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Apellido castellano, oriundo de Tierra de Campos, en las provincias de Valladolid, León y Palencia. Se trata de un linaje sumamente extendido por Castilla la Vieja, aunque con ramificaciones en las distintas partes de la península. Desde muy antiguo hubo casas y ramas de Campos en Vizcaya y Guipúzcoa. Una dimanó del solar de Campos, en la Merindad de Trasmiera (Santander), en el lugar de Hoz de Ribamontán al Monte, donde tenían su antigua torre ya desaparecida, caída en 1519 y cuyos propietarios habían pasado a vivir a Entrambasaguas. De esta casa descendía el que fue Gobernador Militar de Santander, General Don José de Campos Cuereta y su hermano Don Casto, también Gobernador Militar de la ciudad. Los Cuereta procedían de Astillero. Y de esta rama fue el infanzón Alonso de Campos, que en 1238 pasó, con otros caballeros vizcaínos, a servir a don Jaime I de Aragón en la conquista de Valencia. Lo cita Mosén Jaime Febrer en una de sus trovas. De otro solar muy antiguo del apellido Campos, sito en la Merindad de Bureba (antiguas Montañas de Burgos), se derivó la casa del mismo apellido radicada en la villa de Segura, del partido judicial de Azpéitia (Guipúzcoa), y otra establecida en la villa de Idiazábal, del partido de Tolosa, también en Guipúzcoa. En la villa de Elciego (Álava) moró otra familia Campos, de la que descendió Lino de Campos y Menditivar, nacido en San Juan de Luz y Caballero de Carlos III, en 1835. Repetidas veces tiene probada su nobleza. Sobre todo en la Sala de Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid. Lo encontramos en el año 1.772 en la Orden de San Juan de Jerusalén, en las personas de don Manuel y don Juan Campos de Orellana. La reina doña Isabel II concedió el 30 de junio de 1.868, el título de Marqués de Loja a don Fernando Francisco de Campos y Fernández de Córdoba, hijastro del primer dignatario. Años más tarde, el rey don Alfonso XII concedió el título de Conde Campos de Orellana a don Pedro Nicomedes Campos de Orellana y Calvo, y este mismo monarca otorgó, en 19 de junio de 1.884, el título de Marqués de Iznate a don Antonio Campos Barín. Aunque en Galicia abundan más los OCAMPO y sobre todo los DOCAMPO (V. DOCAMPO), hubo familias que conservaron más bien el apellido CAMPO y CAMPOS. Tales apellidos aparecen en numerosos puntos de España, sin que sea posible señalar el lugar común de donde todos proceden. A juzgar por la heráldica empleada por los de Galicia, debieron tener el mismo solar que los establecidos en Sequeros y en Ledesma (provincia de Salamanca), HERNÁNDEZ DEL CAMPO y FERNÁNDEZ DEL CAMPO, ya que los blasones usados por unos y por otros son idénticos. Aparecen pleiteando por su hidalguía en la Real Chancillería de Valladolid los de tierra de Valdeorras, en 1816. Los de Sta. María de Mántaras (municipio de Irijoa, en el partido coruñés de Betanzos) dejaron larga descendencia en Popayán (Colombia); así como los Sta. María de Figueira establecieron en Guayaquil (Ecuador). Los de Valdeorras D. JOSE CAMPO empadronado como noble (no se dice el año), casó con Dª Bárbara Rodríguez; fueron vecinos del lugar de Baldes (jurisdicción de Valdeorras); tuvo por hijo a D. FRANCISCO CAMPO, que casó con Dª Francisca de Losada; vecinos de Córgomo (feligresía de Santa Marta de Córgomo, ayuntamiento de Villamartín, partido de Valdeorras); tuvo por hijo a D. JOSÉ CAMPO, empadronado como noble en los años de 1786 y 1788 por la jurisdicción de Valdeorras; casó con Dª Lucía Gómez, empadronado como noble en 1801, en Montefurado, cuando ya era viuda, y de donde era vecino (ayuntamiento de Quiroga); tuvo por hijo a D. JOSÉ CAMPO, vecino de Santa María de Villaester (ayuntamiento de Quiroga), que pleiteaba por el reconocimiento de su hidalguía, en 1816, y en la Real Chancillería de Valladolid. Los de Santa María de Mántaras, con descendencia en Colombia D. GREGORIO SIMÓN DEL CAMPO, sargento mayor de las Milicias de Cartago (Popayán), nacido en Santa María de Mántaras (municipio de Irijoa, partido de Betanzos); casó con Dª Bárbara Rivas, nació en Nóvita; era hermano, o deudo muy próximo, de D. Bernardo del Campo, marqués del Campo, embajador de España en Londres. Se encontraba ya en Indias por1737 cuando fue nombrado, por ser noble, síndico procurador de Mioño (Valle de Sámano, en la provincia de Vizcaya), de donde habían sido regidores varios de sus antepasados. Se avecindó en Cartago (obispado de Popayán), donde ejerció importantes cargos. Su esposa era hija del maestre de campo D. Juan de Rivas; y tuvo por hijos a 1. D. Manuel Antonio del Campo y Rivas, que sigue la línea. 