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Gallego, oriundo de Portugal. Una rama pasó a la isla de Cuba, donde alcanzó el título de Conde de Casa-Barreto, concedido por D. Carlos III, el 1 de agosto de 1786, a D. Jacinto-Tomás Barreto y Pedroso, regidor perpetuo y alcalde mayor de la Santa Hermandad de la Habana. Los de este linaje son del reino de Portugal, pero, como ocurre en tantos otros apellidos portugueses, descendientes de Galicia. Así lo reconoce Flórez de Ocáriz al decir que los portugueses proceden de aquel D. Nuño Suárez, sepultado en el monasterio de Santa María de Carboeiro (era de la feligresía de Merza, ayuntamiento de Silleda, partido judicial de Lalín, en un pintoresco altozano lamido por las aguas del río Deza). Puntualiza después que la casa solar se hallaba cerca de la Barra de Viana, y allí tuvieron estos caballeros su solar y la causa de llamarse sus descendientes Barretos, fue por ser de aquella Barra . El manuscrito de Ocea-Cadaval sitúa su solar primitivo en el lugar de su nombre, cerca de Celanova. Llegaron a ser muy distinguidos, emparentando con los marqueses de Montevelo, con los duques de Gandía, con los condes de Lemos, etc. El Nobiliario de Galicia manuscrito de Ocea-Cadaval también recuerda su origen gallego, y allí hemos hallado sus Armas; otra variante pertenece a los blasones de la casa de Amarante, recogidos por D. García Ozores, IV conde de Amarante, en su Solicitud de Grandeza de España, tantas veces citada. En nuestro folleto Linajes de Galicia en el Perú hemos recordado el casamiento de un esclarecido hijo de Galicia, D. Álvaro de Bendaña, con aquella Dª Isabel Barreto, cuyas aventuras hallaron eco hace pocos años en la magnífica revista ilustrada Mundo Hispánico. Esta señora, declarada Adelantada de las Islas Salomón, (las Haway), fue la verdadera impulsora de las aventuras marineras de su esposo. También ella descendía de la noble casa de los Barreto de Galicia, y era hija de aquel D. Francisco Barreto, gobernador de las Indias Portuguesas, que decretó el destierro de Camoens a Macao y soñó con descubrir los tesoros de la Reina de Saba en las grutas de Másapa. El espíritu aventurero de Dª Isabel, heredado de su progenitor, la llevó, todavía adolescente, con tres de sus hermanos, a tierras americanas. En 1586 casó con el mencionado D. Álvaro de Bendaña (V. BENDANA). Que Dª Isabel era gallega, como su marido, lo asegura W. E. Retana en sus Indicaciones Biográficas a la obra del doctor Antonio de Morga, Sucesos de las Islas a Filipinas, Madrid 1910. Acompañó a su marido en la segunda expedición exploradora por las aguas del Pacífico, y el de Bendaña la nombró Adelantada cuando estaba próximo a morir. Divididas las pequeñas huestes marineras en dos bandos, uno que favorece a la Adelantada, y otro que reclama el mando para el piloto Fernández de Quirós, se ve obligada a zarpar rumbo a Filipinas, adonde llega con sus naos en 11 de febrero de 1596, ante el asombro de los naturales que contemplan a una mujer mandando la nave capitana, impasible a tantas peripecias y aventuras transcurridas en aquella audaz travesía del Pacífico. En Manila contrae segundas nupcias con otro hijo de Galicia, D. Fernando de Castro, que había de lograr el mando de general de Marina, y habla de cruzarse caballero de Santiago (hijo de Dª Beatriz de Castro, la Moza, y de D. Álvaro González de Ribadeneira: V. BOLAÑO, Señores de Torés, luego Marqueses de Parga, etc.). Desde Manila regresaron ambos esposos al Perú, de donde había partido la expedición descubridora. Allí Dª Isabel, lejos de conformarse con regir la hacienda heredada de su primer esposo, el de Bendaña sueña con nuevas aventuras marineras, hasta lograr de los reyes el nombramiento de Adelantada de las Islas Salomón, descubiertas por su difunto esposo, que ahora se proponía colonizar. Pero también esta vez el mismo Fernández de Quirós, que