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Nobilísima y gran familia española, verdaderamente extraordinaria, como dice el ilustre genealogista Béthencourt, fundada por dos Papas, ilustrada por un santo, con rango inmediato a las primeras casas reales de Europa. Sus caballeros llenan con sus actos la última parte de la Edad Media y casi toda la Edad Moderna. El ya citado don Francisco Fernández de Béthencourt, en su notable obra Historia genealógica y heráldica de la Monarquía española, trató por extenso el origen y desarrollo de esta famosa casa, muy conocida además por los numerosos trabajos de erudición e investigación histórica que sobre ella han realizado otros autores. Esta circunstancia y la índole de nuestra obra nos relevan de descender a ciertos detalles, más propios de disquisiciones históricas que de compendiosos estudios genealógicos, que son los que nosotros con preferencia cultivamos. Estudiaremos, pues, esta gran familia en sus líneas generales, distinguiendo su tronco y diversas ramas. ORIGEN DEL LINAJE El apellido Borja fue tomado, indudablemente, de la antigua villa de Borja, hoy provincia de Zaragoza y obispado de Tarazona, ganada a los moros en 1120 por don Alfonso I, llamado «el Conquistador», y elevada a ciudad por don Alfonso V «el Magnánimo» por real privilegio dado en el campo sobre Nápoles el 2 de octubre de 1438. Señor de esta ciudad de Borja fue el conde don Pedro de Atarés, que floreció en el siglo XII como lugarteniente del emperador y rey don Alfonso I de Aragón. Era hijo de don García Sánchez, señor de Atarés y de Xavierre, y de doña Teresa Cajal, y nieto del infante don Sancho Ramírez, casado con la condesa Margarita de Poitiers, e hijo natural de don Ramiro I, rey de Aragón. Dicho caballero fue considerado por muchos como el tronco primero del linaje de los Borja, afirmando don José Pellicer que la mayor parte de los genelogistas le daban por tal tronco y cepa. Sin embargo, Jerónimo Zurita sostiene la opinión de que don Pedro de Atarés murió sin hijos el 21 de febrero de 1151. En efecto. El conde don Pedro estuvo casado con doña Garsenda de Bearne, y de ella tuvo dos hijos, cuyos nombres se ignoran, que murieron en vida de sus padres, siendo sepultados en el monasterio de Santa María de Veruela, fundación de su familia. Estas noticias desmienten la afirmación de otros genealogistas, que aseguran que el primero que usó el apellido Borja fue don Ximén Garcés de Borja, hijo del conde don Pedro, sin recordar que en el siglo XII, en que este conde floreció, estaba el patronímico en España en constante uso, por lo cual ningún hijo de Pedro podía llamarse «Garcés», sino «Pérez». Lo único cierto y comprobado, que merece ser recogido, es que varios nobles aragoneses llamados «de Borja», por ser naturales y oriundos de dicha villa (ocho, según las Trovas, de mosén Jaime Febrer), acompañaron al rey don Jaime I de Aragón a la conquista de Valencia y tomaron parte principal en el sitio de Játiva. El 7 de febrero de 1240, Esteban de Borja figuró entre los caballeros a quienes el rey conquistador encargó el repartimiento de aquellas tierras. Quedaron heredados por sus servicios en aquellas jornadas Pedro, Francisco, Bernardo, Arnaldo, Felipe, Alonso, Miguel, Juan y el mismo Esteban, todos de Borja. Así lo confirma Gaspar de Escolano en su Historia de Valencia, cuando dice: «Es de considerar que sirvieron en esta conquista tantos Borjas, y de tal manera, que los hallamos particionarios en el despojo, en las viñas, huertas y jardines de sus contornos y en la vega». Rodrigo de Borja tomó parte en la conquista de Orihuela, y fue allí heredado en 1272. El cronista Viciana, que dedicó su libro al quinto duque de Gandía y tuvo a su disposición los documentos de la casa ducal, se limitó a decir, hablando de los Borja, que «su venida a la conquista de este reino fue del solar conocido que tenían de la ciudad de Borja... y vinieron a la conquista de este reino ya caballeros en sangre y en valentía..., y el venturoso conquistador rey don Jaime tuvo mucha cuenta con ellos, como se prueba en un libro conservado y guardado en el archivo de la ciudad de Játiva». Más tarde figuran como jurados de Játiva por el estamento militar o brazo de la nobleza: Gonzalo Gil de Borja, en 1340; Gil Beltrán de Borja, en 1345; Rodrigo de Borja, en 1368; Rodrigo Gil de Borja, en 1374, y otro Rodrigo Gil de Borja, en 1406 y 1407. Estas noticias que aportan Viciana, Escolano y otros autores, prueban la nobleza de la familia Borja antes de que ascendiera al pontificado Calixto III, pero sin aceptar como cosa segura su origen real remoto, que fue inventado, según opiniones autorizadísimás, para tranquilizar el orgullo del gran duque de Ferrara, cuando, al principio del siglo XVI, consintió al fin en la alianza de su primogénito y heredero con una hija del Papa Alejandro VI. Resulta, pues, de todo lo dicho, que lo verdaderamente histórico y documentado es que el origen de los Borja o Borjas de Valencia está en esos caballeros Borja de la villa de Borja que acompañaron a Jaime I de Aragón en la conquista de Valencia. También tenemos que añadir, recogiendo la autorizada opinión del señor Fernández de Béthencourt, que, a pesar de que muchos genealogistas de ciertas épocas se empeñaron en remontar la filiación de las dos ramas de los Borja (una fundada por el Papa Calixto III y otra por el Papa Alejandro VI), con sucesiones continuadas hasta los Borja conquistadores de Játiva, y por ellos hasta el conde don Pedro de Atarés y los reyes de Aragón, todo eso es fabuloso e inventado, y que, en realidad, no se conocen los abuelos del primer Papa que produjo la casa de Borja.

Escudos de Armas del apellido:
Las primitivas de este linaje, esto es, las que ya ostentaban los Borja conquistadores de Valencia en el siglo XIII, según refiere mosén Jaime Febrer, eran: En campo de oro, un buey pasante de gules, terrasado de sinople. Calixto III añadió a esas armas una bordura de gules, con ocho haces de oro. Otros: Escudo de oro y un toro de gules. Bordura de sinople y ocho brezos de oro.      

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc..), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc.., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc..) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc., "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. El esmalte sinople es el verde. Su significado es la esperanza, la abundancia y la libertad; cuantos llevan este esmalte en su escudo quedan obligados a socorrer a los labradores en general y a los huérfanos y pobres que se encuentren oprimidos. Su signo zodiacal corresponde a Mercurio; su elemento es la tierra; el día de la semana, el miércoles; su mes, mayo; su metal, el azogue; como planta, el laurel; la flor, la siempreviva y como ave, el papagayo. En los blasones de los príncipes recibe el nombre de Venus; esmeralda, en el de los títulos y sinople en los de la nobleza en general. La bordura simboliza protección, favor y recompensa; así mismo la cota que vestían los caballeros para la guerra y que al salir de la pelea, ostentándola manchada de sangre enemiga, eran premiados con el añadido de la bordura de escudo, como insignia de valor. La bordura también se usa para combinar armerías, con la particularidad que las armas situadas en la bordura tienen siempre carácter secundario. El buey, desde que se representaban en las medallas del emperador Vespasiano, simboliza el trabajo y la abstinencia.