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Apellido patronímico muy extendido por la mayor parte de las regiones de España desde tiempos antiguos. Algunos tratadistas manifiestan que todas las familias Bertrán tuvieron un mismo solar y origen, pero a esa afirmación se opone, en primer término, la falta de datos sólidos que la comprueben, y, en segundo, el hecho de ser este apellido patronímico; esto es, formado derivado del nombre propio Bertrán, perteneciente al padre u otro antecesor y aplicado al hijo u otro descendiente para denotar en éstos la calidad de tales. Llevan, pues, el apellido Bertrán familias de muy distinto origen y linaje, y muchas de sus casas no tuvieron relación de procedencia ni parentesco, siendo independientes entre sí. Lo prudente, pues, es estudiar esas familias y casas por separado, única manera de no incurrir en errores y de no aumentar la confusión, que con tanta frecuencia dificulta las investigaciones de los apellidos patronímicos. Una casa muy noble y antigua de Beltrán radicó cerca de la ciudad de Huesca. Algunos tratadistas no mencionan el lugar en que estuvo sita, pero otros afirman que ese lugar fue Bandaliés, pueblo de la provincia citada. Caballeros de esta casa, cuyas ramás se extendieron por Aragón, Cataluña y Valencia, florecían ya en los tiempos del rey aragonés don Jaime I «el Conquistador», debajo de cuya bandera militaron Guillén, Pascual y Pedro Beltrán, distinguiéndose por sus hazañas en la conquista de Valencia. En l l28, el conde de Barcelona y Hugo Poncio, conde de Ampurias, firmaron un tratado de paz y a este acto concurrió el caballero aragonés Bernardo Beltrán, del que en el año 1139 se halla también honorífica mención en las crónicas de aquel tiempo. EN CATALUÑA De esa casa del lugar de Bandaliés, próximo a Huesca, parece ser que dimanó la rama que pasó a establecerse a Gelida, villa de la provincia de Barcelona, en la que fundó nuevo solar, y por los años de 1399 era señor del pueblo y castillo de Gelida Francisco Bertrán. Fue también ciudadano de dicha capital y damarero del rey Pedro IV de Aragón, quien, en premio a los señalados servicios que le había prestado, le otorgó el privilegio de nobleza e hidalguía por cédula de 1 de abril de 1375, para sí y sus descendientes. Estos datos constan en documentos antiguos y fidedignos que obran en el Archivo de la Corona de Aragón, en Barcelona, registro titulado de las gracias, número 46 del año 1375, folio l l5 y registro «Gratiarum Regis Joannis Primi de anno 1392 usque 1393». En 1406 era descendiente del anterior otro Francisco Bertrán, que mereció por su talento, cuando sólo contaba diecisiete años, que fuese propuesto a Su Santidad por el rey don Martín para la primera prebenda que quedara vacante en la catedral de Barcelona. Otro Francisco Bertrán, de esta misma casa y familia, sirvió al referido rey don Martín personalmente y con muchos hombres de guerra armados y equipados a su costa. Por los años de 1442 floreció Antonio Bertrán, almirante. El 5 de diciembre de 1644 obtuvo privilegio el burgués de Perpiñán, Jacinto Bertrán, también de la misma familia, extensivo a sus descendientes por línea másculina. Desde aquellos tiempos, los miembros de esa casa de Gelida han procurado conservar el lustre y nobleza de sus progenitores. EN MALLORCA Los Beltrán de Mallorca son también muy antiguos. Ya en el año 1300 figura esta familia en los anales de aquel reino, ocupando destinos honoríficos. Bernardo Beltrán era persona tan estimada de don Jaime II, que este soberano le comisionó, en unión de Ramón Dezbrull y de Jaime Estruch, para demarcar los terrenos y levantar los planos de las once biblias que se fundaron en el citado año de 1300. Este mismo caballero fue veedor general del ejército. Pedro Beltrán, descendiente de dicho Bernardo Beltrán, fue rector de la iglesia parroquial