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Dada la existencia de numerosas familias de este apellido que se extienden por toda España, algunas con armas distintas entre sí (detalle muy importante que hace presumir que hayan tenido un origen distinto), se hace sumamente difícil establecer cuál de ellas constituye el primitivo solar del que fueron partiendo las diversas ramas del linaje. Y es que, desde muy antiguo, hubo diferentes casas solares, muy nobles, en Cataluña, Mallorca, Castilla, Aragón y Valencia. Sin embargo, la mayor parte de autores le otorga un origen castellano. Una casa muy antigua hubo en la ciudad de Barcelona. En Mallorca tiene también mucha antigüedad este apellido, pues dos caballeros Domingo asistieron a la conquista de aquella isla: Uno, llamado Pedro Domingo, pertenecía a la familia del infante de Portugal y había firmado la transacción de éste con el obispo de Barcelona. Se le asignó en repartimiento la alquería «Ferruxi», en la villa de Petra (Manacor). El otro, llamado Guillermo Domingo, había acudido a la conquista con la gente del vizconde de Bearne y quedó heredado con un molino y el lugar de Alarón, que hoy es villa del partido judicial de Inca, y conserva su antiguo nombre sin la letra final, llamándose Alaró. En el mismo siglo de la conquista es estableció esta familia en Selva, y Jaime Domingo, rico propietario de dicha villa en 1285, juró obediencia al rey don Alfonso II de Aragón, como diputado por la misma. Berengario Domingo era jurado de la ciudad y reino de Mallorca en 1312 por el estamento de ciudadanos. El padre, Jaime Domingo, dominico, fue en 1357 inquisidor de Mallorca, Rosellón y Cerdeña. Miguel Domingo, en 1457, era jurado del reino. Con posterioridad a estas fechas, fueron numerosos los miembros del apellido Domingo que solicitaron reconocimiento de hidalguía y nobleza de sangre. Este apellido fue probado en la Orden de Santiago por Alonso López de Molina y Martínez Domingo, natural de Santa Cruz de Mudela (Ciudad Real), en 1.642, y por don Gabriel de la Borda y Urrujuli de Gabiso y Domingo, natural de Lesaca (Navarra), en 1.698. Ante la Inquisición de Logroño, justificaron su limpieza de sangre don Francisco y don Juan Domingo Manzano de Calvajal, naturales de Jaraíz (Badajoz), en 1.704, y don Jaime Domingo Maestre, de Pont de Armentera, en 1.696. Por su parte, el Santo Oficio de la ciudad de Valencia certificó asimismo la hidalguía y limpieza de sangre de bastantes miembros del apellido Domingo, avecindados en la citada ciudad y poblaciones de la provincia del antiguo Reino de Valencia. En lo que se refiere a la participación de miembros de este linaje en la conquista de América, hemos encontrado a Diego Domingo de Balboa, conquistador español que formó parte del grupo que con don Alvar Núñez Cabeza de Vaca exploró la península de Florida en el año 1.528. Más tarde, tornamos a encontrar este nombre en las crónicas que se refieren a la sucesiva exploración que en dichas tierras efectuó el también conquistador don Hernando de Soto. Otro del apellido Domingo que figura en las "Crónicas de la Nueva España" es don Gaspar Domingo de Luna que también estuvo en la Florida y fue uno de los que con Pedro Menéndez de Avilés fundó la ciudad de San Agustín. Hernán Domingo figura como compañero de Hernán Cortés en la conquista de Méjico, como clérigo y que, una vez conquistado aquel país y pasados los años, fue miembro del Tribunal del Santo Oficio. Un hermano suyo, Pedro Domingo, natural de Toledo, parece ser que tuvo ciertos contratiempos precisamente con el Tribunal del que formaba parte su hermano a causa de cierta reyerta en la que mató a otro español que había ofendido a cierta dama del que el primero estaba enamorado. Declarado inocente y puesto a salvo su honor, matrimonió con la dama de referencia, fundando casa en la ciudad de Méjico, de la que descendió don Lorenzo Domingo, que abrazó la carrera eclesiástica.       

Escudos de Armas del apellido:
En campo de oro, seis roeles de azur puestos en dos palos; bordura de gules, con ocho aspas de oro. Los de la casa de Barcelona ostentaron: De gules, con un brazo armado de plata moviente del flanco siniestro y con una antorcha de oro en la mano, que da fuego a una pira de leña también de oro, terrasada al natural. La familia Domingo, de las villas de Petra y Selva (Mallorca), tiene escudo partido: 1º, de gules, y 2º, de azur, y brochante sobre el todo un chevrón de oro.

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aún así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. El esmalte azul (azur) simboliza la realeza, la serenidad y la hermosura. Los que los lleven en sus armas, están obligados a socorrer a los fieles servidores de sus príncipes que "se hallan sin remuneración por sus servicios". En las piedras preciosas representa al zafiro y en los signos del Zodiaco a que se encuentra sujeto son Tauro y Libra. Su elemento es el aire; su metal, el acero; el día de la semana, el viernes; los meses, abril y septiembre; su árbol, el álamo; la flor, la violeta; su animal, el camaleón y su ave, el pavo real. El azur se llama Júpiter en las armerías reales, zafiro en las de los títulos y azur en la nobleza. La antorcha es símbolo de magnanimidad, ardimiento y prontitud en desempeños o cometidos intelectuales. También es el símbolo de la guerra y aviva el recuerdo imperecedero de antiguas hazañas. Suelen blasonarla aquellos guerreros que han ganado gloria combatiendo con ardor y coraje por su patria y por su rey. El sotuer o aspa se trae a las armerías españolas por la batalla de Baeza, ganada contra los moros el día de San Andrés del Año de 1227, que es la forma de la Cruz en que estuvo este Santo Apostol en su martirio. La bordura simboliza protección, favor y recompensa; así mismo la cota que vestían los caballeros para la guerra y que al salir de la pelea, ostentándola manchada de sangre enemiga, eran premiados con el añadido de la bordura de escudo, como insignia de valor. La bordura también se usa para combinar armerías, con la particularidad que las armas situadas en la bordura tienen siempre carácter secundario. El brazo simboliza la fortaleza. El cabrio o chevrón representa las botas y espuelas del caballero, concediendose ésta pieza en Armería a los que salen heridos en las piernas, aunque muchos la tienen por símbolo de protección. La casa solariega, también llamada solar, casa fuerte, casa palacio, casa torre, casona, casal, etc., es el símbolo de las antiguas libertades de los nobles, caballeros e hidalgos, notoriedad y nobleza.