obtiene el verdadero Adelantamiento, se cruza en su camino, aunque ella protesta ante D. Felipe III... perdiéndose la memoria de esta heroica mujer entre papeles y memoriales que se eternizan sin resolver en concreto el sueño de sus aspiraciones. Siguiendo la información que facilita don Francisco Piferrer, sobre este apellido el citado genealogista dice que esta familia tuvo su origen y principal asiento en la Barra de Diana, que dio motivo a este apellido. "Así se lee en el Memorial Genealógico de la Grandeza y estado del Marqués de Montevelo, con quien tiene una relación íntima y la une con la de Meneses por el casamiento de doña Isabel de Barreto, hija de don Gonzalo de Barreto, que casó con don Salvador de Meneses". Cita también, el autor anteriormente mencionado, a don Payo Barreto que fue un gran caballero de cuyo valor todo el mundo hablaba y fue padre de doña Leonor Barreto, tercera abuela del Marqués de Montevelo, quien en dicho Memorial une esta casa con la de Ozores por el conde don Mariano Ozores, como se confirma en el Memorial que se hizo para el Conde de Amarante, Vizconde de Ferreira, Gentilhombre de Cámara y del Consejo Supremo de Guerra. Después sigue doña Berenguela Téllez, que casó con don Gome Barreto, señor de Cornache, cuyos descendientes se hallan enlazados con la casa de los duques de Osuna. Don José Barreto fue Comendador de Castroverde y Ahumada en la Orden de Santiago. Don Payo de Barreto fue freire de la Orden del Temple, de la cual era Maestre su tío don Galdín Páez de Barreto. Gil Barreto fue también Caballero del Temple y Comendador de la Orden de Portugal, en cuyo país floreció también este ilustre linaje. Los Barreto pasaron al Nuevo Mundo desde los tiempos de su descubrimiento y conquista, estableciéndose, primero, en la isla de Cuba donde fundaron familia y dejaron numerosos descendientes, pasando después al reino de Nueva Granada. A fines del pasado siglo don Jacinto de Barreto mereció por sus relevantes servicios a la Corona ser titulado con la denominación de Conde de Casa Barreto.              

Escudos de Armas del apellido:
En campo de oro, dos bastones de gules; partido de plata, con un hombre armado de todas las armas, con un martillo de hierro en la mano; bordura de plata, con las quinas de Portugal. Otros traen: escudo de plata sembrado de once armiños de sable. Otros: En campo de plata, seis armiños, de sable, en dos palos.

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc., "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. Los armiños, en heráldica, simbolizan la inclinación que tienen los hombres a viajar por tierra y mar; propensión que se atribuye a los Bretones. También representa la Pureza. El uso de traer los armiños por forros en sus vestidos, los Gobernadores y personas de representación, dio motivo a algunos heraldos para tener los armiños por símbolo de Dignidad. Fernando V, rey de Aragon, cuando echó de Calabria al duque de Lorena, descubierta la conspiración del príncipe de Resana, instituyó una Orden de caballería llamada del Armiño, dando a sus caballeros un collar de oro con un armiño pendiente, y por divisa el epígrafe "Malo mori quam faedari", para mostrar a los caballeros de dicha Orden que primero se debe morir que faltar a la fidelidad de su príncipe. El bastón simboliza mando militar. El llamado Bastón de Mando es el símbolo de autoridad en alcaldes y funcionarios. Cuatro "bastones" de gules en campo de oro, son las armas de los reyes de Aragón. La bordura simboliza protección, favor y recompensa; así mismo la cota que vestían los caballeros para la guerra y que al salir de la pelea, ostentándola manchada de sangre enemiga, eran premiados con el añadido de la bordura de escudo, como insignia de valor. La bordura también se usa para combinar armerías, con la particularidad que las armas situadas en la bordura tienen siempre carácter secundario.