Procede del linaje Abrí, y, en opinión de varios genealogistas, es el mismo apellido. Este, como aquél, tiene su casa solariega en Mallorca. Arnaldo Abrines acompañó al rey don Jaime I en la conquista de Mallorca. Establecióse después en esta ciudad y quedó favorecido en el repartimiento general de las tierras con doce yugadas de la alquería Escorca, hoy villa del mismo nombre, de las cuales el rey recobró, cuatro y las restantes las cedió Abrines a Martín Suárez. A Bernardo Abrines se le asignó en el mismo repartimiento la alquería Arexaucada, de seis yugadas, en el distrito de la villa de Montueri. Guillermo Abrines también se halló en la conquista, o llegó a Mallorca poco tiempo después. En 1256 ya estaba avecindado en la isla y fue jurado de Palma y del reino por el estamento de ciudadanos. Juan Abrines, en 1343, prestó juramento y homenaje al rey don Pedro, como diputado por la villa de Petra. Pedro Abrines, en 1486, era jurado de la villa de Zelanitx. Juan Abrines, en 1507, era conseller del reino. El doctor don Juan Salvador Abrines fue gran teólogo, canónigo de la catedral de Palma, inquisidor del reino de Mallorca y confesor de la beata Catalina Tomás.
Escudo de Armas del apellido Abrines:
Las armas de los Abrines son exactas a las de los Abrí, con la diferencia de que el árbol arrancado, sin hojas, de su color natural, está en campo de plata en vez de en campo de oro.
Simbología del Escudo de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aún así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño.