de Lluchmayor, y en 1486 promovido al obispado de Tuy. Murió en Roma, en 1505. Juan Beltrán era señor de galeras, con las que sirvió en varias ocasiones a su rey y a su patria, particularmente en la rebelión de los payeses contra los ciudadanos, y en 1453 en la armada de Mallorca, contra los catalanes. Por estos servicios le hizo merced el rey, en 1468, de las rentas que Felipe Beltrán tenía sobre la consignación de Mallorca y se habían incorporado a la corona. En el privilegio de esta gracia se hace laudatoria mención de Ferrer Beltrán, hermano de Juan, a quien el monarca dio un heredamiento en Valencia, por lo bien que le había servido en la guerra de los catalanes. La casa solar de esta familia era la alquería llamada «Son Beltran», en Lluchmayor. A mediados del siglo XVIII faltó las sucesión másculina a Pedro Beltrán, de Sol Beltrán, quien de su matrimonio con doña Catalina Pardo no tuvo más que dos hijas, que le heredaron. Una se llamó doña Beatriz Beltrán, y casó con Matías Zaforteza. La otra, doña Leonor Beltrán, fue esposa de don Juan Odón Palou. Apellido patronímico muy extendido por la mayor parte de España. Algunos tratadistas manifiestan que todas las familias Beltrán tuvieron un mismo solar y origen, pero a esa afirmación se opone, en primer término, la falta de datos sólidos que la comprueben, y, en segundo, el hecho de ser este apellido patronímico; esto es, formado, derivado del nombre propio Beltrán, perteneciente al padre u otro antecesor, y aplicado al hijo u otro descendiente, para denotar en éstos la calidad de tales. Llevan, pues, el apellido Beltrán, familias de muy distinto origen y linaje, y muchas de sus casas no tuvieron relación de procedencia ni parentesco, siendo independientes entre sí. En las Vascongadas hubo varias casas de este apellido, que iremos estudiando separadamente. Una radicó en la anteiglesia de Lémona, del partido judicial de Durango, en Vizcaya, y de ella procedio Diego Beltrán de Bedia, que hizo información de nobleza ad perpetuam, obteniendo ejecutoria en la Real Chancillería de Valladolid, el 20 de Noviembre de 1642. Pasó a residir en León. Otra casa hubo en el lugar de Ilárraza, del Ayuntamiento y partido judicial de Vitoria (Álava). Sus líneas se extendieron por esta provincia, y de ellas fueron: Pedro Beltrán de Guevara, vecino de Vitoriano; José Beltrán de Chávarri, vecino de Madrid; Ambrosio Beltrán de Salazar, vecino de Cárcamo, y Tiburcio Beltrán de Heredia, vecino de Ascarza, todos los cuales obtuvieron ejecutoria de nobleza en la Real Chancillería de Valladolid. Otra línea pasó a Villarreal de Urrechu, en la provincia de Guipúzcoa. Apellido patronímico muy extendido por la mayor parte de las regiones de España desde tiempos antiguos. Algunos tratadistas manifiestan que todas las familias Bertrán tuvieron un mismo solar y origen, pero a esa afirmación se opone, en primer término, la falta de datos sólidos que la comprueben, y, en segundo, el hecho de ser este apellido patronímico; esto es, formado derivado del nombre propio Bertrán, perteneciente al padre u otro antecesor y aplicado al hijo u otrodescendiente para denotar en éstos la calidad de tales. Llevan, pues, el apellido Bertrán familias de muy distinto origen y linaje, y muchas de sus casas no tuvieron relación de procedencia ni parentesco, siendo independientes entre sí. Lo prudente, pues, es estudiar esas familias y casas por separado, única manera de no incurrir en errores y de no aumentar la confusión, que con tanta frecuencia dificulta las investigaciones de los apellidos patronímicos. Una casa muy noble y antigua de Beltrán radicó cerca de la ciudad de Huesca. Algunos tratadistas no mencionan el lugar en que estuvo sita, pero otros afirman que ese lugar fue Bandaliés, pueblo de la provincia citada. Caballeros de esta casa, cuyas ramás se extendieron por