Linaje italiano, del Milanesado, establecido en la ciudad de Tuy en la segunda mitad del siglo XVIII, que logra el reconocimiento de su hidalguía por una real ejecutoria, ganada en 1775 por D. José Antonio Donallo y Marangoni. D. ANTONIO DONALLO casó con Dª Margarita Mararigoni; vecinos de la villa de Plurio, en el Milanesado; tuvo a D. JOSÉ ANTONIO BONALLO, casó Dª Ana Fernández de Sobredo (Tuy, 9-V-1681); tuvo por hijo a 1. D. Gaspar, que falleció en Tuy, en 1748. 2. D. Benito. 3. D. Diego Francisco, que sigue la línea. 4. D. José. D. DIEGO FRANCISCO DONALLO MARANGONI fue abad de San Andrés de Valladares en 1763; pero antes de recibir Ordenes sagradas había casado en Tuy, habiendo tuvo por hijo a 1. Dª María Rosa Donallo Marangoni, nació en San Bartolomé de Rebordáns (Ayuntamiento de Tuy), que casó con D. José Manuel Gayoso y Aldao, en en San Gregorio de Rajó (Ayuntamiento del Poyo) y tuvo por hijo a Dª María Gayoso Aldao y Donallo (VER GAYOSO ALDAO). 2. D. José Antonio Donallo y Marangoni, que sigue la línea D. JOSE ANTONIO DONALLO Y MARANGONI. Es el que obtuvo la carta ejecutoria a que nos hemos referido. En 1762 era regidor y jefe del caudillato de Tuy; en 1756 casó con Dª María Josefa Godoy, viviendo en el barrio del Arrayal; tuvo por hijo a 1. D. Joaquín Tomás Donallo y Marangoni. 2. Dª Joaquina Donallo Marangoni, que casó. en 1774 con D. Miguel Márquez, de Guillade, y se establecieron en Salvaterra, donde nació su hijo el famoso guerrillero a. D. Joaquín Márquez Donallo, que se batió en más de veinte acciones en la guerra de la Independencia, entre las del sitio de Tuy, Siete Coros, Puente Sampayo (en que corrió a su cargo la defensa del puente de Puentecaldelas), Alba de Tormes, Tamames y otras. En Méjico se constituyó en terror de los insurgentes, que le llamaban La Lechuza, por su costumbre de realizar largas jornadas durante la noche y coger desapercibidos por la mañana a sus enemigos. Sus ideas liberales le impidieron realizar una carrera brillante, a la que le llamaban sus condiciones bélicas. Hijo suyo fue A. D. Antonio Márquez Domínguez, nació en Salvaterra, que vivió en Tuy y siguió la carrera militar hasta que quedó inútil para el servicio; pero reintegrado de nuevo a la vida militar pasó a Cuba, donde le halló la muerte. A D. José Antonio Donallo y Marangoni diósele la real provisión de hidalguía en Valladolid, el 2-XII-1775. (Cf. Manuel Fernández-Valdés Costas, obra citada páginas 45-47 con ligeras variantes, teniendo en cuenta las informaciones para ingresar como guardia marina en 1799 D. Ramón de Novoa y Cayoso Aldao, hijo de Dª María Gayoso Aldao y Donallo; nieto de Dª María Rosa Donallo y Marangoni, a la que nos hemos referido en el texto. Los datos genealógicos concuerdan con los que hemos examinado en el archivos de la Real Chancillería de Valladolid, Hidalguías, Legajo 1307).
Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.
