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La casa solar de este apellido estuvo sita en el partido de Artiga, jurisdicción de la ciudad de San Sebastián. Fue una de las pobladoras de la ciudad y fundadora de la antiquísima iglesia parroquial de San Sebastián el Antiguo, extramuros de ella, y de cuyo principio y fundación no hay memoria. Sólo se hace mención de ese San Sebastián el Antiguo, de su parroquia, confines, términos y de algunas casas solares del referido partido de Artiga, y del de Ibaeta, en una escritura de donación que don Sancho el Mayor, Rey de Navarra, hizo de los diezmos de dicha parroquia al Monasterio de San Salvador de Leire, el 17 de Abril del ano 1014. De esto se infiere la gran antigüedad de ese solar de Amásorrain, que es casa de nobles hijosdalgo, notorios de sangre y de Cabo de Armería. Sus individuos se extendieron por otros puntos de Guipúzcoa, y sirvieron eficazmente a los Reyes en ocasiones de guerra, muy particularmente en la de Andalucía, cuando las conquistas de Córdoba y Sevilla. También ayudaron a don Alfonso XI en la batalla del Salado. En 1475, Martín de Amásorrain fue uno de los caballeros que acudieron en socorro de Fuenterrabía, que estaba asediada por los franceses. En nuestra «Enciclopedia Heráldica y Genealógica», están referidas extensamente las genealogías de las dos ramás principales de Amásorrain, de la casa solar de Artiga. Líneas dimanadas de las dos ramás se extendieron, como ya se ha dicho, por la provincia de Guipúzcoa y crearon nuevas casas en diversos puntos, entre ellos en Hernani. Jerónimo de Villa dice que otra casa principal de este linaje radicó en la villa de Villafranca de Oria, del partido judicial de Tolosa.    

Escudos de Armas del apellido:
En campo de oro, un águila de sable; bordura dentellada, de gules. Otros traen: en campo de plata, un losange de gules, cargado de una torre de oro, con puertas y ventanas de azur, y en los cuatro cantones del escudo, una flor de lis de azur; bordura jaquelada de dos Ordenes, de oro y gules.

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc., "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. El esmalte azul (azur) simboliza la realeza, la serenidad y la hermosura. Los que los lleven en sus armas, están obligados a socorrer a los fieles servidores de sus príncipes que "se hallan sin remuneración por sus servicios". En las piedras preciosas representa al zafiro y en los signos del Zodiaco a que se encuentra sujeto son Tauro y Libra. Su elemento es el aire; su metal, el acero; el día de la semana, el viernes; los meses, abril y septiembre; su árbol, el álamo; la flor, la violeta; su animal, el camaleón y su ave, el pavo real. El azur se llama Júpiter en las armerías reales, zafiro en las de los títulos y azur en la nobleza. El águila se concede en los blasones a los hombres que exceden en valor, generosidad y braveza a los demás hombres. La bordura simboliza protección, favor y recompensa; así mismo la cota que vestían los caballeros para la guerra y que al salir de la pelea, ostentándola manchada de sangre enemiga, eran premiados con el añadido de la bordura de escudo, como insignia de valor. La bordura también se usa para combinar armerías, con la particularidad que las armas situadas en la bordura tienen siempre carácter secundario.