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Apellido patronímico muy extendido por España. El origen de este linaje parece haber estado radicando en la ciudad de Fraga, en Aragón, (Huesca) de donde pasó a Valencia; otra familia de este apellido se ubicó en la villa de Guzmán, del partido judicial de Rosa (Burgos), otra en la puebla de Montalbán, del partido judicial de Torrijos (Toledo) y otras que se extendieron por ambas Castillas y León. De la familia originaria de Fraga, se conserva memoria de Francisco Esteban, natural de dicha ciudad, que en unión de su hermano Berenguer probaron su infanzonía, como en la corte de Justicia de Aragón y les fue reconocida por sentencia de 21 de septiembre de 1.506. En el año 1.668, los descendientes del caballero anteriormente citado lograron, en 14 de mayo, una nueva declaración de su infanzonía, como descendientes en línea directa del anteriormente citado Francisco Esteban. De la rama de Valencia descendió I. Miguel Esteban, natural de Valencia, esposo de doña Isabel Rull, de la misma naturaleza, y ambos padres de II. Gonzalo Esteban y Rull, natural de Valencia, que casó con doña Magdalena Matalí, de igual naturaleza, y de esta unión nació III. Miguel Jerónimo Esteban y Matalí, natural de Valencia, y del hábito de Montesa, que vistió el 15 de febrero de 1580. Los que radicaron en la villa de Guzmán, se recuerda a Francisco Esteban, natural de Guzmán, uno de cuyos nietos, Francisco Esteban Beltrán de San Juan, fue Caballero de la Orden de Santiago, en la que ingresó en 10 de marzo de 1.645. En La Puebla de Montalbán, de la familia Esteban allí establecida, puede citarse a Andrés Esteban, natural de La Puebla de Montalbán, uno de cuyos descendientes, Agustín Esteban y Solera, nacido en Madrid, fue caballero de la Orden de Carlos III, con fecha de 1.791. La familia de Asturias, se apellidó Esteban de Hormúa. El Rey don Alfonso XII, en 1.884 concedió el condado de Esteban Collantes, a don Saturnino Esteban. En lo que se refiere a personajes españoles de este apellido, citaremos a algunos, al sernos imposible, como fácilmente puede comprenderse, relacionarlos a todos: Remontándonos al año 1.375, encontraremos a Fernando Esteban, teórico musical español, que fue el autor del primer tratado que existe en España sobre el canto llano. Un ejemplar, incompleto, se conserva en la Biblioteca Provincial de Toledo. En el prefacio, el autor, afirma ser sacristán de San Clemente de Sevilla. Aparte de su interés teórico, la importancia de este tratado reside en las noticias que da sobre la música en la capilla de Aviñón y en las capillas reales de Aragón, Navarra, Castilla, etc. etc. Agustín Esteban Collantes, nacido en Carrión de los Condes, en el año 1.815 fue abogado y político español que participó activamente en la caída del regente Espartero. Diputado a Cortes, intervino en la redacción de la Constitución de 1.845. Ministro varias veces en los sucesivos gobiernos de la época, al producirse la revolución de 1.854 emigró y a su regreso en 1.856 fue sometido a proceso por supuesta malversación de fondos, cargo del que fue absuelto. Al subir don Alfonso XII al trono, fue recompensado por su fidelidad a la dinastía borbónica con el cargo de embajador en Lisboa y posteriormente fue nombrado Presidente del Consejo de Estado. Su hijo, Saturnino Esteban Collantes, nacido en Madrid en 1.847, fue un abogado, periodista y político que militó siempre en el conservadurismo monárquico. Con la reinstauración de la monarquía, fue Diputado a Cortes y Senador. Posteriormente fue ministro de Instrucción Pública y, como reconocimientos a sus servicios a la corona, el rey, don Alfonso XII, le concedió el título de Conde de Esteban Collantes. En lo que se refiere a los de este apellido que pasaron a América, se conserva memoria de Juan Esteban de Avendaño, que fue compañero de Gonzalo Jiménez de Quesada. Participó en cuantas campañas se llevaron a cabo en el territorio que ahora es la actual Colombia, en la lucha contra los "zipas", los caudillos indígenas. Y tampoco fue ajeno a la locura que significó la búsqueda de "El Dorado", el mítico rey que todos los días bañaba su cuerpo en oro. A Jiménez de Quesada, le tocó correr en pos de esta quimera y junto a él, con otros tantos cegados por el ansia de oro, fue Juan Esteban de Avendaño. Y lo buscaron con desesperación, casi con demencia y, como es lógico, jamás lo encontraron. De Juan Esteban de Avendaño se sabe que murió en un encuentro con los indios. De su jefe, Gonzalo Jiménez de Quesada, también se tiene memoria de cómo, viejo y enfermo, todavía seguía creyendo en aquella leyenda, cuando los demás lo tomaban a burla. Otros Esteban debieron participar en la conquista de Méjico, dado que se trata de un apellido bastante corriente en aquel país; participaron, se establecieron y dejaron descendencia.

