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La primitiva casa solar de este linaje estuvo en la parroquia de San Martín, del Ayuntamiento de Orozco y partido judicial de Bilbao. Otras casas, dimanadas de ésa, radican en el barrio de Igurria o Iguria, del Ayuntamiento de Elorrio; en la anteiglesia de Ceánuri, del partido de Durango, y en la de Navarniz, del partido de Guernica. Pasó el apellido a Guipúzcoa, creando nueva casa en Elgueta, del partido judicial de Vergara. Francisco Aldecoa probó su hidalguía ante la Justicia ordinaria de Mondragón, en 1790. Otra línea fue a Navarra, estableciéndose en el lugar de Elizondo, del Ayuntamiento de Baztán y partido de Pamplona. Perteneció a la casa de Navarniz Martín Ibáñez de Aldecoa y Lequerica, esposo de doña María Malax de Echevarría, natural de Auléstia (Marquina), y ambos padres de Martín Ibáñez de Aldecoa Lequerica Malax, Comisario Real de Guerra, que contrajo matrimonio con doña María de Urigoitia y Arrotegui, natural de Ereño (Guernica), y procrearon a José de Aldecoa y Lequerica de Urigoitia, natural de Ereño, Comisario Real de guerra y Caballero de la Orden de Santiago, en la que ingresó en 1739. De la casa de Elizondo, que era Palacio de Cabo de Armería, procedió la ilustre familia apellidada Aldecoa y Duate, y de ella fue Francisco de Aldecoa y Duate, Señor del Palacio de Cabo de Armería del lugar de Elizondo y natural del mismo, esposo de doña María de Borda, natural de Maya del Baztán, y ambos padres de Agustín de Aldecoa y Duate, Señor del Palacio de Aldecoa en Elizondo, que en su esposa doña María de Jáuregui, natural de Lecaroz (Ayuntamiento de Baztán), tuvo estos hijos: Miguel Francisco de Aldecoa y Duate de Jáuregui y Clemente de Aldecoa Duate de Jáuregui, natural de Elizondo, Capitán de Granaderos y Caballero de Santiago en 1736. Miguel Francisco de Aldecoa y Duate de Jáuregui, también nació en Elizondo, e ingresó, como su hermano, en la Orden de Santiago, en 1736. Casó con doña Isabel Marín Calderón, natural de Budia (Guadalajara), naciendo de este enlace Agustín de Aldecoa y Calderón, natural de Madrid, Tesorero de la Reina y Caballero de Santiago desde 1752. En unión de su padre figuró entre los caballeros hijosdalgo recibidos en el Estado noble de Madrid, y que entraron en suertes ejerciendo los cargos del Ayuntamiento.               

Escudos de Armas del apellido:
Las de la primitiva casa de la parroquia de San Martín de Orozco: Partido: 1.º, de azur, con una torre de plata, y 2.º, de plata, con tres flores de lis de azur. Estas mismas traen, en Vizcaya, las casas de Igurria, o Iguria, Ceánuri y Navárniz. La casa guipuzcoana de Elgueta: Cuartelado: 1.º, partido; primero, tres bandas y segundo, un león rampante; 2.º, una torre; 3.º, tres panelas puestas en banda, y 4.º, un árbol con un escudete que pende de sus ramas. Una familia apellidada Ibáñez de Aldecoa, radicada en Vizcaya, ostentó: Cuartelado: 1.º, de azur, con dos llaves de plata, puestas en sotuer; 2.º, de gules, con un sol de oro; 3.º, de gules, con un grifo rampante de oro, y 4.º, de azur, con un creciente de plata, ranversado.    

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aún así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. El esmalte azul (azur) simboliza la realeza, la serenidad y la hermosura. Los que los lleven en sus armas, están obligados a socorrer a los fieles servidores de sus príncipes que "se hallan sin remuneración por sus servicios". En las piedras preciosas representa al zafiro y en los signos del Zodiaco a que se encuentra sujeto son Tauro y Libra. Su elemento es el aire; su metal, el acero; el día de la semana, el viernes; los meses, abril y septiembre; su árbol, el álamo; la flor, la violeta; su animal, el camaleón y su ave, el pavo real. El azur se llama Júpiter en las armerías reales, zafiro en las de los títulos y azur en la nobleza. El sotuer o aspa se trae a las armerías españolas por la batalla de Baeza, ganada contra los moros el día de San Andrés del Año de 1227, que es la forma de la Cruz en que estuvo este Santo Apostol en su martirio. La banda significa el tahalí del caballero, y la banda que traían atravesada del hombro diestro al flanco siniestro, y por eso se expresa en esta situación en el escudo, habiéndola puesto por armas muchos de los que fueron a las cruzadas, según el color con que se distinguian las naciones. La luna o creciente, en las armerías, se ha tenido por buen agüero, y presagio de grandeza, como se dice del sueño de Milon, hijo de Guillermo, Conde de Borgoña, a quien la noche antes de ser electo Papa, con el nombre de Calixto II, en el año 1119, se le representó en sueños un ángel, que le ponía una luna (creciente) baxo de sus rodillas, advirtiéndole, como sucedió después, que sería el Jefe de la Iglesia Universal. Los hebreos celebran las fiestas que llamaron Neomenías (en recuerdo de su pasado pastoril), y entre los árabes es distintivo de poder y de nobleza. Carlos I instituyó, en la ciudad de Mesina, la Orden Militar del Creciente, y sus caballeros y algunos de sus descendientes cargaron los crecientes en sus armas. La casa solariega, también llamada solar, casa fuerte, casa palacio, casa torre, casona, casal, etc., es el símbolo de las antiguas libertades de los nobles, caballeros e hidalgos, notoriedad y nobleza.