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En la villa de Vergara (Guipúzcoa), con casa solar de acreditada nobleza, y ramás en la villa de Elgueta, del mismo partido judicial de Vergara, y en la anteiglesia de San Andrés de Echevarría, del Ayuntamiento de Echevarría y partido judicial de Durango, en Vizcaya. De la casa de Vergara, fue I. Martín Pérez de Ansotegui o Anchotegui, que casó con doña María Juana de Olaso (hija única y sucesora de Juan López de Olaso, Señor de la Torre de Olaso en Vergara, y de su mujer doña María Martínez de Soraluce y Gaviria). Ambos cónyuges fundaron el mayorazgo de Olaso, de Vergara componiéndole de muchos bienes raíces, juros y censos, y poniendo por expresa cláusula que todos sus poseedores llevaran en primero o segundo apellido el de Olaso. Fundaron también Martín y doña Juana memorias y aniversarios en la parroquial de San Pedro, y tuvieron los siguientes hijos: 1º Antonio de Olaso Ansotegui, que llevó en primer apellido el de Olaso, en virtud de la cláusula establecida por sus padres en la fundación del mayorazgo de Olaso, y 2º Ana Olaso y Ansotegui, que casó con Juan de Gaviria, Comendador de Talavera y Señor del Palacio de Gaviria, en Vergara. II. El primogénito Antonio de Olaso Ansotegui, sucedio en los mayorazgos referidos, contrajo matrimonio con doña María de Gaviria (hermana del marido de doña Ana de Olaso Ansotegui), y tuvieron esta única hija III. María de Olaso y Gaviria, que casó dos veces: la primera, con Juan de Amézqueta, del que tuvo un hijo que murió sin dejar descendencia, y la segunda, con Diego de Gurpide y Achaga, del que tuvo sucesión. La filiación continuada de las ramás de Elgueta y San Andrés de Echevarría, puede verse en nuestra «Enciclopedia Heráldica y Genealógica».

Escudos de Armas del apellido:
La casa de Vergara y la rama de Elgueta, traen: De oro, con un castillo de piedra quemándose y arrojando llamás por puerta, ventanas y almenas. Bordura de gules, con tres estrellas de oro. Los de la casa de San Andrés de Echevarría en Vizcaya, tienen estas otras: En campo de plata, dos lobos andantes, de gules, uno sobre otro, y en punta, un creciente del mismo color. Con esta descripción coinciden los escasos datos que respecto de ese escudo constan en el expediente de pruebas de nobleza del Caballero de Calatrava Andrés Ignacio de Ansotegui y Ayasasa. Algunos autores, al describir esas armas, suprimen el creciente, que está bajo los lobos; pero esa pieza figuraba, según el mencionado expediente, en el escudo esculpido en la piedra de la casa solar de Ansotegui, de la anteiglesia de San Andrés de Echevarría. Piferrer señala para este apellido un escudo con cuatro cuarteles; pero de las armas que éstos contienen sólo son propias de Ansotegui, aunque con algún error, las que figuran en el primero. Las demás son armas de alianza.               

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc., "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. La bordura simboliza protección, favor y recompensa; así mismo la cota que vestían los caballeros para la guerra y que al salir de la pelea, ostentándola manchada de sangre enemiga, eran premiados con el añadido de la bordura de escudo, como insignia de valor. La bordura también se usa para combinar armerías, con la particularidad que las armas situadas en la bordura tienen siempre carácter secundario. El caballero simboliza la nobleza. En los comienzos de la Edad Moderna, era "soldado de caballería, que servía a su costa con armas y caballo". Desde el reinado de Felipe III, Caballero es el "Hidalgo de Nobleza reconocida". Los castillos son geroglífico de grandeza, y de elevación, porque ellos exceden en hermosura, en fortaleza, y en magnitud a todos los demás edificios: denota también el asilo, y la salvaguardia. La luna o creciente, en las armerías, se ha tenido por buen agüero, y presagio de grandeza, como se dice del sueño de Milon, hijo de Guillermo, Conde de Borgoña, a quien la noche antes de ser electo Papa, con el nombre de Calixto II, en el año 1119, se le representó en sueños un ángel, que le ponía una luna (creciente) baxo de sus rodillas, advirtiéndole, como sucedio después, que sería el Jefe de la Iglesia Universal. Los hebreos celebran las fiestas que llamaron Neomenías (en recuerdo de su pasado pastoril), y entre los árabes es distintivo de poder y de nobleza. Carlos I instituyó, en la ciudad de Mesina, la Orden Militar del Creciente, y sus caballeros y algunos de sus descendientes cargaron los crecientes en sus armas. La casa solariega, también llamada solar, casa fuerte, casa palacio, casa torre, casona, casal, etc., es el símbolo de las antiguas libertades de los nobles, caballeros e hidalgos, notoriedad y nobleza.