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El origen de este linaje se remonta a tiempos del Rey don Sancho de Navarra. Lope Iñiguez, Ricohombre del citado Monarca y Señor de Llodio, Mendoza y Alaba, casó con doña Teresa Ximénez (hija de Ximeno Iñiguez, Señor de Cameros, y de doña María González de Lara). De esa unión nacieron tres hijos: Iñigo López, Señor de Llodio; Gonzalo López, Señor de Mendoza, y Lope López, Señor de Alava y fundador de la casa de este apellido. Radicó la casa solar de Alaba en el lugar de Gamarra Mayor, del Ayuntamiento y partido judicial de Vitoria, y era una casa torre de piedra con sus saeteras, separada de las demás «como un tiro de piedra », según frase de los vecinos del lugar. De una línea, cuya sucesión directa se remonta hasta el siglo XV, procedieron: Diego de Alava Tenorio y Andrés Arista de Alava Tenorio, los cuales trasladaron su residencia a la villa de Laguna de Cameros (Rioja), donde tuvieron que probar su nobleza, obteniendo sentencia confirmatoria de la Real Chancillería de Valladolid, el 15 de Octubre de 1549. De la misma línea fue Pedro de Alava y Mora, que litigó su nobleza con los lugares de Antezana de la Rivera, Manzanos y Leciñana, ganando también ejecutoria de hidalguía en la misma Chancillería, el 8 de Mayo de 1570. Los sucesores de Pedro Martínez de Alava, Continuo de los Reyes Católicos y fundador en 1555 del mayorazgo con la casa de la calle de la Zapatería, en Vitoria, entroncaron con otras nobles casas que ostentaron los títulos de Duques de Ciudad-Real, Príncipes de Esquilache, Condes de Simari y Mayalde, Ablitas y Crecente, Marqueses de Villalba de los Llanos, Vizcondes de Val-de-Erro y Barones de Ezpeleta. Carlos de Alava fundó en Vitoria, en 1604, el convento de San Antonio, y estuvo casado con doña María Vélez Ladrón de Guevara, Condesa de Tripiana. Otra casa de Alaba radicó en el lugar de Quejana, del Ayuntamiento de Ayala y partido judicial de Amurrio, y de ella fueron Agustín Félix y Ramón de Alava y Allende, vecinos de Potosí y de Buenos Aires, que el 10 de Abril de 1806 ganaron Real provisión de hidalguía en la Chancillería de Valladolid. Pasaron los Alava a Navarra, y en la ciudad de Tudela entroncaron con los Fúnes. En 1561, la Real Audiencia de Pamplona les reconoció como nobles. Otra casa navarra de este apellido hubo en la villa de Losarcos, del partido judicial de Estella, y de ella procedieron: Juan Esteban de Alava, natural de la ciudad de Viana y residente en Lima (Perú), y sus hermanas Josefa y María de Alava; José de Alava y su hijo Simón de Alava; José de Alava y Chasco, y otros, todos los cuales fueron reconocidos como nobles por la Real Audiencia de Pamplona en 1781. También pasaron los de este linaje a Vizcaya y Guipúzcoa. Pedro de Alaba, era vecino de Mondragón en 1415, y Martín de Alaba, su hermano, fundador, en 1492, de la Cofradía de nobles de Nuestra Señora de Aránzazu, en Ofiate. Ignacio María de Alava y Navarrete, nacido en Vitoria en 1750, fue General de la Mar del Sur, Salió de Cádiz con tres navíos y dos fragatas de guerra, el 20 de Noviembre de 1755, y, después de tocar en las Islas Malvinas, dobló el Cabo de Horno y fondeó en Tacalhuano, a los tres meses de viaje. Pasó al Callao, y después a las Islas Marianas y Filipinas. Regresó a España por el Cabo de Buena Esperanza. Fue segundo de Ciravina en el combate de Trafalgar. Murió en 1817, siendo Capitán General de la Armada. Luis de Alava fue Gobernador de Valparaíso, Caballero de Santiago, Intendente de la ciudad de Concepción (Chile) en 1810, y Gobernador de Yucatán en 1809. Al declararse la independencia de Chile, regresó a España en la fragata «Europa». Vasco. De las Barreras, lugar de Gamarra Mayor, jurisdicción de Vitoria, fundada por D. Diego López, ricohome y camarero mayor del Rey D. Sancho VII de Navarra, del que fue noveno nieto D Francés de Álava, XI Señor de la Casa de Álava, embajador en Francia en 1565, caballero de la Orden de Calatrava desde 1543. Los Álava, emparentados con la primera nobleza española, lograron el título de Condes de Ablitas en el reinado de D. Felipe IV (14 de abril de 1652) en la persona de D. Gaspar de Álava Enríquez de Navarra.              