Aragón, Cataluña y Valencia, florecían ya en los tiempos del rey aragonés don Jaime I «el Conquistador», debajo de cuya bandera militaron Guillén, Pascual y Pedro Beltrán, distinguiéndose por sus hazañas en la conquista de Valencia. En l l28, el conde de Barcelona y Hugo Poncio, conde de Ampurias, firmaron un tratado de paz y a este acto concurrió el caballero aragonés Bernardo Beltrán, del que en el año 1139 se halla también honorífica mención en las crónicas de aquel tiempo. EN CATALUÑA De esa casa del lugar de Bandaliés, próximo a Huesca, parece ser que dimanó la rama que pasó a establecerse a Gelida, villa de la provincia de Barcelona, en la que fundó nuevo solar, y por los años de 1399 era señor del pueblo y castillo de Gelida Francisco Bertrán. Fue también ciudadano de dicha capital y damarero del rey Pedro IV de Aragón, quien, en premio a los señalados servicios que le había prestado, le otorgó el privilegio de nobleza e hidalguía por cédula de 1 de abril de 1375, para sí y sus descendientes. Estos datos constan en documentos antiguos y fidedignos que obran en el Archivo de la Corona de Aragón, en Barcelona, registro titulado de las gracias, número 46 del año 1375, folio l l5 y registro «Gratiarum Regis Joannis Primi de anno 1392 usque 1393». En 1406 era descendiente del anterior otro Francisco Bertrán, que mereció por su talento, cuando sólo contaba diecisiete años, que fuese propuesto a Su Santidad por el rey don Martín para la primera prebenda que quedara vacante en la catedral de Barcelona. Otro Francisco Bertrán, de esta misma casa y familia, sirvió al referido rey don Martín personalmente y con muchos hombres de guerra armados y equipados a su costa. Por los años de 1442 floreció Antonio Bertrán, almirante. El 5 de diciembre de 1644 obtuvo privilegio el burgués de Perpiñán, Jacinto Bertrán, también de la misma familia, extensivo a sus descendientes por línea másculina. Desde aquellos tiempos, los miembros de esa casa de Gelida han procurado conservar el lustre y nobleza de sus progenitores. EN MALLORCA Los Beltrán de Mallorca son también muy antiguos. Ya en el año 1300 figura esta familia en los anales de aquel reino, ocupando destinos honoríficos. Bernardo Beltrán era persona tan estimada de don Jaime II, que este soberano le comisionó, en unión de Ramón Dezbrull y de Jaime Estruch, para demarcar los terrenos y levantar los planos de las once biblias que se fundaron en el citado año de 1300. Este mismo caballero fue veedor general del ejército. Pedro Beltrán, descendiente de dicho Bernardo Beltrán, fue rector de la iglesia parroquial de Lluchmayor, y en 1486 promovido al obispado de Tuy. Murió en Roma, en 1505. Juan Beltrán era señor de galeras, con las que sirvió en varias ocasiones a su rey y a su patria, particularmente en la rebelión de los payeses contra los ciudadanos, y en 1453 en la armada de Mallorca, contra los catalanes. Por estos servicios le hizo merced el rey, en 1468, de las rentas que Felipe Beltrán tenía sobre la consignación de Mallorca y se habían incorporado a la corona. En el privilegio de esta gracia se hace laudatoria mención de Ferrer Beltrán, hermano de Juan, a quien el monarca dio un heredamiento en Valencia, por lo bien que le había servido en la guerra de los catalanes. La casa solar de esta familia era la alquería llamada «Son Beltran», en Lluchmayor. A mediados del siglo XVIII faltó las sucesión másculina a Pedro Beltrán, de Sol Beltrán, quien de su matrimonio con doña Catalina Pardo no tuvo más que dos hijas, que le heredaron. Una se llamó doña Beatriz Beltrán, y casó con Matías Zaforteza. La otra, doña Leonor Beltrán, fue esposa de don Juan Odón Palou. Dice D. Juan Flórez de Ocáriz que proceden de Galicia, de uno de los cuatro caballeros que traxo a ella el conde D. Mendo . Parece que su solar estuvo cerca de Puentedeume.               