Escudo de Armas:
Partido: 1º, de oro, con un león rampante de gules, y 2º, de plata, con cuatro fajas de azur. Bordura general de azur con tres coronas antiguas de oro, puestas dos en los ángulos superiores y otra en el centro de la punta. Estas mismas armas, sin la bordura, usaron algunos Esteban en Asturias.  Algunos Esteban traen: Escudo partido: 1º, de azur, con tres coronas de oro, puestas en palo, medio, cortado de plata, con dos lobos de sable, lampasados y armados de gules, puestos en palo, y 2º, de oro, con una banda de azur, cargada de una flor de lis de plata. Otros tienen: De azur, con las tres coronas de oro puestas en palo. Una que radicó en Pamplona: De oro, con una faja de gules, acompañada, en lo alto, de un lobo andante de su color natural, y en lo bajo, de una torre, también al natural, aclarada de gules. Los que se apellidaron Esteban de Hormúa ostentaron: Escudo cortado por una faja de azur, cargada de tres flores de lis de oro; la posición alta, de gules, con una cruz de oro floreteada y vana, acompañada en lo alto de tres coronas del mismo metal, y a los dos lados de su brazo inferior de una esteva de arado de oro; y la participación baja, de plata con un árbol de sinople, terrasado de lo mismo, y dos lobos de su color pasantes al pie del tronco.

Simbología del Escudo de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aún así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. El esmalte azul (azur) simboliza la realeza, la serenidad y la hermosura. Los que los lleven en sus armas, están obligados a socorrer a los fieles servidores de sus príncipes que "se hallan sin remuneración por sus servicios". En las piedras preciosas representa al zafiro y en los signos del Zodiaco a que se encuentra sujeto son Tauro y Libra. Su elemento es el aire; su metal, el acero; el día de la semana, el viernes; los meses, abril y septiembre; su árbol, el álamo; la flor, la violeta; su animal, el camaleón y su ave, el pavo real. El azur se llama Júpiter en las armerías reales, zafiro en las de los títulos y azur en la nobleza. El esmalte sinople es el verde. Su significado es la esperanza, la abundancia y la libertad; cuantos llevan este esmalte en su escudo quedan obligados a socorrer a los labradores en general y a los huérfanos y pobres que se encuentren oprimidos. Su signo zodiacal corresponde a Mercurio; su elemento es la tierra; el día de la semana, el miércoles; su mes, mayo; su metal, el azogue; como planta, el laurel; la flor, la siempreviva y como ave, el papagayo. En los blasones de los príncipes recibe el nombre de Venus; esmeralda, en el de los títulos y sinople en los de la nobleza en general. El arado es símbolo de fecundidad, posesión de tierra, así como de la paz y la tranquilidad. La banda significa el tahalí del caballero, y la banda que traían atravesada del hombro diestro al flanco siniestro, y por eso se expresa en esta situación en el escudo, habiéndola puesto por armas muchos de los que fueron a las cruzadas, según el color con que se distinguían las naciones. La bordura simboliza protección, favor y recompensa; así mismo la cota que vestían los caballeros para la guerra y que al salir de la pelea, ostentándola manchada de sangre enemiga, eran premiados con el añadido de la bordura de escudo, como insignia de valor. La bordura también se usa para combinar armerías, con la particularidad que las armas situadas en la bordura tienen siempre carácter secundario. El brazo simboliza la fortaleza. La cruz es una pieza honorable, que representa la espada del caballero, dándose en Armería al combatiente que sacaba la espada teñida de sangre de sus enemigos. Del tiempo de las cruzadas quedaron algunas familias con la cruz por armas, para denotar que habían estado en ellas.