Escudos de Armas del apellido:
En Álava, Guipúzcoa, Navarra, Aragón, Castilla y América: Cuartelado: 1.º y 4.º, de azur, con un creciente de plata, ranversado, y 2.º y 3.º, de oro, con un lobo pasante de sable. Bordura general de gules con ocho sotueres de oro. Algunos ponen los cuarteles primero y cuarto, jaquelados de oro y gules. Otros pintan en la bordura doce y trece sotueres en lugar de ocho. Otros, jaquelan los crecientes, de oro y gules. Argamásilla de la Cerda, da, como propias de algunos Alava, de Navarra, estas otras armas: De azur, con una cruz de oro, surmontada de una estrella del mismo metal. Bordura cosida de azur con ocho sotueres de oro. La Nobleza Executoriada de Navarra las describe así: «El escudo es cuatro cuarteles: en el primero, una media luna con las puntas hacia abajo, con sus dentellones o ráfagas en la parte superior de ella; en el segundo, un león rampante, y en el tercero y cuarto, las mismas duplicadas, y en la orla, doce aspas. Los Alava que entroncaron con los Fúnes, en Tudela: De azur, con la cruz de oro, surmontada de la estrella del mismo metal, y alrededor del escudo, unas crucetas de oro. Otros, también en Navarra: De azur, con un león rampante de oro, coronado de lo mismo y lampasado de gules, con este lema: «Fortitudo mea et laus mea Dominus». Los Alava de Vizcaya: De oro, con un roble de sinople y un lobo de sable, lampasado de gules, pasante al pie del tronco. Otros, también de Vizcaya, según Labayru: De azur, con un castillo de oro y dos lobos de sable andantes a la puerta, como en ademán de entrar. Otros, en Bilbao, según el mismo autor: Cuartelado: 1.º y 4.º, de oro, con una faja de plata, cargada de tres veneras de azur y acompañada, en lo alto, de un lobo de sable, andante, y 2.º y 3.º, de azur, con dos crecientes de plata. Bordura general de gules con ocho sotueres de oro. (Escudo 265.) Otros, según Vilar y Pascual: Cuartelado: 1.º y 4.º, de gules, con una cruz llana de oro, y 2.º y 3.º, de azur, con una estrella, también de oro. Escudo cuartelado: l.º y 4.º, en campo de azur, un creciente de plata, ranversado, y 2.º y 3.º, en campo de oro, un lobo, pasante, de sable. Bordura de gules, con ocho sotueres de oro. Otros, de Navarra, traen en campo de azur, un león rampante, de oro, coronado del mismo metal y lampasado de gules, y este lema: <<Fortitudo mea et laus mea, Dominus ». Otros traen: en campo de azur, una cruz de oro, surmontada de una estrella de ocho puntas del mismo metal; bordura de gules con ocho sotueres de oro; Los Alava-Uribe, de Antequera, traen escudo partido: l.º, en campo de plata, un árbol de sinople, con un oso de sable encadenado al tronco del árbol, y sobre este tronco cinco panelas de gules, y 2.º, cuartelado y con bordura de plata, y, en ella, cinco lobos andantes, de sable: el primero de gules, con cinco panelas de plata; el segundo de plata, con un árbol de sinople y dos lobos de sable, uno sobre el otro, sobre el tronco y vueltos a la izquierda del escudo; el tercero, de sable, con una cruz floreteada, de gules (contra las leyes heráldicas), y el cuarto, de plata, con un árbol de sinople y un oso de sable, encadenado al tronco, y bordura - para este cuartel ? de gules, con ocho aspas de sable.

