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Tuvo su solar en la llamada Torre de Ercilla, sita a orillas del mar cantábrico y en las inmediaciones de la villa de Bermeo (Vizcaya). Poseyeron los de esta casa enterramiento en la capilla mayor de la iglesia de Santa María, al lado del Evangelio y junto a la sepultura de don Nuño de Lara. Pasó el apellido a Guipúzcoa, pues en las villas de Anzuola, del partido judicial de Vergara, y de Olaverría, del de Tolosa, radicaron casas de Ercilla. Otras dos hubo, según Miguel de Salazar, en Lazcano. Las noticias más antiguas que se tienen sobre los Ercilla se basan en don Sancho de Ercilla, vecino de Arama, en 1.339; don Juan de Ercilla y su hijo del mismo nombre, socios fundadores de la Cofradía de Nuestra Señora de Aránzazu, en Oñate. El Licenciado don Juan Pérez de Ercilla, del solar de Olaberría, fue Alcalde de la ciudad de San Sebastián en el año 1.572. Don Martín Ruiz de Ercilla, Señor de la Torre de Eroilla, Regidor y Alcalde Mayor, fue Escribano de la Armada que al mando de don Iñigo de Arriera partió en socorro de las costas de Andalucía en 1.493. Fue procurador de las villa de Bermeo, casando con doña María Fernández, teniendo por hijos a don Juan de Ercilla que pasó a las Indias como Maestre de la nave "Imperial" y don Ortún. Este caballero, don Ortún de Ercilla fue un célebre jurisconsulto español, autor de muchas obras. Caballero de la Orden de Santiago en 1.572, se desposó, en Tafalla (Navarra), con doña Leonor de Zúñiga y Zamudio natural de Nájera, Señora de la Villa de Bobadilla, teniendo por hijos a don Alonso de Ercilla y Zúñiga, bautizado en Madrid, en la Parroquia de San Nicolás, el 11 de agosto de 1.533 y que ha pasado a la historia por su obra "La Araucana", el más célebre poema épico en lengua castellana y que trata sobre la conquista de Chile. Fue paje del infante don Felipe, más tarde Rey Felipe II, en 1.548, al que acomapañó a Londres para tratar de la boda del Monarca con María Tudor. Miembro de la expedición a las Indias, concretamente a Chile, con García de Mendoza, Gentilhombre de Cámara del Virrey y Caballero de Santiago.      

Escudos de Armas del apellido:
La casa de Bermeo, en Vizcaya: De gules, con una banda de oro, engolada en cabezas de dragones del mismo metal. Bordura de sinople con ocho sotueres de oro. Otros usaron este mismo escudo, pero acompañando a la banda, en lo alto, de una estrella de oro, y en lo bajo, de un creciente de plata. Piferrer describe, como propio de los Ercillas, este otro escudo: De gules, con un peñasco a la orilla del mar, formado por ondas de azur y plata y sumado de una onza o pantera de oro, pasante. La casa del Concejo de Olaverría, en Guipúzcoa, ostenta: De azur, con un árbol frondoso de su color, y empinados a su tronco dos caballos ensillados de color castaño, y al pie del árbol, que está terrasado de sinople, un jabalí de su color, muerto, con las patas hacia arriba. La casa de la villa de Anzuola, también en Guipúzcoa, trajo: En campo de oro, un árbol de sinople, y un oso de sable, muerto, al pie del tronco. Estas fueron las antiguas, pero después adquirió las de la casa de Bermeo, primeramente descritas.             

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aún así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. El esmalte azul (azur) simboliza la realeza, la serenidad y la hermosura. Los que los lleven en sus armas, están obligados a socorrer a los fieles servidores de sus príncipes que "se hallan sin remuneración por sus servicios". En las piedras preciosas representa al zafiro y en los signos del Zodiaco a que se encuentra sujeto son Tauro y Libra. Su elemento es el aire; su metal, el acero; el día de la semana, el viernes; los meses, abril y septiembre; su árbol, el álamo; la flor, la violeta; su animal, el camaleón y su ave, el pavo real. El azur se llama Júpiter en las armerías reales, zafiro en las de los títulos y azur en la nobleza. El esmalte sinople es el verde. Su significado es la esperanza, la abundancia y la libertad; cuantos llevan este esmalte en su escudo quedan obligados a socorrer a los labradores en general y a los huerfanos y pobres que se encuentren oprimidos. Su signo zodiacal corresponde a Mercurio; su elemento es la tierra; el día de la semana, el miercoles; su mes, mayo; su metal, el azogue; como planta, el laurel; la flor, la siempreviva y como ave, el papagayo. En los blasones de los principes recibe el nombre de Venus; esmeralda, en el de los títulos y sinople en los de la nobleza en general. El sotuer o aspa se trae a las armerías españolas por la batalla de Baeza, ganada contra los moros el día de San Andrés del Año de 1227, que es la forma de la Cruz en que estuvo este Santo Apóstol en su martirio. La banda significa el tahalí del caballero, y la banda que traían atravesada del hombro diestro al flanco siniestro, y por eso se expresa en esta situación en el escudo, habiéndola puesto por armas muchos de los que fueron a las cruzadas, según el color con que se distinguian las naciones. La bordura simboliza protección, favor y recompensa; así mismo la cota que vestían los caballeros para la guerra y que al salir de la pelea, ostentándola manchada de sangre enemiga, eran premiados con el añadido de la bordura de escudo, como insignia de valor. La bordura también se usa para combinar armerías, con la particularidad que las armas situadas en la bordura tienen siempre carácter secundario. El caballo es símbolo de la guerra, representando la osadía y la rapidez en la acción. La cabeza significa trofeo, valor, superioridad y despojo sangriento. La luna o creciente, en las armerías, se ha tenido por buen agüero, y presagio de grandeza, como se dice del sueño de Milon, hijo de Guillermo, Conde de Borgoña, a quien la noche antes de ser electo Papa, con el nombre de Calixto II, en el año 1119, se le representó en sueños un ángel, que le ponía una luna (creciente) baxo de sus rodillas, advirtiéndole, como sucedió después, que sería el Jefe de la Iglesia Universal. Los hebreos celebran las fiestas que llamaron Neomenías (en recuerdo de su pasado pastoril), y entre los árabes es distintivo de poder y de nobleza. Carlos I instituyó, en la ciudad de Mesina, la Orden Militar del Creciente, y sus caballeros y algunos de sus descendientes cargaron los crecientes en sus armas. La casa solariega, también llamada solar, casa fuerte, casa palacio, casa torre, casona, casal, etc., es el símbolo de las antiguas libertades de los nobles, caballeros e hidalgos, notoriedad y nobleza. El castaño simboliza la providencia y munificencia del linaje.