2. D. Francisco Felipe del Campo y Rivas nacido en Cartago, colegial en el de S. Bartolomé en 1766; licenciado y doctor en Leyes y en sagrada Teología por la universidad de Santo Tomás, de Bogotá; abogado de las Reales Audiencias de Santafé y de Quito; ordenado de sacerdote en 1777; fue cura de Zipaquirá, y racionero de la catedral santafereña en 1790; inició en Santafé la fundación de una escuela pública de pintura, dibujo, canto y música; canónigo de la metropolitana en 1799; perdió la razón al no dársele el rectorado del colegio mayor y seminario de San Bartolomé, quitándose la vida el 5-VI-1802. 3. Dª María Manuela del Campo y Rivas, religiosa. 4. Dª Juana Antonia del Campo y Rivas. 5. Dª María Teresa del Campo y Rivas, que casó con D. José Mª García Conde, hijo del andaluz D. Juan José García Conde y de Dª Antonia Ruíz Montero. D. MANUEL ANTONIO DEL CAMPO Y RIVAS, nacido en Cartago y fue bautizado allí el 12-IV-1750; cl. de San Bartolomé, licenciado y doctor en Derecho Canónigo por la universidad santafereña de Santo Tomás; consultor del Santo Oficio. en 1774; alcalde ordinario en su ciudad por tres años consecutivos y maestre de campo de sus Milicias, etc.; abogado de las Audiencias de Santafé y de Quito; oidor de la Chancillería de Guatemala; alcalde del Crimen y prior en la de México; por 1792 se hallaba en Madrid; y previa una información de nobleza, le fue otorgada la cruz de Cabo de la Orden de Carlos III, en 1811. Los de Santa María de Figueira, con descendencia en la ciudad de Guayaquil D. JOSÉ DEL CAMPO Y VILLA, nacido en San a María de Figueira (acaso Santa María de Figueiras, en el Giro de la Rocha: Santiago de Compostela) se estableció en Guayaquil, donde casó con Dª Manuela Ayala y del Castillo, nacido en Villa de Baba; en 10-X-1780, pidió al Cabildo de Guayaquil informase sobre su calidad y buenos procedimientos; fue regidor y alcalde mayor provincial, desde 1785 a 1787; y falleció en Guayaquil, el 14-VI-1798; tuvo por hijos a Pedro, María y José Julián del Campo y Ayala, los dos últimos con sucesión. En Mallorca existía ya cuando la conquista del rey don Alonso III de Aragón una familia de ciudadanos del apellido Campos. Pedro de Campos prestó juramento y obediencia al citado monarca, como diputado por la villa de Relva. Antonio Campos, en 1569, fue miembro del grande y general consejo del reino de Mallorca, y Pedro Andrés Campos, en 1690, jurado de la ciudad de Palma, por el estamento de ciudadanos.

Escudos de Armas del apellido:
En campo de gules, un león rampante, de oro. Cotarelo recoge también este escudo de los Campos: Siete escaques, de sinople, alzados, y ocho de oro, en campo de azur. Descripción que pugna con las leyes de la Heráldica. Acaso quiso describir estas otras Armas: Siete jaqueles de gules, alzados sobre ocho hundidos, de oro. Las ramas de Vizcaya (entre ellas una que moró en Bilbao), dimanadas del solar de Trasmiera, y las de Valencia y Cataluña : Mantelado: 1º y 2º, de oro, con dos crecientes de azur afrontados, y 3º; o manteladura, de gules, con un león rampante de oro. Las ramas de Segura e Idiazábal (Guipúzcoa) derivadas del solar de Campos de la Merindad de Bureba: De plata, con un árbol de sinople, terrasado de lo mismo, y cinco cabezas de moros degolladas y con turbantes de azur, puestas en la terrasa al pie del tronco del árbol. Esas fueron las primitivas. Luego las modificaron así: De oro, con un árbol de sinople, y dos leones de gules empinadas a su tronco. Bordura de plata con cinco cabezas de moro degollados y con turbantes de azur. Y más tarde volvió a modificarlas la casa de Idiazábal, en esta forma: De gules, con un castillo de oro terrasado de sinople, y en su homenaje una bandera de plata cargada de un creciente de gules siniestrado. En la terrasa, al pie del castillo, cinco cabezas de moros degolladas, con turbantes de azur. Bordura de plata con ocho sotueres de gules. Otros Campos en Vizcaya, trajeron: De oro, con un sotuer de azur acompañado de cuatro rosas de gules. En campo de azur, un sotuer, de oro, acompañando de cuatro flores de lis, del mismo metal; bordura de plata, con ocho crecientes, de azur. Variante: Un chevrón (o sotuer), de gules acompañado de tres tréboles, de sinople, en campo de plata. Los de Mallorca usan: De oro, con un ramo de lirio, con su tronco y hojas de sinople. Los de Guernica traen: en campo de sinople, un aspa de oro. Los de Toledo traen escudo jaquelado de oro y gules. Los de Sevilla y Maracaibo traen: en campo de plata, cinco cabezas de moro al natural, puestas en aspa. Los Marqueses de Loja traen: en campo de oro, un árbol terrasado de sinople, y dos zorras de su color natural, andantes, la primera contornada, al pie del tronco. Los Campos de Carriedo llevaron por armas: En campo de oro, tres fajas de veros de azur y plata y bordura de plata con armiños de sable.

