Una rama de la casa del noble linaje de Carrillo, en la villa de Tordomar, del partido de Lerma (Burgos). Varias líneas pasaron a Palencia, Soria, Logroño, Andalucía y Navarra. La línea navarra se estableció en la ciudad de Viana. De esa rama descendió Pedro Carrillo y Eguía, natural de Viana, Caballero de Santiago en 1651 y esposo de doña Isabel Mencos, natural de Tafalla, en la que procreó a Pedro Carrillo de Mencos, natural de Estella y Caballero de Santiago en 1695. Otras ramas se extendieron por Cuba, Venezuela y Costa Rica. Enlazó con otras nobles familias, formando los linajes de Carrillo de Albornoz, Carrillo de Toledo, Carrillo de Córdoba, etc. Probó su nobleza repetidas veces en las Órdenes Militares y Real Compañía de Guardias Marinas. Las noticias más concretas que se tienen acerca del origen de este noble linaje se encuentran en el Nobiliario escrito por el cardenal arzobispo de Burgos, don Alonso de Carrillo Laso, que fue impreso en 1639, y en otra obra genealógica titulada Claros Varones, de la que fue autor Hernán Pérez de Guzmán en su capítulo XI, folio 240. Dicen esos autores que en tiempos del conde Fernán González, vinieron a Castilla, acaso procedentes de Alemania, dos caballeros hermanos, a los que por ser muy amantes el uno del otro comenzaron a llamarlos «Carrillos». Estos caballeros, añaden otros tratadistas, eran primos de Berengario, rey en Italia, el cual tenía un favorito al que habían dado muerte los hermanos Carrillo, lo que les obligó a dejar su patria y venir a Castilla para acogerse a la protección del conde Fernán González. Reproducimos estas versiones sólo a título de curiosidad, pues creemos que no resistirían a la más leve depuración histórica. Don Diego de Carrillo y Mendoza fue Virrey de Nueva España (1.624). Quiso eliminar las injusticias y la corrupción imperantes. Limpió de bandidos los caminos y acabó con el monopolio del maíz de comerciantes poco escrupulosos. Acusó a la iglesia de corrupta, haciendo detener al arzobispo Juan Pérez de la Serna. Sus métodos de justicia atrajeron las iras de los poderosos que fomentaron una sublevación que le obligó a huir, ya en España, Felipe IV desaprobó su gestión. Pero quizá el más famoso, fue Alfonso Carrillo. Arzobispo de Toledo es la personificación del intrigante. Celoso del favor que recibía el conde Beltrán de la Cueva, encabezó las ligas contra Enrique IV y fue uno de los principales en la "farsa de Avila". Los nobles procesaron a un muñeco-rey, proclamando al príncipe Alfonso. Al morir éste, Carrillo se hizo portavoz de la princesa Isabel y fue pieza clave en su matrimonio. Pero las cosas no salieron a su gusto, pasándose al bando de la princesa Juana, "la Beltraneja". Triunfante Isabel, el obispo Carrillo le pidió perdón retirándose a Alcalá de Henares hasta su muerte.
Escudos de Armas del apellido:
De azur, con un castillo de oro. Bordura de sable con ocho sotueres de oro. Los Carrillo de Orihuela y Valencia usan: De gules, con castillo de plata aclarado de sable y un lebrel de plata atado a su puerta. Otros: En campo de gules, un castillo de oro aclarado de azur. Los Carrillo de Albornoz traen escudo partido: 1.°, las anteriores armas, y 2.°, en campo de oro, una banda de sinople, que es Albornoz. Los Carrillo de Córdoba traen también escudo partido: 1.°, las armas de Carrillo, y 2.°, en campo de oro, tres fajas de gules, que es Córdoba. Los Carrillo de Mendoza traen escudo partido: 1.°, las armas de Carrillo, y 2.°, en campo de sinople, una banda de oro, cargada de una cotiza de gules, que es Mendoza.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aún así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. El esmalte azul (azur) simboliza la realeza, la serenidad y la hermosura. Los que los lleven en sus armas, están obligados a socorrer a los fieles servidores de sus príncipes que "se hallan sin remuneración por sus servicios". En las piedras preciosas representa al zafiro y en los signos del Zodiaco a que se encuentra sujeto son Tauro y Libra. Su elemento es el aire; su metal, el acero; el día de la semana, el viernes; los meses, abril y septiembre; su árbol, el álamo; la flor, la violeta; su animal, el camaleón y su ave, el pavo real. El azur se llama Júpiter en las armerías reales, zafiro en las de los títulos y azur en la nobleza. El esmalte sinople es el verde. Su significado es la esperanza, la abundancia y la libertad; cuantos llevan este esmalte en su escudo quedan obligados a socorrer a los labradores en general y a los huérfanos y pobres que se encuentren oprimidos. Su signo zodiacal corresponde a Mercurio; su elemento es la tierra; el día de la semana, el miércoles; su mes, mayo; su metal, el azogue; como planta, el laurel; la flor, la siempreviva y como ave, el papagayo. En los blasones de los príncipes recibe el nombre de Venus; esmeralda, en el de los títulos y sinople en los de la nobleza en general. El sotuer o aspa se trae a las armerías españolas por la batalla de Baeza, ganada contra los moros el día de San Andrés del Año de 1227, que es la forma de la Cruz en que estuvo este Santo Apóstol en su martirio. La banda significa el tahalí del caballero, y la banda que traían atravesada del hombro diestro al flanco siniestro, y por eso se expresa en esta situación en el escudo, habiéndola puesto por armas muchos de los que fueron a las cruzadas, según el color con que se distinguían las naciones. La bordura simboliza protección, favor y recompensa; así mismo la cota que vestían los caballeros para la guerra y que al salir de la pelea, ostentándola manchada de sangre enemiga, eran premiados con el añadido de la bordura de escudo, como insignia de valor. La bordura también se usa para combinar armerías, con la particularidad que las armas situadas en la bordura tienen siempre carácter secundario. Los castillos son geroglífico de grandeza, y de elevación, porque ellos exceden en hermosura, en fortaleza, y en magnitud a todos los demás edificios: denota también el asilo, y la salvaguardia. /var/www/vhosts/39681725.servicio-online.net/priv/c/Carrillo.jpg