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. El esmalte azul (azur) simboliza la realeza, la serenidad y la hermosura. Los que los lleven en sus armas, están obligados a socorrer a los fieles servidores de sus príncipes que "se hallan sin remuneración por sus servicios". En las piedras preciosas representa al zafiro y en los signos del Zodiaco a que se encuentra sujeto son Tauro y Libra. Su elemento es el aire; su metal, el acero; el día de la semana, el viernes; los meses, abril y septiembre; su árbol, el álamo; la flor, la violeta; su animal, el camaleón y su ave, el pavo real. El azur se llama Júpiter en las armerías reales, zafiro en las de los títulos y azur en la nobleza. El esmalte sinople es el verde. Su significado es la esperanza, la abundancia y la libertad; cuantos llevan este esmalte en su escudo quedan obligados a socorrer a los labradores en general y a los huérfanos y pobres que se encuentren oprimidos. Su signo zodiacal corresponde a Mercurio; su elemento es la tierra; el día de la semana, el miércoles; su mes, mayo; su metal, el azogue; como planta, el laurel; la flor, la siempreviva y como ave, el papagayo. En los blasones de los príncipes recibe el nombre de Venus; esmeralda, en el de los títulos y sinople en los de la nobleza en general. El ala representa a las alas del águila, simbolizando la libertad, dada sus ansias de volar y surcar los cielos. El sotuer o aspa se trae a las armerías españolas por la batalla de Baeza, ganada contra los moros el día de San Andrés del Año de 1227, que es la forma de la Cruz en que estuvo este Santo Apostol en su martirio. El sotuer o aspa se trae a las armerías españolas por la batalla de Baeza, ganada contra los moros el día de San Andrés del Año de 1227, que es la forma de la Cruz en que estuvo este Santo Apostol en su martirio. La bordura simboliza protección, favor y recompensa; así mismo la cota que vestían los caballeros para la guerra y que al salir de la pelea, ostentándola manchada de sangre enemiga, eran premiados con el añadido de la bordura de escudo, como insignia de valor. La bordura también se usa para combinar armerías, con la particularidad que las armas situadas en la bordura tienen siempre carácter secundario. Los castillos son geroglífico de grandeza, y de elevación, porque ellos exceden en hermosura, en fortaleza, y en magnitud a todos los demás edificios: denota también el asilo, y la salvaguardia. La luna o creciente, en las armerías, se ha tenido por buen agüero, y presagio de grandeza, como se dice del sueño de Milon, hijo de Guillermo, Conde de Borgoña, a quien la noche antes de ser electo Papa, con el nombre de Calixto II, en el año 1119, se le representó en sueños un ángel, que le ponía una luna (creciente) baxo de sus rodillas, advirtiéndole, como sucedió después, que sería el Jefe de la Iglesia Universal. Los hebreos celebran las fiestas que llamaron Neomenías (en recuerdo de su pasado pastoril), y entre los árabes es distintivo de poder y de nobleza. Carlos I instituyó, en la ciudad de Mesina, la Orden Militar del Creciente, y sus caballeros y algunos de sus descendientes cargaron los crecientes en sus armas. La cruz es una pieza honorable, que representa la espada del caballero, dándose en Armería al combatiente que sacaba la espada teñida de sangre de sus enemigos. Del tiempo de las cruzadas quedaron algunas familias con la cruz por armas, para denotar que habían estado en ellas. La cruz floreteada se puso en memoria de la batalla de las Navas de Tolosa, en 1212.