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En el lugar de Piedrafita, parroquia de Santiago de Parada (municipio de Nigrán, en el Valle Miñor) radicó desde muy antiguo una noble familia, cuya hidalguía había probado ante la Real Chancillería de Valladolid, en 1568, Don Baltasar de la Cueva y sus hermanos. Uno de sus sucesores, Don Isidro de la Cueva, casó en la casa de Molanes, con Dª María Rodríguez, que también aparecen entre los ascendientes de los AVILA Y LA CUEVA. Los de estos dos apellidos sin embargo eran oriundos de Jerez de la Frontera, entroncados con los Fernández de Valvieja, de la jurisdicción de la villa de Ayllón, en el obispado de Sigüenza, como vamos a tener ocasión de ver más abajo. En 1790 fue otorgada real provisión de hidalguía, por la Real Chancillería de Valladolid, al escribano tudense Don Juan Antonio Avila y la Cueva, magníficamente conservada en el archivo de la Real Chancillería dicha, sin duda por el cuidado y diligencia de su nieto, Don Francisco José Vicente Avila y la Cueva, el cual, en su monumental Historia Civil y Eclesiástica de la ciudad de Tuy y su Obispado, que se custodia manuscrita en el archivo de la catedral de Tuy, nos dejó un monumento de seriedad y de concienzuda investigación, que honra a su tierra y a su autor; otra figura principal de esta familia de gente de letras fue el llmo. Sr. Don José Avila y Lamás, colegial de Fonseca en 1825, doctoral de la catedral de Santiago, y después obispo de Plasencia y de Orense, donde le sorprendió la muerte. Hubo también en Vigo una familia llamada Da Vila (De Avila, Dávila) de la cual era miembro Don Alonso de Avila, que realizó probanzas de su hidalguía en 1551. Y finalmente hallamos a los Avila y la Cueva, dueños del pazo llamado casa do Casal, en la feligresía de San Estebo de Noalla (municipio de Sangenjo, partido judicial de Cambados), por casamiento con una señora dueña de aquella casa. Rama troncal, de Tuy, Santiago de Parada y de Carragal (Tomiño) D. LUIS FERNANDEZ, el Mayor, natural de Valvieja, jurisdicción de la villa de Ayllón, en el obispado de Sigüenza, casó con Dª Juana Alcalde, natural de Serracín, de la misma jurisdicción y obispado; ambos habían fallecido ya en 1655; tuvo por hijos a otro D. LUIS FERNANDEZ, el Mozo, notario mayor de la Audiencia episcopal de Tuy, el cual verificó una información de limpieza, genealogía y descendencia en Ayllón, en 1655. Dice que "har unos treinta años que yo me casé -1625- en Sevilla, con Dª Catalina de Avila y la Cueva, natural de Jerez de la Frontera". Pasaron a Tuy con el llmo. Sr. D. Fr. Pedro de Herrera, obispo y señor de Tuy, poco después de haber contraído matrimonio; y donde Don Luis figura ejerciendo los honoríficos cargos de merino y alguacil mayor en lo espiritual y temporal, procurador general, regidor, alcalde mayor y justicia mayor de Tuy. Tuvo cinco hijos, dos varones, de los cuales fue clérigo el presbítero y capellán mayor de la Caballería en los Ejércitos del reino. Otro hijo era soltero todavía por 1655, en que ya estaban casadas en Tuy las tres hijas de Don Luis. Hijo, o nieto, de éste debió haber sido el primero que aparece en la mencionada real provisión de hidalguía de 1790 a saber, D. GREGORIO FERNANDEZ DE LA CUEVA, quien casó con Dª María Pereira Lobato y Castro, natural de Santiago de Parada, de la que tuvo por hijos a D. LUIS FERNANDEZ AVILA Y LA CUEVA, bautizado en Santiago de Parada 8- V-1661, quien casó con Dª María Josefa de Cabarcos Sarmiento de Pazo (Parada, 12-I- 1684); fueron vecinos de Santiago de Parada, poseyendo la casa de Piedrafita, a la que hemos aludido; tuvo por hijos a D. FRANCISCO ANTONIO FERNANDEZ AVILA Y LA CUEVA, quien casó con Dª Antonia Rosa de Pazos y Olmedo (según el asiento