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aún así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. El esmalte azul (azur) simboliza la realeza, la serenidad y la hermosura. Los que los lleven en sus armas, están obligados a socorrer a los fieles servidores de sus príncipes que "se hallan sin remuneración por sus servicios". En las piedras preciosas representa al zafiro y en los signos del Zodiaco a que se encuentra sujeto son Tauro y Libra. Su elemento es el aire; su metal, el acero; el día de la semana, el viernes; los meses, abril y septiembre; su árbol, el álamo; la flor, la violeta; su animal, el camaleón y su ave, el pavo real. El azur se llama Júpiter en las armerías reales, zafiro en las de los títulos y azur en la nobleza. El esmalte sinople es el verde. Su significado es la esperanza, la abundancia y la libertad; cuantos llevan este esmalte en su escudo quedan obligados a socorrer a los labradores en general y a los huérfanos y pobres que se encuentren oprimidos. Su signo zodiacal corresponde a Mercurio; su elemento es la tierra; el día de la semana, el miércoles; su mes, mayo; su metal, el azogue; como planta, el laurel; la flor, la siempreviva y como ave, el papagayo. En los blasones de los príncipes recibe el nombre de Venus; esmeralda, en el de los títulos y sinople en los de la nobleza en general. Los armiños, en heráldica, simbolizan la inclinación que tienen los hombres a viajar por tierra y mar; propensión que se atribuye a los Bretones. También representa la Pureza. El uso de traer los armiños por forros en sus vestidos, los Gobernadores y personas de representación, dió motivo a algunos heraldos para tener los armiños por símbolo de Dignidad. Fernando V, rey de Aragon, cuando echó de Calabria al duque de Lorena, descubierta la conspiración del príncipe de Resana, instituyó una órden de caballería llamada del Armiño, dando a sus caballeros un collar de oro con un armiño pendiente, y por divisa el epígrafe "Malo mori quam faedari", para mostrar a los caballeros de dicha órden que primero se debe morir que faltar a la fidelidad de su príncipe. El sotuer o aspa se trae a las armerías españolas por la batalla de Baeza, ganada contra los moros el día de San Andrés del Año de 1227, que es la forma de la Cruz en que estuvo este Santo Apóstol en su martirio. El sotuer o aspa se trae a las armerías españolas por la batalla de Baeza, ganada contra los moros el día de San Andrés del Año de 1227, que es la forma de la Cruz en que estuvo este Santo Apóstol en su martirio. La bandera es la señal o insignia con que se distingue a un cuerpo de tropa. Símbolo de poder y de señorío sobre huestes y vasallos. La bandera se usaba mas en timbres que como divisa del escudo, sin embargo, dentro del blasón suele proceder de caballeros que pertenecieron a la Orden Militar "Caballería de la Razón", que fundó Don Juan I, rey de Castilla, en el año 1385, usando como divisa un estandarte. La bordura simboliza protección, favor y recompensa; así mismo la cota que vestían los caballeros para la guerra y que al salir de la pelea, ostentándola manchada de sangre enemiga, eran premiados con el añadido de la bordura de escudo, como insignia de valor. La bordura también se usa para combinar armerías, con la particularidad que las armas situadas en la bordura tienen siempre carácter secundario. La cabeza significa trofeo, valor, superioridad y despojo sangriento. El cabrio o chevrón representa las botas y espuelas del caballero, concediendose ésta pieza en Armería a los que salen heridos en las piernas, aunque muchos la tienen por símbolo de protección. Los castillos son geroglífico de grandeza, y de elevación, porque ellos exceden en hermosura, en fortaleza, y en magnitud a todos los demás edificios: denota también el asilo, y la salvaguardia. La luna o creciente, en las armerías, se ha tenido por buen agüero, y presagio de grandeza, como se dice del sueño de Milon, hijo de Guillermo, Conde de Borgoña, a quien la noche antes de ser electo Papa, con el nombre de Calixto II, en el año 1119, se le representó en sueños un ángel, que le ponía una luna (creciente) baxo de sus rodillas, advirtiéndole, como sucedió después, que sería el Jefe de la Iglesia Universal. Los hebreos celebran las fiestas que llamaron Neomenías (en recuerdo de su pasado pastoril), y entre los árabes es distintivo de poder y de nobleza. Carlos I instituyó, en la ciudad de Mesina, la Orden Militar del Creciente, y sus caballeros y algunos de sus descendientes cargaron los crecientes en sus armas. La casa solariega, también llamada solar, casa fuerte, casa palacio, casa torre, casona, casal, etc., es el símbolo de las antiguas libertades de los nobles, caballeros e hidalgos, notoriedad y nobleza. /var/www/vhosts/39681725.servicio-online.net/priv/c/Campos.jpg