Cuando el P. Felipe de la Gándara habla en el capítulo XXV de su Nobiliario, Armas y Triunfos de Galicia de la gran Casa y familia de Saavedra y de sus ramás, introduce un inciso para darnos noticia de la casa de los Baticela, o Lima, en Galicia. También el probo historiador López Ferreiro, en el Tomo II de su Historia,... de la Basílica de Compostela (páginas 87 y 102), nos da una sucinta genealogía de los de este linaje, que coincide casi en todo con la del P. Gándara. Este, como suele, pone las cosas un sí es no es confusas y enrevesadas, pero en líneas generales coinciden ambos historiadores. Por cierto, que la digresión de Gándara tiene como objeto dar un palmetazo a Pellicer por no echar bien sus cuentas y por no coincidir las fechas con la verdad desnuda, así como por hacer portugueses a los que fueron gallegos, aunque más adelante pasasen a tierras portuguesas. Y no digamos por haber seguido a D. Pedro Seguino, como no debiera. D. DIEGO NÚÑEZ BATICELA era señor del castillo de Baticela nada menos que por 1033, en que aparece confirmando un privilegio del monasterio de Oña, reinando D. Bermudo III de León. Hijo y sucesor de D. Diego fue su heredero en el señorío de Baticela. D. NUÑO DÍAZ DE BATICELA, ricohombre de D. Alfonso VI y de Dª Urraca, su hija. Sábese que casó con Dª Aldonza Flores (aunque Gándara no dice por dónde lo sabe) y tiene por hija a Dª ILONA NÚÑEZ, señora de la casa de Baticela. Fue la segunda esposa de D. Arias Pérez de Aldana, señor de esta casa, del castillo de Miñor, Monterroso, Villar de Donas, Castroverde, etc., en Galicia; y de la ciudad de Viseu en Portugal (por su tía la reina Dª Teresa); tuvo por hijos a D. FERNANDO ARIAS BATICELA, el cual casó con Dª Teresa Bermúdez (hija de D. Bermudo Pérez de Traba, conde de Trastámara, y de su mujer la Infanta Dª Urraca Enríquez, hermana del rey Alfonso de Portugal, con la que casó en 1122). De este matrimonio nacieron: 1. D. Juan Fernández, el Bueno, también llamado de Lima, que sigue la línea. 2. D. Rodrigo Fernández Codorniz, del que dice Gándara que descienden los CADÓRNIGA de Galicia. 3. D. Gil Fernández Baticela, quien casó en Galicia con Dª Teresa (hija de D. Payo Ménez Sorred, de la casa de Sotomayor, y de Dª Ermesenda Núñez Maldonado; nieta paterna de Men Páez Sorred, y de Dª Inés Pérez de Ambía; nieta materna de D. Núño Pérez Maldonado y de Dª Aldara Fernández Churruchao); con descendencia. 4. D. Fernando (al que no cita Gándara, pero en cambio nos da los nombres de las hijas): 5. Dª María Fernández Baticela, quien casó en Galicia con García Méndez de Sotomayor. 6. Dª Teresa Fernández, quien casó en Galicia con D. Lope Rodríguez de Ulloa. Y efectivamente, en un Memorial de la calidad y servicios de la Casa de Don Álvaro Francisco de Ulloa Golfin y Chaves, Madrid, MDCLXXV, con el que hemos tenido la dicha de tropezar en la ciudad de Cáceres, y en su Archivo Provincial, se pone como I señor jurisdiccional de la casa de Ulloa a este D. Lope Ruiz (o Rodríguez) de Ulloa, ricohombre del emperador D. Alonso VII, así como de D. Fernando II de León, su hijo; dícese que falleció en ll70 y que estuvo casado con Dª Teresa Fernández de Traba, su sobrina; pero agrega mal que era hija del conde D. Fernán Pérez (salvo que así se llamáse también nuestro D. Fernando Arias Baticela, cosa que no nos cogería de sorpresa, dada la facilidad con que cambiaban de nombre como de traje en aquellos alejados tiempos). D. JUAN FERNÁNDEZ DE BATICELA, el Bueno, casó con Dª Mencía Gil Alfonso de Baián. Llamósele también de Lima, o de Limia; y tuvo por hijos a D. FERNANDO ARIAS (al que López Ferreiro llama Fernando Yáñez), que fue padre del que sigue. Debió asistir a la conquista de Sevilla, pues entra en los repartimientos, en 18-III-1257. D. FERNANDO FERNÁNDEZ DE BATICELA, al que llamaban de mote Pancenteno, que al mismo tiempo era señor de la casa de Salvaterra do Miño en Galicia, y de la de los Limás en Portugal; tuvo por hijos a D. Juan Fernández, arzobispo de Santiago, y a su hermano D. RODRIGO (o Ruy) FERNÁNDEZ DE BATICELA, quien casó con Dª María Eans Churrichao. Tuvieron por hijos a D. Álvaro Rodríguez de Limia, tesorero de la catedral de Santiago, y a D. GONZALO RODRÍGUEZ, padre de otro RUY FERNÁNDEZ, que lo fue de otro D. ÁLVARO RODRÍGUEZ DE LIMIA, y éste, a su vez, de D. FERNÁN ARIAS DE LIMA, el primero que verdaderamente sirvió a los Reyes de Portugal, exactamente a D. Juan I, que le hizo mercéd de Villanueva de Cerveira, Arcos y otras casas y tierras entre Duero y Miño, por haberle servido en sus guerras, por lo que vino a perder cuanto poseía en Galicia.
Escudos de Armas del apellido:
Las desconocemos. El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.