de bautizados del obispo Avila y Lamás; aunque la real provisión mencionada dice Pardo y Olmedo); fueron vecinos de Sta. Mariña de Dornelas (Porriño) y de San Martín de Tameiga (antigua jurisdicción de Santantuiño, hoy municipio de Mos) y tuvo por hijos a Don Francisco, que se avecindó en Sevilla, y a D. JUAN ANTONIO AVILA Y LA CUEVA, escribano de Tuy, el cual casó dos veces, primero con Dª Rosa Angeles de Neira y Andrade y de segundas nupcias con Dª María Francisca de Lamás, como veremos más adelante. De su primer matrimonio nacieron: 1. D. Juan Francisco Avila y la Cueva, quien falleció en Santiago. 2. D. Bernardo Antonio Avila y la Cueva, quien casó en 1801 con Dª María Isabel Correa Ladrón de Guevara, de la Ramallosa. 3. Dª María Rosa Avila y la Cueva, quien sigue la línea del gran historiador tudense. 4. Dª María del Pilar, quien casó 1º con Don Francisco Rodríguez; y de segundas el 29- IV-1799 con Don José Rodríguez, en la catedral. Dª MARIA ROSA AVILA Y LA CUEVA, casó en 1789 con Don Bartolomé Vicente Estévez, natural de Carregal (Tomiño), el cual también fue escribano de Tuy y tuvo por hijos a 1. D. Francisco José Vicente Avila y la Cueva, quien sigue la línea. 2. D. Bernardo Vicente Avila y la Cueva, nacido el 6-II-1794, el cual casó en 1824 con Dª Teresa Iglesias, de Tuy. D. FRANCISCO JOSE VICENTE AVILA Y LA CUEVA, nacido en 1789, es el historiador probo y concienzudo de la ciudad de Tuy y su obispado, al que debemos el conocimiento de tantas antigüedades y cosas notables del Sur de Galicia. Una copia de parte de sus manuscrito se conserva en el archivo del Museo de Pontevedra, recogida por la diligencia de D. Casto Sampedro y Folgar, y es lástima grande que no se haya acometido la empresa de la publicación de esta obra, donde se corrigen no pocos errores de otras obras de carácter general. Don Juan Fontenla Domínguez escribió una biografía de esta figura interesantísima del Sur de Galicia . D. Juan Antonio casó de segundas en 3-X-1799 con Dª María Francisca de Lamás (viuda de Don Manuel Villar); y tuvo por hijos a D. José Ramón Avila y Lamás, nacido el 12-XI-1803, obispo de Orense, del que hemos hecho mención. Dª María Francisca era natural de Redondela y vecina de Tuy, como D. Ramón Lamás (su hermano), que los casó y era párroco de la catedral de Tuy. Los de San Estebo de Noalla D. ALONSO IGNACIO FERNANDEZ AVILA Y LA CUEVA aparece como vecino de San Estebo de Noalla, y casó con Dª María Barbeito y Rúa, a la que correspondía un oficio de receptor de primer número de los que se componía la Real Audiencia de Galicia; tuvo por hijos a D. ALONSO JACINTO AVILA Y LA CUEVA, que fundó un vínculo y Mayorazgo en la citada feligresía de San Estebo de Noalla y en la colindante de San Pedro de Villalonga; fue vecino de Noalla, y figura en escrituras de años comprendidos entre 1721 y 1763. Debió casar dos veces, pues en 1721 (en un pleito con el Marqués de Montesacro, de la inmediata casa de Cambados) aparece casado con Dª Manuela Paadín Valladares, viuda del capitán D. José de Neira, habiendo sido dicha señora la que le hizo dueño de la Casa do Casal, con oratorio, que se conserva muy bien en dicha feligresía y hoy es propiedad, por compra, del notario D. Pedro Castiñeira. Segunda vez casó con Dª Benita Quiroga Canda; ambos fueron vecinos de la villa de Bueu, y tuvo por hijos a 1. Dª Carmen Cueva y Quiroga. 2. Dª Peregrina Cueva y Quiroga. 3. Dª Filomena Cueva y Quiroga. Los Cueva siguen en aquella feligresía y son dueños de buenas tierras, heredadas de sus mayores. Por 1828 era administrador de este vínculo el gran historiador Don Francisco José Avila y la Cueva.   

Escudos de Armas del apellido:
Las desconocemos. El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.