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Cuenta la leyenda que tres hermanos, pertenecientes a una familia goda, fueron guerreros a las Ordenes del Rey D. Pelayo; en una batalla sostenida contra los moros a orillas del río Deva, y como peligrase la vida del Monarca, uno de los tres hermanos cruzó el río a nado logrando salvar al rey, el que, agradecido, le dijo: "Con vuestros servicios, no temo al agua yo". De cuyas dos últimás palabras se formó el apellido Aguayo. Dejando aparte lo que no pueden ser otra cosa que conjeturas, la realidad histórica señala que procede en origen del lugar de su nombre y del de Moñedo, ambos en Cantabria: el primero en Campoo y el segundo en Iguña; se trata, pues, de apellido de ascendencia cántabra. Las noticias más fehacientes nos llevan hasta el siglo XIII: en efecto, por estas fechas, consta que un ricohombre llamado Fernán Aguayo fue uno de los conquistadores de Ubeda y Baeza, donde como premio a su valor entró en el repartimiento de tierras. Su hijo, Diego Fernán de Aguayo, señor de la torre de Aguayo, se distinguió notablemente en la toma de Córdoba y Ecija, siendo el primero en esta última que enarboló el pendón real. Su hijo y descendiente don Gutierre de Aguayo se avecindó en Córdoba donde casó con doña Elvira de Temes, dando lugar a una de las líneas andaluzas de este apellido. En un Memorial de esta casa del siglo XVIII, se dice: "Don Diego Fernán de Aguayo (hijo de Fernán Aguayo, Conquistador de Úbeda y Baeza, cuya ilustre posteridad escribimos). Señor de la Torre y Casa fuerte de Aguayo en el lugar de Molledo, Valle de Iguña, Montañas de Santander, etc. pasó a la conquista de Andalucía..." Es imposible en corto espacio enumerar los caballeros y títulos nobiliarios que descienden de este solar.

Escudos de Armas del apellido:
De plata, tres fajas de azur ondeadas. Bordura de oro con ocho calderas de sable.           

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El esmalte azul (azur) simboliza la realeza, la serenidad y la hermosura. Los que los lleven en sus armas, están obligados a socorrer a los fieles servidores de sus príncipes que "se hallan sin remuneración por sus servicios". En las piedras preciosas representa al zafiro y en los signos del Zodiaco a que se encuentra sujeto son Tauro y Libra. Su elemento es el aire; su metal, el acero; el día de la semana, el viernes; los meses, abril y septiembre; su árbol, el álamo; la flor, la violeta; su animal, el camaleón y su ave, el pavo real. El azur se llama Júpiter en las armerías reales, zafiro en las de los títulos y azur en la nobleza. La bordura simboliza protección, favor y recompensa; así mismo la cota que vestían los caballeros para la guerra y que al salir de la pelea, ostentándola manchada de sangre enemiga, eran premiados con el añadido de la bordura de escudo, como insignia de valor. La bordura también se usa para combinar armerías, con la particularidad que las armas situadas en la bordura tienen siempre carácter secundario. Las calderas, en armería, eran la señal de "Rico hombre" en España, simbolizando la abundancia.