Escudos de Armas del apellido:
Los de la casa solar de Gelida y sus ramás de Cataluña ostentan : En campo de azur, una banda de oro, cargada de una cotiza de gules. Los de Mallorca traen de gules con un chevrón de oro y una estrella del mismo metal en punta. Los Beltrán de Vizcaya: Cuartelado: 1º y 4º, de sinople, con un águila de plata, acompañada de cuatro estrellas del mismo metal, una en cada ángulo, y 2º y 3º, de plata, con un árbol de sinople, terrasado de lo mismo, sobre cuyo tronco, atravesadas, hay dos lanzas de azur, puestas en sotuer, con las puntas hacia arriba y tintas en sangre. Divisa: "Alzadlo, alzadlo, don Hugo", puesta en letras de plata sobre un volante de sinople. Estas mismás armas usó la línea de Villarreal de Urrechu, en Guipúzcoa. Los del solar de Ilárraza (Álava) y sus líneas: Cuartelado: 1º y 4º, de oro, con un lobo andante de sable, y 2º y 3º, de azur, con una banda de oro, acompañada en lo alto de una estrella del mismo metal, y en lo bajo de una flor de lis, también de oro. Los de Navarra y su línea de Portugal: De plata, con dos crecientes de sable, adosados y con las puntas mirando a los flancos. Otros de Navarra modifican los esmaltes de esas armas pintando el campo de azur y los crecientes de plata. La línea navarra que radicó en Toledo: De plata, con los dos crecientes de sable puestos en palo y ranversados. Los de la casa solar de Gelida y sus ramás de Cataluña ostentan : En campo de azur, una banda de oro, cargada de una cotiza de gules. Los de Mallorca traen de gules con un chevrón de oro y una estrella del mismo metal en punta. En campo de sinople, un  guila coronada, cinco estrellas, dos jabalís y dos lanzas.

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc., "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. El esmalte azul (azur) simboliza la realeza, la serenidad y la hermosura. Los que los lleven en sus armas, están obligados a socorrer a los fieles servidores de sus príncipes que "se hallan sin remuneración por sus servicios". En las piedras preciosas representa al zafiro y en los signos del Zodiaco a que se encuentra sujeto son Tauro y Libra. Su elemento es el aire; su metal, el acero; el día de la semana, el viernes; los meses, abril y septiembre; su árbol, el álamo; la flor, la violeta; su animal, el camaleón y su ave, el pavo real. El azur se llama Júpiter en las armerías reales, zafiro en las de los títulos y azur en la nobleza. El esmalte sinople es el verde. Su significado es la esperanza, la abundancia y la libertad; cuantos llevan este esmalte en su escudo quedan obligados a socorrer a los labradores en general y a los huérfanos y pobres que se encuentren oprimidos. Su signo zodiacal corresponde a Mercurio; su elemento es la tierra; el día de la semana, el miércoles; su mes, mayo; su metal, el azogue; como planta, el laurel; la flor, la siempreviva y como ave, el papagayo. En los blasones de los príncipes recibe el nombre de Venus; esmeralda, en el de los títulos y sinople en los de la nobleza en general. El águila se concede en los blasones a los hombres que exceden en valor, generosidad y braveza a los demás hombres. El sotuer o aspa se trae a las armerías españolas por la batalla de Baeza, ganada contra los moros el día de San Andrés del Año de 1227, que es la forma de la Cruz en que estuvo este Santo Apóstol en su martirio. La banda significa el tahalí del caballero, y la banda que traían atravesada del hombro diestro al flanco siniestro, y por eso se expresa en esta situación en el escudo, habiéndola puesto por armas muchos de los que fueron a las cruzadas, según el color con que se distinguían las naciones. El cabrio o chevrón representa las botas y espuelas del caballero, concediendose ésta pieza en Armería a los que salen heridos en las piernas, aunque muchos la tienen por símbolo de protección. La luna o creciente, en las armerías, se ha tenido por buen agüero, y presagio de grandeza, como se dice del sueño de Milon, hijo de Guillermo, Conde de Borgoña, a quien la noche antes de ser electo Papa, con el nombre de Calixto II, en el año 1119, se le representó en sueños un ángel, que le ponía una luna (creciente) baxo de sus rodillas, advirtiéndole, como sucedio después, que sería el Jefe de la Iglesia Universal. Los hebreos celebran las fiestas que llamaron Neomenías (en recuerdo de su pasado pastoril), y entre los árabes es distintivo de poder y de nobleza. Carlos I instituyó, en la ciudad de Mesina, la Orden Militar del Creciente, y sus caballeros y algunos de sus descendientes cargaron los crecientes en sus armas. La casa solariega, también llamada solar, casa fuerte, casa palacio, casa torre, casona, casal, etc., es el símbolo de las antiguas libertades de los nobles, caballeros e hidalgos, notoriedad y nobleza.