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Los que en Corcubión (provincia de La Coruña) llevaron este apellido aparecen emparentados repetidas veces como nobles. Los hallamos también en San Ginés de Bamio (Ayuntamiento de Carril y partido judicial de Cambados), donde hubo una familia que se apellidó De Dios. Y según el Catálogo de Basanta, D. Manuel Eugenio de Dios y Canaval, natural de Betanzos, probó su hidalguía en la Real Chancillería de Valladolid, en 1795. D. FRANCISCO DE DIOS Y CASTRO, nació en la villa de Corcubión, casó con. Dª VIaría Salomé Pose Bermúdez, de la misma naturaleza; tuvo por hijo a  D. AMBROSIO DE DIOS Y CASTRO, también nació en Corcubión, empadronado como noble en 1775, que casó con Dª María Teresa de la Concha, natural de Corcubión (hija de D. Pedro de a Concha y Calderón y de Dª Josefa Pedrosa, ambos del mismo lugar), y tuvo por hijo a 1. D. Manuel de Dios y de la Concha, nació en Corcubión, 1758, cadete del regimiento de Infantería de Milán, y guardia marina en 1777. 2. D. José Antonio de Dios y de la Concha, nació allí y empadronado como noble en 1775, y guardia marina en 1781 (VER MONTES, de Corcubión). (Cf. Válgoma-Finestrat, obra citada, Tomo III, número 2.053; Tomo IV, n.º 3177).

Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.