Aunque no sepamos que hayan hecho probanzas de nobleza, ni conozcamos su blasón, si alguna vez lo han tenido, han dejado profunda huella en tierras de Chile, por lo que son merecedores del recuerdo de sus conterráneos. Roa y Ursúa (nº 3.734) nos recuerdan que JOSÉ DE CARDEMIL casó con Andrea de Taibo; probablemente eran de Dexo, en las Mariñas coruñesas (feligresía de Santa María de Dexo, ayuntamiento de Oleiros, partido de La Coruña) ; tuvo por hijo a ANTONIO DE CARDEMIL, nacido en Galicia hacia 1730; en Nuñóa (Santiago de Chile) casó con Antonia de Arencibia, 24-IV- 1757, y tuvo por hijo a JOSÉ ANTONIO DE CARDEMIL Y ARENCIBIA, nacido en Santiago de Chile, que casò en Talca, el 12-IV-1801, con Mª Mercedes Bravo de Noceda, natural de Talca. Cardemil era dueño de tierras del Pino, linderas con Lo Bravo, Nuñóa, y de casas de la ciudad de Santiago de Chile, en la calle del Carmen, en donde, por leal al Rey, fue asesinado por emisarios de los patriotas de Carrera, el 1-III-1813; fue sepultado en la iglesia de la Merced; con descendencia (VER Roa y Ursúa, 1. cit.).
Escudos de Armas del apellido:
Las Desconocemos. El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.
