur, tres fajas de plata; el jefe, de oro. Otros traen: en campo de sinople, una faja de oro, acompañada arriba de tres cruces llanas del mismo metal, puestas en faja, y abajo, de tres escudetes de oro, cargado cada uno de tres bandas de azur, y puestos también en faja; bordura de gules, con ocho aspas de oro. El emperador D. Carlos I concedió por privilegio dado en Medina del Campo a 6 de mayo de 1532, el siguiente escudo de armas a D. Cristóbal Gil, vecino de Antequera (en Nueva España): escudo cuartelado: 1.°, en campo de gules, un castillo de oro sobre una peña de sinople, y en su homenaje, una bandera de plata cargada de una cruz de gules; 2.º, en campo de oro, dos tigres al natural empinados y afrontados; 3.°, ondas de mar de azur y plata y 4.°, en campo de gules, un águila de sable con las alas abiertas.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. El esmalte azul (azur) simboliza la realeza, la serenidad y la hermosura. Los que los lleven en sus armas, están obligados a socorrer a los fieles servidores de sus príncipes que "se hallan sin remuneración por sus servicios". En las piedras preciosas representa al zafiro y en los signos del Zodiaco a que se encuentra sujeto son Tauro y Libra. Su elemento es el aire; su metal, el acero; el día de la semana, el viernes; los meses, abril y septiembre; su árbol, el álamo; la flor, la violeta; su animal, el camaleón y su ave, el pavo real. El azur se llama Júpiter en las armerías reales, zafiro en las de los títulos y azur en la nobleza. El esmalte sinople es el verde. Su significado es la esperanza, la abundancia y la libertad; cuantos llevan este esmalte en su escudo quedan obligados a socorrer a los labradores en general y a los huérfanos y pobres que se encuentren oprimidos. Su signo zodiacal corresponde a Mercurio; su elemento es la tierra; el día de la semana, el miércoles; su mes, mayo; su metal, el azogue; como planta, el laurel; la flor, la siempreviva y como ave, el papagayo. En los blasones de los príncipes recibe el nombre de Venus; esmeralda, en el de los títulos y sinople en los de la nobleza en general. El agua es símbolo de sabiduría ilustrada, de ánimo virtuoso, pudiendo también simbolizar extensión de dominio, así como el principio de todas las cosas y la regeneración del tiempo. El águila se concede en los blasones a los hombres que exceden en valor, generosidad y braveza a los demas hombres. El ala representa a las alas del águila, simbolizando la libertad, dada sus ansias de volar y surcar los cielos. Los armiños, en heráldica, simbolizan la inclinación que tienen los hombres a viajar por tierra y mar; propensión que se atribuye a los Bretones. También representa la Pureza. El uso de traer los armiños por forros en sus vestidos, los Gobernadores y personas de representación, dió motivo a algunos heraldos para tener los armiños por símbolo de Dignidad. Fernando V, rey de Aragon, cuando echó de Calabria al duque de Lorena, descubierta la conspiración del príncipe de Resana, instituyó una Orden de caballería llamada del Armiño, dando a sus caballeros un collar de oro con un armiño pendiente, y por divisa el epígrafe "Malo mori quam faedari", para mostrar a los caballeros de dicha Orden que primero se debe morir que faltar a la fidelidad de su príncipe. El sotuer o aspa se trae a las armerías españolas por la batalla de Baeza, ganada contra los moros el día de San Andrés del Año de 1227, que es la forma de la Cruz en que estuvo este Santo Apostol en su martirio. El sotuer o aspa se trae a las armerías españolas por la batalla de Baeza, ganada contra los moros el día de San Andrés del Año de 1227, que es la forma de la Cruz en que estuvo este Santo Apostol en su martirio. La banda significa el tahalí del caballero, y la banda que traían atravesada del hombro diestro al flanco siniestro, y por eso se expresa en esta situación en el escudo, habiéndola puesto por armas muchos de los que fueron a las cruzadas, según el color con que se distinguían las naciones. La bandera es la señal o insignia con que se distingue a un cuerpo de tropa. Símbolo de poder y de señorío sobre huestes y vasallos. La bandera se usaba mas en timbres que como divisa del escudo, sin embargo, dentro del blasón suele proceder de caballeros que pertenecieron a la Orden Militar "Caballería de la Razón", que fundó Don Juan I, rey de Castilla, en el año 1385, usando como divisa un estandarte. El bastón simboliza mando militar. El llamado Bastón de Mando es el símbolo de autoridad en alcaldes y funcionarios. Cuatro "bastones" de gules en campo de oro, son las armas de los reyes de Aragón. La bordura simboliza protección, favor y recompensa; así mismo la cota que vestían los caballeros para la guerra y que al salir de la pelea, ostentándola manchada de sangre enemiga, eran premiados con el añadido de la bordura de escudo, como insignia de valor. La bordura también se usa para combinar armerías, con la particularidad que las armas situadas en la bordura tienen siempre carácter secundario. La cabeza significa trofeo, valor, superioridad y despojo sangriento. Los castillos son geroglífico de grandeza, y de elevación, porque ellos exceden en hermosura, en fortaleza, y en magnitud a todos los demas edificios: denota también el asilo, y la salvaguardia. La luna o creciente, en las armerías, se ha tenido por buen agüero, y presagio de grandeza, como se dice del sueño de Milon, hijo de Guillermo, Conde de Borgoña, a quien la noche antes de ser electo Papa, con el nombre de Calixto II, en el año 1119, se le representó en sueños un ángel, que le ponía una luna (creciente) baxo de sus rodillas, advirtiéndole, como sucedió después, que sería el Jefe de la Iglesia Universal. Los hebreos celebran las fiestas que llamaron Neomenías (en recuerdo de su pasado pastoril), y entre los árabes es distintivo de poder y de nobleza. Carlos I instituyó, en la ciudad de Mesina, la Orden Militar del Creciente, y sus caballeros y algunos de sus descendientes cargaron los crecientes en sus armas. La cruz es una pieza honorable, que representa la espada del caballero, dándose en Armería al combatiente que sacaba la espada teñida de sangre de sus enemigos. Del tiempo de las cruzadas quedaron algunas familias con la cruz por armas, para denotar que habían estado en ellas. La casa solariega, también llamada solar, casa fuerte, casa palacio, casa torre, casona, casal, etc., es el símbolo de las antiguas libertades de los nobles, caballeros e hidalgos, notoriedad y nobleza.
